Diego Alejandro Torres, autor en Razón Pública
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La politización de la academia, la desinformación y las intervenciones indebidas del presidente Petro empeñaron la escogencia del nuevo rector de la Universidad Nacional. Estos fueron los hechos.

Diego Alejandro Torres*

Academia politizada

Las tensiones en la designación de rector de la Universidad Nacional (UNAL) no son una novedad. Sin embargo, la última designación pasará a la historia como una de las más controversiales. 

¿Qué cambió? La respuesta es simple “la universidad pasó a ser un actor relevante en la política nacional, en Colombia la política permeó a la academia, pero la academia nunca permeó a la política”.

Se trató de una campaña política tradicional. Tanto los candidatos como una parte de los miembros del Consejo Superior Universitario (CSU) sufrimos ataques y señalamientos personales y profesionales. 

Las teorías de conspiración aseguran que esto fue una artimaña para atacar a uno de los candidatos y favorecer a otros. Sin embargo, las agresiones, las sesiones interrumpidas por asonadas, la renuncia de un miembro suplente y el vandalismo a los bienes de los consejeros es real y ésta documentado. De hecho, expertos en seguridad sugirieron al Consejo tomarse “muy en serio” las amenazas.

Además, los gastos de algunas campañas superaban los limitados ingresos y capacidades de endeudamiento que los candidatos podían proveer, dejando el sinsabor de que los “apoyos electorales” eran proporcionales a las “inversiones”.

De igual forma, los debates entre candidatos sirvieron para restar apoyos más que para conocer las verdaderas propuestas. 

Por último, no se desaprovechó ninguna oportunidad para enlodar a los candidatos y a parte de los miembros del CSU, una práctica corriente en la política tradicional pero desconocida para la humilde rectoría de una universidad. Todos estos eventos causaron una fractura en la academia cuyas consecuencias apenas estamos observando.

En medio de la tensión y la desinformación, el CSU debía designar al nuevo rector. Una gran responsabilidad que implicaba elegir a alguien que tuviera cualidades propias de un líder académico y que fuera capaz de sortear las tensiones. 

Puede Leer: Elección del rector de la Universidad Nacional: ¿Qué intereses políticos hay de por medio?

La consulta

Los resultados de la consulta eran un insumo importante para el CSU, pero no el único. Dichos resultados permitirían la selección de cinco candidatos de acuerdo con un factor de pesos diferentes:

  • profesores con el 60% 
  • alumnos con el 30%
  • egresados con un 10%. 

Este sistema nunca fue cuestionado por los candidatos, lo que contrasta con las manifestaciones de desaprobación posteriores a una variante del mismo método utilizada para la designación final, la cual fue expuesta por Ignacio Mantilla.

La vida, la autonomía universitaria y las instituciones están por encima de una silla en el CSU. Es preferible dejar vacante una posición que pasar a la historia como quien inició la debacle de las instituciones de educación superior. Los gobiernos pasan, la academia sigue.

El resultado de la consulta parece contundente: el candidato que punteaba obtuvo el 34,4%, el segundo un 22,6% y el tercero un 8,4%. Sin embargo, era importante mirar los resultados a la luz del futuro que debe tener no solo la Universidad, sino las regiones. Acá algunos datos:

La UNAL está excesivamente centralizada. Por esto, la sede Bogotá, con alrededor de 1986 docentes, dictamina las políticas académicas y de investigación de sedes como la Amazonia, que tiene alrededor de una docena de profesores. Una queja permanente de las sedes es el excesivo centralismo de la Universidad en la sede Bogotá. 

El cuadro 1 muestra el número de personas habilitadas para votar por estamento en las diferentes sedes de la Universidad.

Votos habilitados por sede y estamento

Profesores Alumnos Egresados
Amazonia 12 267 94
Bogotá 1.986 32.880 111.196
Manizales 264 5.367 19.154
La Paz 46 1.315 0
Medellín 547 12.389 32.646
Orinoquia 9 336 42
Palmira 111 2.837 8.583
Caribe 10 122 75
Tumaco 0 328 0

Fuente: Universidad Nacional de Colombia 

No hay que ignorar que la votación porcentual por sedes también mostró una realidad diferente. Podría decirse que cada sede tenía una preferencia diferente para rector.

El candidato que mayor votación obtuvo entre profesores logró 754 votos, de los cuales 578 correspondían a votos en la sede Bogotá. Es decir, ganar en Bogotá aseguraba tener una mayoría absoluta que dejaba atrás las necesidades de las otras sedes.

Los cinco candidatos seleccionados por la comunidad tenían fortalezas y debilidades. Dos de ellos pertenecían a sedes diferentes a Bogotá. Todos tenían experiencia administrativa y académica, algunos más reciente que otros. Los cinco candidatos llegaban con igualdad de condiciones para su presentación ante el CSU.

Gestiones, entrevistas y desinformaciones 

Cada uno de los miembros del CSU utilizó una metodología diferente para para conocer los programas y visiones de los candidatos. 

Algunos miembros de la comunidad claman por el respeto a la institucionalidad y la defensa de la autonomía universitaria, mientras otros han iniciado una cacería de brujas contra los miembros del CSU, hasta el punto de declarar personas no gratas a los consejeros.

El 17 de marzo los candidatos fueron citados en la ciudad de San Andrés por la ministra de Educación; una clara muestra del interés en conocer a todos los candidatos y de que para entonces no había una predilección.  Pero antes, el 11 de marzo, se había dado la desafortunada intervención del presidente Petro en la sede Bogotá durante el acto realizado de colocar la primera piedra de uno de los nuevos edificios de la facultad de artes, cuando prometió apoyar a quien obtuviera más votos en la consulta, sin tener en cuenta exactamente lo que eso significaba dentro de la UNAL.

La representación profesoral entrevistó a todos los candidatos en diferentes momentos, consciente de que las visiones de los candidatos podían cambiar, un proceso natural al tener debates académicos.

Se realizaron muchas más reuniones con los candidatos y entre miembros del CSU. Esto mostraba que no había una preferencia por un candidato.

El 19 de marzo, el CSU citó a entrevista a los candidatos, proceso normal cuando no existe certeza sobre las preferencias de un cuerpo colegiado respecto de una designación. 

Las entrevistas fueron esenciales para conocer las visiones de los candidatos en temas como los procesos académicos en la institución; la investigación y los retos a nivel nacional e internacional; la disposición a trabajar con el CSU, y la capacidad para enfrentar preguntas difíciles. 

El mismo día, finalizadas las entrevistas, algunos miembros del CSU se reunieron. Este encuentro fue expuesto de manera malintencionada por un medio y suscitó una enorme controversia. La información fue replicada por otros medios y causó un profundo malestar entre la comunidad académica y el público en general. 

Posteriormente, la Representación Profesoral ante el CSU aclaró la situación por medio de un comunicado y los medios más importantes del país, que inicialmente habían replicado esta teoría de conspiración, rectificaron la información.

El día de la elección 

El proceso de designación tomó todo un día de deliberaciones del CSU. El ambiente estaba enrarecido por los hechos previos, por la visita del presidente Petro a la sede Bogotá y por las múltiples amenazas. Yo mismo, como representante profesoral, fui amenazado esa misma mañana.  

Antes de la aprobación de la agenda del día de ese 21 de marzo, los miembros del Consejo se comprometieron de manera unánime a 

  1. Mantener el voto secreto y, en caso de llegar a una decisión final, respetarla en unidad como cuerpo colegiado; 
  2. Concretar la designación de rector ese mismo día sin importar el número de rondas de votación necesarias. 

En efecto, la toma de esta decisión tardó al menos 9 horas. Los anteriores compromisos se hicieron bajo las consideraciones de preservar la integridad física de los miembros del Consejo y fortalecer la autonomía universitaria. Todos los miembros del CSU aceptamos estas reglas.

El CSU también se comprometió a mantener el más alto nivel de confidencialidad durante la sesión y se establecieron reglas con respecto al uso de dispositivos electrónicos. Reglas respetadas a lo largo de la jornada.

Iniciada la agenda se procedió a la discusión sobre la metodología en la cual se discutieron básicamente dos propuestas: 

  • Una de voto único y múltiples rondas hasta llegar a un ganador,  
  • Otra de voto preferencial con múltiples rondas hasta llegar al ganador; sobre esta segunda metodología la ministra planteó la posibilidad de hacerlo de manera ponderada.

Todos los miembros del CSU, en un proceso de co-creación, procedimos a precisar la segunda metodología de voto preferencial. Esta consistió, tal como sugirieron varios miembros, incluida la ministra, en un voto ponderado y se llegó al acuerdo común de tener rondas de eliminación. 

La presidencia del CSU, en cabeza de la ministra, y las consejeras designadas por el gobierno nacional participaron activamente de este proceso. De aquí salió la segunda propuesta metodológica, que denominaré voto secreto y ponderado.

Definidas las dos propuestas se sometieron a votación y el CSU escogió la segunda, el voto secreto y ponderado.

En la primera ronda se descartaron dos candidatos y quedaron tres. En la segunda ronda se descartó un candidato y quedaron dos.

Una de las delegadas del gobierno pidió realizar intervenciones para definir los pro y contras de los candidatos. ¿Para qué se pedían estas intervenciones si las delegadas del gobierno ya tenían un candidato?

Después de surtidas las votaciones secretas, se llegó a la votación final que permitió designar al profesor José Ismael Peña como nuevo rector de la Universidad Nacional de Colombia.

A lo largo de la jornada no hubo ninguna observación ni por parte de la ministra ni de los otros miembros acerca del proceso de designación. Nunca hubo un llamado a identificar irregularidades en el proceso. Se tuvieron las aclaraciones pertinentes a tiempo, y el final de la jornada terminó con la satisfacción de haber cumplido.

Foto: Facebook: Gustavo Petro - En el evento de posesión de la primera piedra del edificio de Artes de la UNAL, el presidente Petro prometió apoyar al candidato con más votos en la consulta.

Puedo asegurar que la gran mayoría de los miembros que asistimos al CSU no sabíamos quién sería el rector de la Universidad. Incluso hicimos el compromiso personal de poner la institución por encima de nuestros prejuicios.

Se ha criticado mucho la decisión de la representación profesoral con respecto a acatar la consulta. Sin embargo, como representación profesoral, respetar la consulta iba mucho más allá de respetar los resultados de Bogotá. Es claro que el sistema favorece una mirada centralista con la cual la representación profesoral no puede estar de acuerdo. 

El ataque del gobierno 

Una vez realizada la designación, el gobierno nacional realizó un ataque sin precedentes a la autonomía e integridad de las instituciones universitarias. El presidente Petro manifestó su descontento con el resultado de la designación y exigió a sus delegados en los Consejos Superiores de las universidades que revelaran públicamente sus votos

El resultado y acatamiento de esa orden puso en riesgo directo a los demás miembros del CSU de la UNAL, inició un ataque sin precedentes contra la autonomía universitaria por parte de actores como partidos políticos, y causó la incertidumbre que se vive en estos momentos en la Universidad.

De las supuestas revelaciones de la ministra y las delegadas del presidente, se podrían desprender dos conclusiones: 

  • Ellas tenían su voto comprometido, por lo cual no era necesarias las discusiones previas con los candidatos ni la entrevista en San Andrés. E decir, si existía una conspiración esta provenía del mismo gobierno, y quedó demostrada con las entrevistas innecesarias.
  • No tenían la más mínima intención de designar un rector para la UNAL y estaban buscando la interinidad que ha afectado a otras instituciones de educación superior en Colombia. Nuevamente   sobraban procesos como las entrevistas.

En cualquiera de los dos casos, es claro que si alguien tenía planeada una conspiración era el mismo gobierno. ¿Por qué lo haría? Un político con experiencia podría afirmar que la intención final era politizar a la UNAL, quebrantar la autonomía universitaria y debilitar sus instituciones. 

Yo quiero creer que simplemente el gobierno no tiene la experiencia suficiente a la hora de participar en cuerpos colegiados de alto nivel.

Reacciones dentro de la universidad

En este momento la UNAL se encuentra en un estado de tensión sin precedentes. La invitación de uno de los candidatos a desconocer del resultado agravó la situación. 

Mientras se escribe este artículo, los otros tres candidatos no designados manifestaron el respeto a la decisión adoptada.

Algunos miembros de la comunidad claman por el respeto a la institucionalidad y la defensa de la autonomía universitaria, mientras otros han iniciado una cacería de brujas contra los miembros del CSU, hasta el punto de declarar personas no gratas a los consejeros.

De esta forma, un placer como es el caminar los campuses de la UNAL se convertirá en un acto de riesgo para la integridad física de los consejeros.

Siempre se ha criticado que el gobierno tiene mucha injerencia en la elección de los rectores en la UNAL. Sin embargo, las dos últimas elecciones de la Universidad han ido contra las simpatías del mismo gobierno. 

Es tanta la injerencia que se han recibido ataques y requerimientos de partidos políticos respecto de la designación. ¿Cuál es el interés de un partido político en la elección de un rector? La función principal de un partido político es lograr el poder, no es el obtener un premio Nobel.

La vida, la autonomía universitaria y las instituciones están por encima de una silla en el CSU. Es preferible dejar vacante una posición que pasar a la historia como quien inició la debacle de las instituciones de educación superior. Los gobiernos pasan, la academia sigue.

Autonomía e instituciones: ¿cómo preservarlas?

Voy a decirlo sin titubeos: es claro que nuestro sistema de designación de los rectores y decanos no es perfecto. Pero ha sido construido por las mismas personas que al parecer hoy se niegan a aceptarlo y que en procesos anteriores apoyaron a la representación profesoral al no votar por quienes obtuvieron la mayoría de las opiniones favorables entre los profesores en la consulta previa.

El mecanismo de designación del rector de la Universidad Nacional, a pesar de sus imperfecciones, siempre ha sido un referente en la defensa de la autonomía universitaria y de su independencia ante la cambiante política de nuestra nación. Esto nos ha preservado como academia y nos ha permitido sobrevivir a tiempos muy oscuros.

Puedo asegurar que la gran mayoría de los miembros que asistimos al CSU no sabíamos quién sería el rector de la Universidad. Incluso hicimos el compromiso personal de poner la institución por encima de nuestros prejuicios. Este compromiso incluyó a la Representación Profesoral.

Es deseable que el gobierno nacional designe delegados y ministros que entiendan el valor de preservar la academia y defender la autonomía universitaria, y que aporten a nuestras instituciones para que estas crezcan en sus áreas misionales, para alcanzar y mantener la excelencia, para insertar a Colombia en la historia de la humanidad.

Hago de nuevo un llamado al presidente, al país en general y a todos los miembros de la academia en particular, para preservar las instituciones y defender la autonomía universitaria. Es importante apoyar a la nueva administración en cabeza del profesor José Ismael Peña y organismos como el Consejo Superior Universitario, porque una academia fortalecida es el mejor aliado que puede tener un gobierno para preservar su legado más allá de los limitados y tempestuosos tiempos políticos.

Lea en Razón Pública: Teoría de Juegos

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Diego Alejandro Torres

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Diego Alejandro Torres

*Profesor asociado, representante Profesor asociado Profesoral ante el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia.

Foto: Corpoguajira

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El gobierno propone una reforma para resolver los problemas del pasado, pero ignora los grandes desafíos del futuro de la educación superior. Estos son los asuntos que una reforma integral tendría que atender.

Diego Alejandro Torres*

El gran vacío

El presidente Petro y su ministra de educación Aurora Vergara han anunciado la presentación de un proyecto de reforma de la Ley 30 de 1992. La idea es tramitar una ley estatutaria que reglamente el derecho a la educación superior y que va a necesitar dos legislaturas y mayorías calificadas.

De los primeros borradores del proyecto, podemos inferir que se trata de resolver los problemas del pasado, pero se ignora el papel de la educación para el mejor futuro de la sociedad.

La calidad es el gran problema que debería abordar una reforma a la educación superior, y dicha calidad debería ir más allá de la acreditación institucional. Pero el proyecto insiste en suponer que basta con un “sistema de aseguramiento de la calidad” —cuya función principal es vigilar— para tener una educación de excelencia.

En Colombia ya existe ese sistema de aseguramiento, pero ha servido de muy poco. Tenemos cerca de 300 instituciones de educación superior, y menos de 90 cuentan con acreditación de alta calidad. Menos de diez de estas 90 figuran en rankings internacionales como el de Shangai. Salvo algunos ejemplos heroicos, la educación universitaria en Colombia es pésima.

Le recomendamos: Expectativas y realidades: la educación superior bajo el gobierno Petro

Las tareas pendientes

Se deben estimular las acreditaciones internacionales de los programas de pregrado y posgrado. El Consejo Nacional de Acreditación debe dejar de funcionar sobre la base de una lista de chequeo, para evaluar a fondo la calidad de cada institución. Necesitamos diseñar programas de acompañamiento de las universidades que busquen acreditación por parte de otras que hayan ido acreditadas.

La calidad es el gran problema que debería abordar una reforma a la educación superior, y dicha calidad debería ir más allá de la acreditación institucional.

También es prioritario mejorar las capacidades en una segunda lengua, inglés por pragmatismo, y una tercera adicional por competitividad. Es importante fortalecer las habilidades esenciales, denominadas habilidades blandas y crear verdaderas actividades de relacionamiento con los egresados. Este es un punto débil en prácticamente todas las universidades de Colombia.

Una universidad no puede pretender presumir su calidad académica sino le da la suficiente importancia a las ciencias básicas. Todas las universidades de primer nivel en el mundo tienen departamentos y facultades dedicadas exclusivamente a las ciencias básicas. En algunas de ellas es incluso obligatorio tomar cursos de matemáticas o física para graduarse.

El riesgo de aumentar la cobertura

Todos los gobiernos han confundido la calidad con la cobertura, y parece que este no es la excepción.

El presidente en campaña prometió ampliar la cobertura en más de 500 mil cupos, y para eso ha tomado algunas buenas decisiones, como la de aumentar la planta de profesores en algunas universidades estatales.

Pero ese esfuerzo debe complementarse con programas de apoyo a las funciones misionales de las universidades, a la infraestructura física, tecnológica y administrativa.

Aumentar la cobertura e ignorar la calidad sería un golpe mortal para un sistema universitario en crisis, donde muchas ofertas de carreras no son atractivas para los estudiantes, debido en parte a la baja calidad y en parte a su poca adaptación con la llegada de la pandemia.

Sería desastroso tener universidades como ejemplos de nuevos “elefantes blancos académicos” en donde se tienen aulas y profesores pero no estudiantes interesados en estudiar. La cobertura debe hacerse pensando en la pertinencia de la oferta académica, sin dejar de lado la calidad.

Otro punto importante en la cobertura es definir el papel del SENA. El denominado Servicio Nacional de Aprendizaje está bajo la coordinación del Ministerio de Trabajo, ofrece educación técnica gratuita y hace parte de la cobertura de educación superior que reportan los gobiernos. La interacción del SENA con el sistema de educación universitaria es muy limitada, una eventual alianza entre estos dos sistemas sería muy provechosa para la productividad y la competitividad en Colombia.

Investigación y transferencia de conocimiento

Las universidades hacen tres cosas fundamentales: educación, investigación y transferencia de conocimiento o extensión universitaria.

La calidad y madurez de una universidad dependen del desarrollo simultáneo  de las tres funciones misionales.

El apoyo a los programas de investigación debe ir más allá que el del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) y del mismo sistema de regalías. El ministerio de CTeI es muy nuevo, con alcances muy limitados. Por otra parte, el sistema general de regalías ha mantenido la lógica de construcción de obras públicas. Es imposible tener grandes proyectos de investigación con el sistema de regalías existente.

Cada ministerio debería tener sus propias líneas de investigación las cuales deberían ser desarrolladas con apoyo de las universidades. Todos los ministerios hablan de innovación, pero cuando se explora lo que hacen al respecto se acaba con un sinsabor y en muchos casos con preocupación.

La investigación debe estar más en línea con lo que sucede en el país y en el mundo. Los proyectos de investigación deben asumir los denominados “costos indirectos” u overhead por el uso de laboratorios y espacios en las universidades. En algunas universidades del mundo esto llega a ser el 55 % del proyecto. En este momento, no hay claridad en dichos costos por lo que son asumidos por las universidades, lo que convierte a la investigación en una carga más que en un incentivo.

Autonomía y gobierno universitario

No se pueden tener procesos de calidad si se ignora lo que ha funcionado en las universidades de alta calidad. Esto comienza por respetar la autonomía universitaria.

La autonomía universitaria significa que las universidades públicas tienen independencia política y administrativa respecto de factores externos como la visión política del gobierno o de las empresas privadas. Esto implica que las universidades deben elegir sus propias autoridades y decidir sus propias reglas y programas de estudio.

El gobierno debe confiar en las capacidades de las universidades para hacerlo. Después de todo el experimento académico de tener centros de formación como las universidades es más antiguo y exitoso que el de las democracias modernas.

Algunas propuestas de gobierno universitario parecen tener un tinte populista en la actualidad y esto debe ser estudiado con sumo cuidado. A modo de ejemplo, una propuesta polémica que se ha planteado por años es que los rectores sean elegidos “democráticamente” por parte de los miembros de la comunidad académica. Esto puede ser un golpe mortal para las universidades ya que convertiría  la meritocracia en populismo.

Hay que tomar decisiones difíciles en el tema de la gobernanza y se debe empezar por el papel y las responsabilidades de las representaciones del gobierno, de los profesores y los estudiantes.

El sistema de incentivos

El Decreto 1279 de 1993 estableció los incentivos para la educación superior. En su momento, fue una buena herramienta para tener profesionales talentosos como docentes universitarios e investigadores en las universidades públicas.

Pero ese decreto también es responsable directo del aislamiento de las universidades públicas. Los incentivos actuales promueven el individualismo académico y desestimulan la colaboración nacional e internacional, ratifican la cultura de “publicar o perecer” en vez de las transferencias de conocimiento, como la divulgación científica o el emprendimiento altamente innovador.

Tal vez la peor falla del sistema es que no existen incentivos verdaderos para ser un buen docente. De hecho, los buenos docentes se sienten avergonzados de serlo por no ser investigadores, así sean investigadores con resultados discutibles.

Se necesita un nuevo grupo de incentivos para los profesores que tengan en cuenta la realidad de nuestra sociedad y la importancia de la excelencia académica. Para ello, se debe limitar el tope máximo salarial que se puede obtener como profesor universitario. En la actualidad hay docentes que tienen salarios muy por encima del presidente y no tienen las mismas responsabilidades ni el mismo reconocimiento.

El financiamiento

Las universidades han tratado de aumentar sus ingresos a través de matrículas y programas como estampillas regionales. Pero tienen un alcance muy limitado en temas como tiempos, usos de los recursos y alcances locales, nacionales e internacionales de los planes de desarrollo.

Foto: Facebook: Sena comunica - Una mayor interacción y posible alianza entre el SENA y la educación universitaria ayudaría a mejorar la productividad y competitividad del país.

Los incentivos actuales promueven el individualismo académico y desestimulan la colaboración nacional e internacional, ratifican la cultura de “publicar o perecer” en vez de las transferencias de conocimiento, como la divulgación científica o el emprendimiento altamente innovador.

El uso del Índice de Costos de la Educación Superior (ICES) del DANE para definir el presupuesto anual de las universidades es un paso en la dirección correcta. Pero será insuficiente por el enorme déficit de las universidades públicas, el cual se estima superior a los 15 billones de pesos, y a los costos propios de actividades de investigación y planes de mejoramiento.

Debe financiarse la oferta de los programas de educación superior y no la demanda de los mismos por parte de los usuarios del sistema. El terrible error del programa “Ser pilo paga” no se debe repetir. El tema de los costos indirectos en los proyectos de investigación debe ser incluido por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, como ya se mencionó. Las universidades deben dejar de asumir esos costos.

Una reforma con miras a futuro

El gobierno tiene un gran reto enfrente si desea cambiar la ley que regula la educación superior.

Se esperaría que una nueva ley corrigiera errores del pasado. Al mismo tiempo, debe decir claramente qué país queremos para nuestras futuras generaciones. Si esa es la meta, debemos empezar con una reforma que corrija los males bien conocidos del presente mientras se mira hacia el futuro.

Una reforma debe tratar temas tan complicados como el del financiamiento, sin perder de vista que hay temas urgentes que no dan espera como la formación en valores de calidad y excelencia académica en las universidades. Al mismo tiempo, tiene que reconocer que somos una sociedad diversa que integra a comunidades y saberes propios dentro de su identidad.

La reforma propuesta da prioridad a corregir los errores del pasado, pero olvida que la función de la educación es preparar a la sociedad para el futuro. No existe ninguna mención de los retos que el país y el mundo enfrentan. Si la reforma no mira al futuro con calidad y excelencia, nunca se tendrá una educación superior que sea el pilar del progreso y base de la identidad nacional.

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Lea en Razón Pública: Matrícula Cero: qué va a pasar con la educación superior

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Diego Alejandro Torres

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Diego Alejandro Torres

*Profesor asociado, representante Profesor asociado Profesoral ante el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia.

Foto: Pxhere

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La fusión nuclear, que proporciona energía al sol, podría ser la salida a la crisis ambiental que enfrenta la humanidad. Así funciona esta fuente de energía y éstas son sus perspectivas.

Diego Alejandro Torres*

El sol que conocemos

Si el sol una gran hoguera ¿debería producir humo? La respuesta a esta pregunta abrió la puerta a la búsqueda de una de las fuentes de energía más poderosas del universo, y lograr su dominio tendrá profundas implicaciones en nuestro mundo.

El sol no produce humo porque su luz y su calor resultan de un mecanismo conocido como fusión nuclear.

El sol es el origen de toda la energía que se usa en la tierra, desde los combustibles fósiles producidos por la descomposición de animales y plantas hace millones de años, el viento y hasta la existencia de materiales como el Uranio, usado en reactores nucleares. Por eso, entender los mecanismos por los cuales el sol produce luz, calor y vida en la tierra, es vital para la humanidad.

De la fisión a la fusión nuclear

En la década de 1930, antes de la segunda guerra mundial, el físico Hans Bethe encontró que las estrellas, entre ellas nuestro sol, logran hacer que en su interior se unan (fusionen) dos tipos de núcleos atómicos de hidrógeno denominados Deuterio y Tritio. El primero está compuesto por dos partículas, un protón y un neutrón, y el segundo por tres partículas, un protón y dos neutrones. De allí sus respectivos nombres.

Al unir los dos núcleos se obtiene un núcleo más pesado denominado helio, además de un neutrón y energía, mucha energía. Esta energía producida es la más poderosa de todas las fuentes conocidas por el hombre hasta el momento, incluyendo la misma fisión (división) de núcleos de Uranio que se usa en los reactores nucleares actuales.

¿De dónde viene esa formidable fuente de energía? La suma de las masas del deuterio y el tritio es menor que la suma de las masas del helio y el neutrón resultantes. Esa diferencia de masa se convierte en energía gracias a la fórmula más famosa del mundo, Energía=Masa X (Velocidad de la Luz)2, descubierta por Albert Einstein.

La cantidad de energía producida por la fusión nuclear es enorme. La fusión puede producir hasta cuatro millones de veces más energía por kilogramo que la quema de carbón y combustibles fósiles, y produce cuatro veces más energía por kilogramo que la energía de fisión nuclear obtenida actualmente en reactores de Uranio y Plutonio.

Foto: Commons wikimedia - Colombia debe involucrarse activamente en el desarrollo de fuentes alternativas de energía incentivado la investigación en ciencias básicas, participando en proyectos internacionales como ITER e iniciando un programa que permita tener reactores nucleares actuales.

Lea en Razón Pública: Qué significa la transición energética en un país periférico

En 1952 se hizo la primera explosión de un artefacto que usaba la energía de fisión nuclear: la bomba de hidrógeno o bomba termonuclear. Pero aún había un largo camino entre crear una bomba y obtener un mecanismo controlado y sostenible de fusión nuclear que generara calor para crear vapor de agua que movería turbinas generadoras de electricidad.

De la misma manera que hay un enorme camino entre quemar petróleo fabricar un motor de combustión interna eficiente de gasolina.

Un gran avance

El gran problema es que la temperatura del proceso es tan alta, mayor que en el centro del sol, y la reacción tan violenta que nunca se había logrado tener una “ignición de fusión controlada” y, por tanto, transmitir más energía de la que se inyectaba al sistema.

La ignición controlada fue un gran logro del Laboratorio Nacional de Livermore en Estados Unidos el 5 diciembre de 2022, y anunciada al mundo en diciembre 13 del mismo año. Con esto se abre la puerta al uso de una fuente de energía más limpia y con amplias ventajas sobre las fuentes actuales de energía.

La tecnología desarrollada en este laboratorio hace uso de 192 rayos láser de alta potencia que apuntan a una cápsula que contiene el Deuterio y el Tritio. La interacción del láser con la cápsula produce rayos-X que hacen que la misma “implosione” e induzca la fusión del Deuterio y el Tritio, produciendo una enorme cantidad de calor.

La reacción permitió obtener más energía que la utilizada en los lasers, y se sospecha como una de las tecnologías más abundantes, limpias y seguras para la humanidad.

Ventajas de la energía nuclear

Desde el punto de vista de la seguridad ante factores como la polución del aire, accidentes y emisión de gases de efecto invernadero, la producción de energía por tecnologías nucleares tiene los indicadores más seguros de todas las tecnologías existentes.

La cantidad de muertes que se pueden atribuir a la producción de energía nuclear es 99,7% más baja que la quema de carbón o petróleo, y 97,6% menor que las muertes producidas por gas.

En perspectiva, si suponemos que, en una pequeña ciudad en Colombia de 150,000 personas se consume un teravatio-hora de energía eléctrica en un año y que dicha energía fuera enteramente producida por quema de carbón, se esperarían 25 personas muertas prematuramente por año.

Si la electricidad fuera producida por petróleo tendríamos 18 muertes prematuras al año, por gas se tendrían 3 muertes prematuras, por hidroeléctricas una muerte, por eólica (turbinas movidas por el viento) nadie moriría en un año y tendríamos que esperar 25 años para que una persona falleciera por esta causa. Sin embargo, por energía nuclear tendríamos que esperar alrededor de 33 años para que en promedio una persona muriera.

Los desastres nucleares reciben mucha atención porque los niveles de seguridad son más altos que los de la aviación, y de la misma forma que cada vez que ocurre un accidente de avión, el mundo entero lo sabe. Algo similar ocurre con los accidentes nucleares.

Sin embargo, apenas 30 personas murieron durante el accidente de la planta de Chernobyl, y posteriormente 28 de 134 trabajadores murieron al ser expuestos durante las labores de contención y manejo del desastre. En el accidente de Fukushima en Japón nadie murió por causas directas atribuibles al desastre.

La baja producción de gases de efecto invernadero y la baja huella de carbono, junto con el nivel de seguimiento y manejo de los residuos, hacen de las tecnologías de producción de energía nuclear una de las que más ayuda a combatir los efectos del cambio climático.

Le recomendamos: ¿Qué hacemos con la hiperinflación de las tarifas de energía?

Largo camino por delante

Sin embargo, la producción de energía por fisión nuclear aún tiene un largo camino a recorrer para llegar a nuestros hogares. Considero que un primer reactor de prueba estará listo en unos diez o quince años.

Colombia debe participar activamente de este tipo de desarrollos en varios frentes. El primero es iniciar un programa que permita tener reactores nucleares actuales, de fisión de Uranio, en ciertas partes del territorio nacional. Incentivar la investigación en ciencias básicas y aplicadas en las universidades en temas asociados con tecnologías como el láser, ciencias nucleares, mecánica cuántica y materiales.

La participación en proyectos internacionales como ITER (liderado Francia para producir un reactor de fusión nuclear) debería ser considerada por el gobierno, y el tema nuclear debe tomarse muy en serio el tener fuentes alternativas de energía, ya que el mejor indicador de progreso de una sociedad es precisamente el consumo y manejo de su energía.

En pocos años la ciencia y la tecnología van a colocar a nuestra disposición la energía del sol para el progreso de la humanidad. Como país no podemos jugar un papel pasivo en estos desarrollos, y menos cuando se tiene una comunidad científica y tecnológica que se ha construido a lo largo de varias décadas, que se encuentra fuera y dentro del país, y que tiene las capacidades técnicas para participar de forma relevante en estos importantes desarrollos para la humanidad.

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Diego Alejandro Torres

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Diego Alejandro Torres

*Profesor asociado, representante Profesor asociado Profesoral ante el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia.

Foto: MinCiencias

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Colombia puede vivir el cambio más importante de su historia. Qué debe hacer el gobierno electo para evitar la decepción usual en materia de ciencia, tecnología e innovación.

Diego A. Torres*

Retos en ciencia y tecnología

El gobierno entrante necesita aumentar la inversión en ciencias básicas y mejorar la concertación entre el sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) y los demás ministerios.

La influencia de la ciencia y la tecnología en el mundo es innegable. Basta pensar en las vacunas contra la Covid-19, en el internet, en la energía nuclear o en la conquista del espacio. Por eso el presidente Biden presentó de manera adelantada la mejor fotografía del espacio obtenida con el telescopio James Webb. Así le dijo al mundo: “tenemos la supremacía e independencia tecnológica que nos mantendrá como potencia durante mucho tiempo”.

El gobierno colombiano debe apoyar la investigación aplicada y la transferencia efectiva del saber si pretende construir una sociedad del conocimiento, donde el progreso y el bienestar vayan unidos al orgullo de crear nuevo conocimiento para el mundo. Así lograría avances inéditos en temas como la salud, la energía, la defensa, el desarrollo económico y las comunicaciones.

El reto es enorme. Los distintos ministerios tendrán que trabajar de forma sincrónica bajo la dirección del naciente Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para crear un sistema funcional que apoye la investigación en el país.

La situación es difícil porque el Ministerio de Ciencia tiene el presupuesto más bajo del gobierno: es 120 veces menor que el del Ministerio de la Educación, aunque es mayor de lo que se acostumbra.

Inversión nacional

Necesitamos aumentar el porcentaje del PIB en actividades de ciencia, tecnología e innovación, de menos de un 0,3 % a más del 2 %. Para esto haría falta una combinación de inversión pública y privada a corto y mediano plazo. La inversiones que realice el gobierno a corto plazo deberán atraer el capital privado a mediano plazo.

Para eso se necesitan lineamientos claros:

  • El financiamiento de las ciencias básicas debe provenir del presupuesto nacional.
  • Las exenciones tributarias deben mantenerse y expandirse, pero hay que asegurar que lleguen a las pymes y mipymes en vez de a las grandes empresas, las cuales podrían innovar sin dichas exenciones.
  • Las empresas basadas en el conocimiento deben poder financiarse con fondos de brecha y capital semilla si son el resultado de investigaciones dentro de universidades y centros de investigación, y atraen la inversión privada.
  • También debe crearse un sistema de inversiones desde diferentes frentes que articule las iniciativas dispersas.

Este gobierno tuvo la primera convocatoria del Sistema General de Regalías (SGR) que pretendía apoyar la investigación de frontera en temas como la mecánica cuántica.

Pero esta es una iniciativa del Ministerio de Ciencias que bien podría cambiar en el siguiente gobierno y que usa el complicado mecanismo de aplicación de proyectos del Sistema General de Regalías (SGR). Conviene recordar que existe una enorme disparidad entre la lógica de los proyectos de ciencias básicas y la lógica de la planeación nacional en los proyectos del SGR.

Financiar la investigación básica es una responsabilidad del Estado. Este es un tema estratégico y ninguna región tendrá el impulso a la investigación en, por ejemplo, computación cuántica, como prioridad en sus planes de desarrollo.

La Ciencia, tecnología en colombia
Foto: Facebook: MinCiencias - La transferencia del conocimiento y la apropiación social de la ciencia juegan un papel clave.

Puede leer: La nueva política de ciencia e innovación nos mantiene en el pasado

Articulación del sistema

La articulación del sistema de CTeI es un gran reto en cualquier país. El gobierno, la comunidad científica y los partidos políticos deben entender que la ciencia y la tecnología son actividades y herramientas transversales para la administración pública y la sociedad.

La transferencia del conocimiento y la apropiación social de la ciencia juegan un papel clave. Pero debe adoptarse una visión pragmática que permita solucionar los problemas del país: la seguridad alimentaria, la salud, la independencia energética y tecnológica, el crecimiento económico y la defensa, entre otros.

Así pues, el gobierno debe redefinir y enfocar el papel de la tercera función misional universitaria para crear verdaderos lazos con el sector privado y la sociedad, y para reforzar la innovación y el emprendimiento basados en el conocimiento.

Además se necesitan leyes que incentiven la creación de empresas privadas como resultado de los procesos de investigación (spin-off) dentro de las universidades públicas.

También debe revisarse el sistema de incentivos a la investigación en universidades públicas para que responda a las necesidades de la nación y el contexto internacional, un tema aplazado por los gobiernos. Esta tarea será liderada por el Ministerio de Educación y el Ministerio de Ciencias.

De igual forma convendría revisar el papel del Invima para apoyar la investigación en el sector salud y el de la DIAN en los temas de importación de materias primas y tributación, pues tiene serios problemas de modernización y corrupción en ciertos sectores.

Por otra parte, la Cancillería y el Ministerio de Ciencias deberán ayudar a localizar recursos internacionales y aprovechar la diáspora internacional mediante un programa de diplomacia científica, que acompañe las diferentes misiones internacionales de presidencia, las cuales se convirtieron en verdaderos paseos sin resultados.

También hay que definir el papel del sistema nacional de competitividad en el desarrollo de las capacidades regionales. Dicho sistema parece estar por encima del sistema de ciencia, tecnología e innovación. Esto debe cambiar pues la competitividad es apenas un indicador entre muchos, mientras que la CTeI es un verdadero sistema de creación de conocimiento y de soluciones para la sociedad.

El SENA merece un capítulo aparte. Es una entidad con una gran capacidad, pero con serios problemas de manejo de recursos y de articulación con el sistema de ciencias, tecnología e innovación.

Finalmente, aunque el Ministerio de Defensa tiene resultados muy interesantes dentro de la fuerza aérea y la policía, la sociedad no los conoce ni se beneficia de ellos y la desarticulación existente hace que se pierdan oportunidades únicas.

La articulación del sistema de CTeI y la sociedad es un reto tan grande que demandará la intervención directa y permanente de la presidencia. Algo que históricamente no ha pasado. El próximo ministro de Ciencias deberá aceptar las tensiones con la propia comunidad científica y tomar decisiones que esta no aprobará.

Sin un plan claro que reconozca los programas que deben seguir y los nuevos retos que deben afrontarse, se corre el riesgo de fracasar nuevamente en el proyecto más importante del país después de la paz: construir una sociedad basada en el conocimiento que traiga bienestar para todos sus ciudadanos y que haga de la ciencia un motivo de orgullo para el país.

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Diego Alejandro Torres

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Diego Alejandro Torres

*Profesor asociado, representante Profesor asociado Profesoral ante el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia.

Foto: Radio Nacional de Colombia - Ministro de Ciencias involucrado en plagio

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El nombramiento de Tito Crissien como ministro de Ciencia y Tecnología es otra prueba de que la clase política no reconoce la importancia del progreso científico.

*Diego A. Torres

Maltrato de Vieja Data

Le pido a la lectora o el lector que imagíne un futuro en el cual el hidrógeno del agua es el combustible de uso corriente para proveer de energía al mundo, reemplazando totalmente el petróleo. Un mundo en el que la computación cuántica le da un equipo de cómputo que nunca tendrá que volver a renovar. En donde robots microscópicos que usted ingiere en un café monitorean posibles rastros de enfermedades como el cáncer, le dan una alerta, un tratamiento inicial y se comunican con su doctor. Una sociedad con acceso global a internet con una velocidad de un gigabyte por segundo. Ciudades en donde disfrutamos de transporte instantáneo por medio de teleportación cuántica, y los trámites burocráticos como declaraciones de renta los hacen por usted módulos de inteligencia artificial.

Este mundo, que puede sonar imposible, es un futuro por el cual grandes colaboraciones científicas alrededor del globo están trabajando, pero es un futuro al cual los colombianos estamos condenados a nunca poder disfrutar debido a la forma como el gobierno ha maltratado a la comunidad científica a lo largo de varias décadas en nuestro país.

La razón y origen mismo de este maltrato es simple, nuestra clase política no ha entendido la extrema importancia para la comunidad científica de valores como la excelencia académica, la reputación científica, el reconocimiento internacional y el respeto al método científico; además de el rechazo sin excepción a prácticas despreciables como el plagio, la falsificación de datos, la manipulación de resultados, el conflicto de intereses, la duplicación de resultados, la manipulación de autores y títulos, entre otros.

Mientras para nuestra clase política estos valores son un obstáculo menor al cual no vale la pena el prestar la más mínima atención, para la comunidad académica estos son los valores que cimientan el ascenso mismo del hombre desde ser un simple primate que caminaba en la estepa africana, a ser el único animal sobre la tierra capaz de conquistar el sistema solar.

El Plagio y la Mentira no le Importan a Nuestra Clase Política

Y es que mientras el más mínimo indicio de plagio y el mentir sobre títulos académicos han costado y seguirán costando las carreras de políticos y mandatarios europeos, en Colombia esos “detalles” parecieran no ser importantes para la clase política. Solo basta recordar al ex-alcalde, y ahora candidato a la presidencia, Enrique Peñalosa y sus títulos de maestría y de doctorado, los títulos de “especialización” de Harvard del actual presidente, o el más reciente escándalo del designado ministro de CTeI, el administrador de empresas Tito Crissien, relacionado con su participación en artículos científicos lejanos a su área de experticia, y hasta la retractación de artículos por posibles plagios.

Es un futuro al cual los colombianos estamos condenados a nunca poder disfrutar debido a la forma como el gobierno ha maltratado a la comunidad científica

Tito Crissien se defiende diciendo que fue incluido sin su consentimiento debido a que su reputación académica aseguraba la publicación de los trabajos. Una explicación inverosímil para cualquier persona que tenga relación con el mundo académico.

En nuestra clase política y en nuestro gobierno estos son simples “malentendidos o confusiones menores”, pero son pecados imperdonables para una comunidad científica madura y consolidada, con gran relacionamiento internacional, relacionamiento que llega incluso a la misma clase política y empresarial de países estratégicos para el gobierno colombiano. El gobierno ha desperdiciado una gran oportunidad con el enorme relacionamiento internacional que tiene la comunidad científica, aunque al parecer la política exterior tampoco ha sido la prioridad de este gobierno.

Foto: Gobernación de Boyacá - Nuestra clase política no entiende el valor de la ciencia, la menosprecia y la utiliza para acomodar sus favores

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Maltratos y Decisiones Desastrosas

Esas decisiones han tenido resultados desastrosos, como el recorte del presupuesto de Colciencias y la reasignación a construir vías terciarias de 1,3 billones de pesos originalmente destinados a financiar proyectos de Ciencia, Tecnología e Innovación bajo el gobierno Santos.

De esa época nos quedaron frases célebres como “los científicos colombianos no saben escribir proyectos de investigación” de la entonces directora de Colciencias Yaneth Giha, y “en Colombia los científicos pueden hacer mucho con poco dinero” del ministro de hacienda Mauricio Cárdenas. Las desastrosas decisiones del gobierno Santos despertaron el descontento de la comunidad científica que Moisés Wasserman resumió en una frase: “lo que debería ser manejado por científicos terminó manejado por políticos”.

De la Euforia a la Decepción

En un principio, dos hechos dieron luces de esperanza: la elevación del Departamento Administrativo Colciencias a la categoría de Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y la conformación de la Misión Internacional de Sabios de 2019. En ambos casos, el gobierno nombró académicos de primer nivel que contaban, además, con experiencia administrativa (por ejemplo, los profesores Diego Hernández y Sonia Monroy).

La Misión de Sabios logró unir a prestigiosos expertos con la Vicepresidencia de la República, el Ministerio de Educación, Colciencias, ICETEX y 10 universidades que respaldaron el proceso de las 8 comisiones conformadas por 46 expertos, entre quienes figuraba un premio Nobel.

El nivel académico y científico de la Misión era tan alto, que las universidades abrieron semilleros académicos y nombraron profesores y alumnos destacados como secretarios técnicos y relatores para apoyar el proceso.

Tito Crissien se defiende diciendo que fue incluido sin su consentimiento. Una explicación inverosímil para cualquier persona que tenga relación con el mundo académico

Pero de la euforia pasamos con rapidez al escepticismo y del escepticismo a la decepción, pues la figura del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación trajo consigo más politización y repartición burocrática. Nuevamente, los valores científicos fueron pisoteados por políticos irresponsables.

De esta forma nos encontramos de nuevo en la misma situación en la que hemos estado desde hace décadas. Con la diferencia de que esta nueva crisis llega en el peor estallido social en décadas en Colombia, y dada la obsesión de nuestra clase dirigente por repetir los errores del pasado, errores que juraron nunca cometer, tendremos un ministro que tomará posesión, y con ello la ruptura entre la comunidad científica y el gobierno estará formalizada de nuevo.

Sin embargo, esta ruptura rutinaria entre el gobierno y la comunidad científica, cada vez se convierte en una roca que va a impedir que los gobiernos sean tomados en serio a nivel internacional, algo de lo cual el gobierno nunca se ha percatado. La comunidad científica colombiana es respetada internacionalmente, gracias a una diáspora de alto nivel académico y a una comunidad local con grandes conexiones y colaboraciones internacionales. Esto nunca ha sido ni medido ni aprovechado por el gobierno nacional. En nuestra sociedad globalizada, el desprecio y burla hacia una comunidad científica trae como inevitable consecuencia la mirada recelosa y el desprecio oculto de supuestos aliados internacionales, que sí que saben el valor de la Ciencia y la Tecnología para el futuro y bienestar de una sociedad.

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Algunas Alternativas

Aunque está claro que no podemos esperar mucho del actual gobierno, debemos encontrar alternativas para que la ciencia tenga un lugar relevante en Colombia.

El primer paso es exigirles a los candidatos que aspiran a la presidencia, al Senado y a la Cámara que reconozcan la importancia de la ciencia para el progreso económico y social del país. Debemos exigir que haya científicos entre los asesores del gobierno y que se pongan en práctica las recomendaciones de la Misión de Sabios.

También importa que la comunidad científica actúe como un cuerpo coherente, salga de la comodidad de los laboratorios y le muestre a la sociedad la importancia de su labor. Para lograr este objetivo se necesitan estrategias de divulgación que acerquen el saber y la naturaleza del quehacer científico a las y los ciudadanos de Colombia, que los llenen de emoción y orgullo.

Es hora de que tengamos ciudadanos que entiendan, valoren y promuevan los valores de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación basada en conocimiento en el poder ejecutivo y en el legislativo, pues solo así será posible que el gobierno reconozca la importancia de la ciencia. Necesitamos llevar la ciencia a la política, y evitar llevar las malas prácticas politicas a los organismos e instituciones encargadas de la CTeI.

La comunidad científica debe también buscar cada vez una mayor empatía con la ciudadanía. Dentro de sus avanzados estudios y resultados, ocultos a la vista de todos, están tanto las soluciones pragmáticas basadas en evidencia, como las respuestas sin utilidad a preguntas emocionantes que los colombianos necesitan y buscan con desesperación y curiosidad vibrante. Necesitamos que la ciencia nos ayude a construir un mundo que vaya más allá de las pasiones e intereses de unos cuantos, pues de otro modo no será posible forjar un país con oportunidades para todos.

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Diego Alejandro Torres

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Diego Alejandro Torres

*Profesor asociado, representante Profesor asociado Profesoral ante el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Colombia.

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