
De Atenas a Washington en tres olas – Parte 1
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El próximo martes 5 de noviembre se realizarán la elecciones presidenciales en EE.UU y se conocerá el ganador entre Kamala Harris por el Partido Demócrata y Donald Trump por el Partido Republicano. Pero que nos dicen estas elecciones sobre el estado de la democracia en el mundo actual. Primero vamos con un poco de historia de la democracia.
Si entendemos la democracia como un sistema político en el que una parte significativa de una comunidad, toma sus decisiones de carácter colectivo más importantes, no mediante la imposición de una persona, líder o minoría, sino mediante algún consejo o asamblea, en la que una parte significativa de la comunidad o sus representantes participan y deliberan, la democracia es un invento viejísimo. A través de la historia en muchas sociedades tribales y aldeas, las decisiones mas importantes no eran impuestas por caciques o jefes tribales, sino que eran tomadas en asambleas o consejos de ancianos, donde los cabezas de linajes participaban.
En ese sentido, la democracia no es un invento europeo ni mucho menos occidental. Como bien señala Robert Dahl, así como el fuego, la escritura o la pintura, la democracia fue inventada más de una vez en muchas partes y momentos distintos. Por nuestra educación eurocéntrica es un lugar común creer que se la inventaron los atenienses del siglo V a. C., pero a estos les debemos es el nombre, pues así fue como bautizaron a la forma de gobierno que diseñaron durante ese siglo.
Paralelamente a la democracia ateniense aparecieron lo que Ronald Inglehart y Christian Welzel llaman protodemocracias o lo que David Stasavage llama democracias tempranas, en ciudades-estado sumerias, Asía Central y el norte de la India en el siglo V a. C. Mientras la democracia ateniense no demoraría más de un siglo cuando colapsó y la Roma republicana también caería ante el surgimiento del Imperio Romano, prácticas democráticas perduraron entre los siglos VI a. C. y III d. C. en los concilios budistas celebrados en las regiones indias de Rajgir, Cachemira y Patna.
Incluso si dividimos la historia con los cánones europeos, en la Edad Media también evolucionaron prácticas democráticas. Los pueblos vikingos establecieron asambleas representativas en Escandinavia e Islandia entre los siglos V y X d.C, y ciudades-estado en Italia, Países Bajos y Flandes diseñaron consejos locales entre los siglos XIII y XVI d. C. Igual lo hicieron aisladas comunidades campesinas en la región de los Grisones en los Alpes suizos. En la Norteamérica precolombina el pueblo nativo de los Hurón tenía consejos locales dónde incluso participaban las mujeres y en Mesoamérica el conquistador Hernán Cortes se impresionó con los sistemas políticos encontrados en comunidades como Tlaxcala, comparándolas con los que existían en Venecia o Génova. Así mismo, muchas más comunidades como éstas se han documentado a lo largo de la historia.
Pero estas protodemocracias o democracias tempranas aunque eran de avanzada para sus épocas, tenían tres características que las distinguían de las democracias modernas. Las protodemocracias eran principalmente directas, locales y muy excluyentes. Aunque diseñaron instituciones representativas, lo que primaba eran mecanismos de participación directa para los implicados. En parte esto era posible por el alcance más local que tenían, pues eran instituciones diseñadas para el tamaño de una aldea, una tribu o máximo una ciudad-estado. Y finalmente, eran sumamente excluyentes para los estándares actuales, puesto que si bien sus diseños y mecanismo no concentraban el poder en un rey, cacique o jefe tribal, los que podían participar eran por lo general los hombres, que tuviesen tierras, ganado o algún tipo de riqueza, excluyendo a extranjeros, esclavos y mujeres.
En la modernidad y luego de las revoluciones burguesas en Inglaterra, EE.UU y Francia es que surge la democracia moderna o representativa, iniciando después de ellas lo que Samuel Huntington llamó la primera ola de democratización, aunque habría que precisar y decir mejor de democratización “moderna”. La democracia moderna diseñó instituciones representativas precisamente para abarcar territorios más extensos que los de una aldea o ciudad estado, estamos hablando de los territorios de los modernos Estados-nación. Pero esta democracia moderna en sus orígenes siguió siendo muy excluyente, pues los derechos políticos inicialmente estaban restringidos solo para los hombres blancos, con cierto nivel de renta y educación. Precisamente la ampliación del sufragio hasta convertirlo en verdaderamente universal fue uno de los motores que fue ampliando poco a poco la democracia haciéndola cada vez más incluyente.
En actualidad no hay un consenso entre politólogos e internacionalistas si estamos en la tercera ola de democratización todavía iniciada en la década de los 70s, o ya estamos entrando en una contra ola democratizadora, una ola de desdemocratización, o, lo que han llamado algunos académicos, una tercera ola de autocratización. Qué ha pasado en las últimas décadas con el estado de la democracia en el mundo y cómo el resultado de las elecciones norteamericanas puede influir en este, esto lo abordaremos en nuestra siguiente columna, en donde, también ya sabremos si ganó Kamala o Trump.
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
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