Ataques con ácido: ¿a qué nos estamos enfrentando? - Razón Pública
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Ataques con ácido: ¿a qué nos estamos enfrentando?

Escrito por María Victoria Uribe
María Victoria Uribe

María Victoria Uribe

Mientras los medios registran más incidentes, también apremian las preguntas: ¿estamos ante crímenes de género o formas de tortura?, ¿la solución pasa por educar  o por endurecer las penas?, ¿es este un fenómeno nuevo o con historia en el país?

María Victoria Uribe*

¿Tortura o violencia de género?

Para el derecho internacional la tortura es gravísima cuando es llevada a cabo por agentes estatales. Sin embargo, si quien tortura es un vecino, un conocido, un exnovio, un despechado, o una mujer con ganas de vengarse, es difícil hablar de tortura o tipificar este delito, puesto que técnicamente solo puede ser cometido por agentes estatales.

¿Qué hacer entonces con la tortura que significa recibir una rociadura de ácido por parte de alguien que lo lanza y huye dejando a la víctima en un infierno de dolor, desconcierto y agonía?

Hasta el momento hay en Colombia 936 casos reportados de mujeres atacadas con ácido y, aunque los medios hablan casi exclusivamente de ataques a mujeres, existen 456 casos de hombres que, durante la última década, han sido víctimas de lesiones con ácido.

Es incorrecto hablar de un crimen que solo afecta a las mujeres pues se trata de un fenómeno que atenta contra todos y que, por sus cifras crecientes, debe ser considerado como una epidemia social.

De hecho, si se suman todas las víctimas de este tipo de delito en una década, el 49 por ciento de los afectados fueron hombres. Por lo tanto, es incorrecto hablar de un crimen que solo afecta a las mujeres pues se trata de un fenómeno que atenta contra todos y que, por sus cifras crecientes, debe ser considerado como una epidemia social.

Como dice Verónica Ucrós, en los últimos días la frase “violencia contra la mujer” ha invadido buena parte de las manifestaciones de repudio frente a lo ocurrido recientemente a Natalia Ponce de León en Bogotá. Y así, entre columnas de opinión y trinos de Twitter, la sensación que va quedando es que la única raíz de los ataques con ácido en Colombia es el machismo y la violencia de género.

Sin embargo, esto no es del todo correcto pues de las 926 víctimas de ataques con ácido que reporta el Instituto Colombiano de Medicina Legal entre 2004 y 2013, 671 son mujeres y 455 son hombres. Y lo que más desconcierta por tratarse de una práctica invisible y silenciosa es que en 126 casos de esos 926, el presunto agresor es un integrante del Ejército, de la Policía o del Instituto Nacional Penitenciario (INPEC), y de esas 126 víctimas, 31 han sido mujeres y 98, hombres. O sea que, como dice Ucrós, lo que tenemos en este caso es a un grupo de hombres que está utilizando el ácido con el interés de arruinar la vida de otros hombres.


Las cifras de ataques demuestran que no solo las
mujeres son víctimas de este tipo de ataques.
​Foto: Zoriah

Epidemia social

¿Quiénes son entonces los perpetradores de este crimen atroz? Cuando Verónica Ucrós se comunicó con Medicina Legal, la Fiscalía General de la Nación y la Policía Nacional para indagar acerca de las cifras discriminadas por sexo del atacante, Medicina Legal respondió que sus formularios de atención no le piden a la víctima que identifique el sexo del agresor. La Fiscalía sí recoge ese dato pero no lo tiene sistematizado, y la Policía incluye las agresiones con ácido dentro del tipo penal de “lesiones personales. 

Esto quiere decir que se trata de un crimen invisible para las instituciones, lo cual deja claro que por el momento el Estado colombiano no está en capacidad de informar a la ciudadanía sobre la distribución por sexo de los verdugos. Entonces por qué, se pregunta Verónica Ucrós, todos parecemos estar de acuerdo en que los hombres son victimarios de las mujeres en esta pesadilla.

Comprar ácido clorhídrico o disponer de ácido de batería es muy fácil y cualquiera lo puede hacer pues el primero lo venden en las ferreterías, en los supermercados y en las tiendas de barrio y el segundo es aún más fácil de conseguir. Se trata de un arma letal de bajo costo y de fácil acceso.

Pero ese no es el punto. Lo que debemos preguntarnos es ¿qué clase de sociedad es esta donde los pleitos, los rencores, las frustraciones o los complejos sociales se dirimen desfigurando al otro? Y ¿qué clase de sujetos son aquellos capaces de desfigurar de por vida a otro rociándole ácido en el cuerpo? Se trata de dos delitos y de dos torturas que se configuran en una sola: desfigurar a alguien para acabar con su vida sin necesidad de asesinar.


Alejandro Correa Castaño de 22 años, fue víctima
fatal de un ataque con ácido.
Foto: MilitaryHealth

Amenaza para todos

Según se deduce de los relatos de prensa, el perpetrador puede ser cualquiera, lo que sí es casi seguro es que rara vez se le lanza ácido a un desconocido. Lo anterior significa que es una agresión entre personas cercanas, conocidas, deseadas, repudiadas, que se odian, que no se toleran, en fin. Una muerte en vida.

Aunque el último ataque registrado fue contra Alejandro Correa Castaño, un joven de 22 años a quien le arrojaron ácido cuando se dirigía a su casa en el municipio de La Estrella, en el sur del Valle de Aburrá. Parece que la motivación de los perpetradores fue el atraco. Si ello es así, el ácido puede equivaler a la escopolamina cuando se trata de atracar, robar, violar, etc. Cosa bastante preocupante para el ciudadano de a pie que circula por las calles.

Ya son tres los ataques con ácido que se han conocido en Bogotá después de la agresión de la que fue víctima Natalia Ponce de León el pasado 27 de marzo. El video asociado con el crimen deja ver al perpetrador con la cara cubierta que se agacha para lanzar el ácido y luego huye corriendo.

Otra mujer afectada recientemente es Sorleny Pulgarín, atacada con ácido en el rostro en la localidad de Engativá luego de discutir con la propietaria de la vivienda donde reside. "La mujer subió por la ventana del patio y le tiró ácido a mi hija, le quemó la espalda y tiene quemaduras de primer grado”, dijo la madre de la víctima. Pulgarín explicó que su vecina la agredió cuando le reclamó porque había intentado agredir con agua caliente a su hija de un año.

Otras víctimas recientes fueron Inés Aminta Carillo atacada en un barrio de la localidad de Bosa, y Luz Adriana Jurado en Soacha, Cundinamarca.

Todas estas mujeres han llegado a la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar, institución que en lo corrido del año ha atendido a ocho pacientes afectados por esta causa. La cifra indica que los casos se han disparado en 2014, ya que el mencionado hospital ha atendido en promedio a dos pacientes por mes, mientras que el año pasado fueron 12 casos en todo el año.

¿qué clase de sociedad es esta donde los pleitos, los rencores, las frustraciones o los complejos sociales se dirimen desfigurando al otro?

Según lo que conocemos por el momento, las causas de este execrable y cobarde crimen parecen ser múltiples y muy posiblemente cada caso tenga una explicación que no conocemos. Como sucedió con la violación y empalamiento de Rosa Elvira Cely en el Parque Nacional, un caso emblemático que movilizó a la ciudadanía, es posible que el caso de Natalia Ponce de León haya alertado finalmente a los ciudadanos que ahora se muestran indignados por las redes sociales ante cada caso nuevo que se conoce.

¿Cómo prevenir este tipo de crímenes en una sociedad como la colombiana, saturada de macrocriminalidad y con una justicia lenta y poco eficiente? Por tratarse de un acto cobarde y solitario y muchas veces imprevisible, es posible que el único camino sea endurecer a tal punto las penas que cualquier posible perpetrador lo piense dos veces antes de desplazarse a la tienda a comprar ácido para quemar a otro.

 

 * Antropóloga, profesora de la Universidad del Rosario.

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