
Antonio Caro, el artista omnipresente
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No se trataba de una profesión: Antonio Caro fue un artista que quiso ser un personaje. Su obra supera la falsa oposición entre arte y publicidad.
Luisa Naranjo H.*
¿Artista?
Cuando alguien como Antonio se proclamaba como artista, no era una simple mención de su profesión. Para Caro, ser artista era también posar como tal. Con o sin espectadores, se esforzó por hacer de sí mismo lo que logró con sus obras, volverse un icono.
Caro fue un artista que quiso ser un personaje con todo lo que eso supone; hacerse a un look desaliñado, asistir a todas la conferencias, exposiciones y eventos de arte como una figura omnipresente, guardar silencio y observar con sigilo, aparentemente sin inmutarse. Y aunque nunca se graduó como artista, tenía la certeza de que lo era. Aceptaba su título de maestro con ironía y falsa modestia. Aunque muchos lo saludaban bajo el título anacrónico de maestro, lo aceptaba con un gesto de ironía e incredulidad. Además de renunciar a ese título profesional, al abandonar la carrera de Bellas Artes en la Universidad Nacional, su obra no pretendía ser una muestra de destreza en un oficio manual, sino la capacidad de transformar las ideas y el lenguaje en imágenes contundentes.
La falsa dicotomía
Así como la mayoría de los artistas tienen empleos paralelos para subsistir, Caro no fue la excepción pues trabajó en la renombrada agencia de publicidad Leo Burnett para tener un sustento y seguir haciendo lo que se le diera la gana. Aunque podría parecer una simple anécdota de la vida del artista, el lenguaje de la publicidad permeó parte de su trayectoria, desmitificó la falsa oposición entre arte y publicidad pues fue apropiándose de imágenes publicitarias que buscó tergiversar.

La pieza Colombia-Marlboro, instalada en varios lugares del país, recuerda el gigantesco y emblemático letrero, visible en una colina de Los Ángeles, California. A pesar de que Caro no se definiera como un artista político, percibió en la sociedad colombiana esas ínfulas de querer imitar y consumir todo lo extranjero, ese anhelo de adoptar el estilo de vida de los gringos, que todavía hoy se relaciona con la sofisticación y el estar a la moda. Aunque algunos podrían etiquetar a Caro como un artista pop por el hecho de usar las imágenes provenientes de la publicidad, esa sería una apreciación muy simple, pues Caro no usó la publicidad en un sentido estético sino perverso. Hizo evidente esa cualidad implícita en la publicidad, estrategia que actúa de la manera más primaria en los consumidores, la que hace recordar e identificar una marca. El artista equipara al consumidor con el espectador y pone en evidencia las asociaciones y el poder de las imágenes como signo, es decir, su capacidad para evocar otros significados y establecer relaciones que parecen simples pero que despiertan significantes y asociaciones políticas y sociológicas.

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Objetos intangibles
La obra de Caro no tiene nada que ver con el oficio de ser artista. Es decir, con la maestría en el manejo de una técnica. Ni mucho menos con el artista definido como un productor de objetos. Por ende, la importancia de la obra no radica en su belleza entendida en términos clásicos, ni mucho menos en su materialidad, sino en lo intangible, en el lenguaje, en el texto y en la asociación de ideas. El concepto y las relaciones que crea el artista entre texto e imagen, que en apariencia resultan elementales, están cargadas de significados y son susceptibles de interpretaciones diversas por parte del espectador.
Caro desmitificó la falsa oposición entre arte y publicidad pues fue apropiándose de imágenes publicitarias que buscó tergiversar.
Del arte conceptual al panfleto

Aunque Antonio Caro lucía callado, discreto y silencioso, sus obras podían llegar a ser punzantes, públicas e incomodas. Así sucedió con los panfletos de Malparidos (2005) en los que empleó este insulto acompañado de una frase en letra menuda, esa que nadie lee y que comporta casi siempre una ventaja en los contratos. Con ese recurso fuerza la lectura de esa línea de letras casi imperceptible. En letra diminuta el cartel dice “luchemos porque el aborto sea reconocido como un derecho fundamental para que en Colombia haya menos MALPARIDOS”.

Defender el talento

Aunque Antonio Caro lucía callado, discreto y silencioso, sus obras podían llegar a ser punzantes, públicas e incomodas.
Acerca del autor
Luisa Naranjo
*Artista y filósofa de la Universidad de los Andes, Especialista en Educación artística de la Universidad Nacional de Colombia. Su obra visual explota un tipo de feminismo "ácido" y directo. Ha publicado textos que abordan el arte, la filosofía y la educación del arte. Su trabajo docente está centrado en educación informal.
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