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“American Dirt”, o cómo vender el sufrimiento ajeno

Escrito por Ana María Ferreira
American Dirt

Ana María FerreiraEscrita desde un lugar de poder, la novela nos hace preguntarnos quién tiene la autoridad para contar las historias dolorosas de América Latina, los migrantes y las minorías.

Ana María Ferreira*

La capitalización de nuestras tragedias

El 21 de enero de este año, la editorial Flatiron Books publicó la novela “American Dirt” de Jeanine Cummins. En ella, Lydia, una mujer de clase media, dueña de su propia librería en Acapulco, debe huir a los Estados Unidos con su hijo de ocho años después de que miembros del cartel de Los Jardineros asesinan a toda su familia.

Flatiron Books lanzó el libro con bombos y platillos. De hecho, esta editorial es conocida por publicar pocos títulos, que normalmente se convierten en grandes éxitos de ventas debido a la enorme campaña promocional que les dedican. En esta ocasión, sin embargo, el proyecto recibió fuertes críticas, especialmente desde la comunidad latina en los Estados Unidos y en general por escritores y académicos.

Esto se debe, en parte, a la forma tan superficial con la que Cummins aborda un tema tan complejo como es la violencia del narcotráfico; pero las críticas también tienen que ver con su autoridad para narrar esta historia. La pregunta sobre quién tiene el derecho de contar las historias de América Latina ha ocasionado un álgido debate. ¿Sólo los colombianos podemos contar la historia de Colombia? ¿Sólo los inmigrantes indocumentados pueden contar la historia de sus viajes y periplos? La respuesta es complicada y no hay solo una correcta.

Muchas veces, la literatura nos ayuda a darle sentido a la realidad, nos ayuda a comprenderla. Es así como al leer a Dostoievski podemos acercarnos a la Rusia del siglo XIX, al leer a Nadie Gordimer entendemos cómo era vivir bajo el apartheid en la Suráfrica de la segunda mitad del siglo XX o al leer “Cien años de soledad”, Gabriel García Márquez nos cuenta mejor que cualquier libro de historia la tragedia de la masacre de las bananeras perpetrada por la United Fruit Company en 1928.

El problema con la novela de Cummins, sin embargo, no es solo quién está contando la historia, sino que está detrás el mercado editorial, los libros por encargo y la falta de apoyo a los escritores de color y en general a los que pertenecen a las minorías. Esta autora, por ejemplo, recibió un millón de dólares como pago por esta novela e, incluso antes de su publicación, ya celebridades como Oprah y escritores reconocidos como Stephen King y Sandra Cisneros alabaron “American Dirt” y la definieron como la gran novela sobre migración de los últimos tiempos.

Los migrantes centroamericanos y las víctimas de la violencia en México son solo un tema de moda

Desafortunadamente, en la novela los migrantes centroamericanos y las víctimas de la violencia en México son solo un tema de moda. No estamos frente a una artista interesada en plasmar un problema en toda su complejidad, sino frente a un producto de consumo, una mujer que quiere vender un libro basado en el sufrimiento de otros.

Los colombianos también hemos sido víctimas de la capitalización de nuestras tragedias. El narcotráfico, que tanto daño le ha causado a nuestra sociedad, es el tema de telenovelas, películas, novelas y series de televisión que también se ocupan de él de forma muy superficial.

Una sociedad en la que todo, incluso la historia y la muerte, se pueden vender y comprar, abre el espacio para que hoy en día sea posible hacer un narco tour en Medellín o que gente alrededor del mundo que no sabe nada de nuestro país sea capaz de identificar a Pablo Escobar.

American Dirt

Foto: Facebook Flatiron Books American Dirt

A pesar de contar con un enorme apoyo, “American Dirt” recibió y sigue recibiendo reseñas muy negativas. Consciente de esta situación, la editorial publicó el miércoles pasado una carta en la que reflexiona sobre la publicación y se disculpa por algunas cosas, como haber dicho que el esposo de la autora es un inmigrante indocumentado sin señalar que el señor era irlandés.

También se disculparon de que el día del lanzamiento del libro toda la decoración estaba hecha con alambre de púas y mencionaron que fue una exageración decir que la novela “define la experiencia migrante’. En la carta, la editorial aprovechó para cancelar la gira nacional por cuarenta ciudades en Estados Unidos, debido a que la autora recibió múltiples amenazas y aparentemente estaban preocupados por su seguridad.

¿Pero qué tan mala es la novela?

La novela de Cummings ha sido criticada porque la autora se otorga a si misma el derecho a narrar una historia que no le pertenece, pero no es solo esto. Es también el lugar de poder desde donde lo hace: el de una mujer blanca escribiendo desde los Estados Unidos, y en inglés.

Del mismo modo, la novela ha sido criticada por la forma como representa a México y a los migrantes centroamericanos en general. Los estereotipos sobre la violencia, el narcotráfico y la corrupción son un lugar común al hablar de América Latina en la cultura popular de los Estados Unidos y, aunque es verdad que estos problemas afectan nuestra sociedad, una descripción de la realidad de nuestros países no puede centrarse exclusivamente en ese aspecto.

Vale la pena decir que la controversia en torno al libro ha sido bastante lucrativa y “American Dirt” está vendiendo como pan caliente. Al comienzo dudé sobre comprar el libro, pues de algún modo era apoyar ese mercado, pero finalmente decidí hacerlo para poder hablar con autoridad sobre el mismo.

Fue una lectura tortuosa. En algunos momentos, mientras leía la novela, tuve que detenerme por la frustración que me causaron algunas de sus descripciones y episodios. Una de las cosas que encontré más difícil de justificar es la descripción de Javier, el narco protagonista de la novela. Este hombre, quien debe pasar su vida cometiendo crímenes y asesinatos, es descrito como un hombre sensible, altamente educado, bilingüe, un padre devoto y, para colmo, es un escritor de poesía mediocre, que tiene tiempo para pasar horas completas cada semana hablando de la vida y sus libros favoritos con una librera de la que está enamorado.

La autora se otorga a si misma el derecho a narrar una historia que no le pertenece.

La historia de Javier es solo uno de los grandes problemas argumentativos de la novela. Aparte de las inconsistencias y los lugares comunes, otro aspecto que no se puede pasar por alto es el uso del español. La novela está escrita originalmente en inglés, pero trata de hacer uso de la forma como muchos latinos hablan en Estados Unidos. Este intento, sin embargo, acaba siendo bastante artificial y, aparte de palabras como ‘mami’, ‘chocolate’ y ‘el norte’, el uso los dos idiomas es bastante desafortunado.

Usar los dos idiomas —o incluso el spanglish— en la literatura contemporánea ha sido una estrategia que varios autores han usado para describir sus experiencias como migrantes o hijos de migrantes en los Estados Unidos.

American Dirt libro

Foto: Facebook Jeanine Cummins
¿Quiénes pueden escribir sobre migrantes y quiénes no?

En ese sentido es paradigmática la obra de Gloria Anzaldúa, una escritora y profesora chicana quien escribió en 1987 el fabuloso ensayo “Borderland/La Frontera: La nueva mestiza”. Escrito en español, inglés y spanglish, el libro captura la experiencia vital de una mujer orgullosamente lesbiana, viajando entre esos dos mundos que son México y Estados Unidos. Solo traigo a colación este libro para oponerlo a la novela de Cummins, que intenta replicar sin éxito la forma como hablan las personas bilingües.

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Lo bueno

Una consecuencia muy positiva y definitivamente inesperada del debate en torno a “American Dirt” es que ha causado una discusión muy importante sobre quién tiene derecho a narrar las historias de los inmigrantes y en general de las minorías. Igualmente ha fomentado un amplio diálogo sobre la forma como son representados los latinos y Latinoamérica en los Estados Unidos.

La historia canónica de la literatura en occidente ha sido por siglos una escrita casi siempre por personas blancas, casi siempre hombres y solo hasta hace relativamente poco se les ha dado espacio y reconocimiento a otras voces. Hace un par de décadas, un libro como este no hubiera causado ningún problema, pero cada vez más las personas de color están reclamando su derecho a contar sus propias historias.

Esta nueva realidad no implica que solo los latinos podemos hablar de América Latina, cualquier persona tiene el derecho a escribir una novela. De hecho, la magia de la ficción es poder habitar historias diferentes a la propia y finalmente esta controversia no es sobre la censura o sobre decidir quién puede o no escribir literatura.

A lo que este debate nos invita es a reflexionar es sobre la responsabilidad que recae sobre las personas que deciden escribir sobre las experiencias de gente marginada. Es una invitación a pensar en qué momento hay que alzar la voz y en qué momento hay que quedarse callado y permitir que otros hablen.

Este artículo es entonces una crítica a “American Dirt”, pero es también una invitación a reconocer a tantos y tan diversos escritores y escritoras latinos que —sin el apoyo de las grandes editoriales y sin los millones de dólares que estas empresas invierten en autores como Cummins— han escrito y siguen escribiendo desde un punto de vista más honesto.

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Me refiero a autores como Valeria Luiselli, Yuri Herrera, Reyna Grande, Erika Sánchez, Diane Guerrero, Roberto Bolaño y Marcelo Hernández Castillo, todos ellos mejores opciones para entender la situación a lado y lado de la frontera entre México y los Estados Unidos.

De algún modo debemos agradecerle a Cummins su publicación, ya que nos sacudió de nuestra modorra y nos permitió recordar y recomendar nuevamente a autores de los que no hablamos tanto como debiéramos.

*Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown. Es profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina. anaferreira1810@gmail.com @annwenders

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