
¿América Latina depende menos de la Reserva Federal?
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Los mercados de deuda soberana de varios países latinoamericanos parecen haberse vuelto menos sensibles a los movimientos financieros de Estados Unidos. Es una buena noticia, pero el promedio regional esconde diferencias importantes y la próxima crisis será la verdadera prueba*.
Estados Unidos estornuda, América Latina se resfría
Durante décadas, las autoridades económicas de América Latina han tenido que seguir muy de cerca las decisiones que se toman en Washington. Un cambio en las tasas de interés de Estados Unidos, una señal de la Reserva Federal o una mayor preocupación por la economía estadounidense pueden afectar rápidamente los flujos de capital, las tasas de cambio y los costos de endeudamiento de los gobiernos de la región.
Un estudio reciente se pregunta si este patrón ha comenzado a cambiar. A partir de información de diez países latinoamericanos entre 2007 y 2026, el trabajo Shielding the Spreads: The Reduced Vulnerability of Latin America to the US Yield Curve, de Giraldo et al. (2026), encuentra que los mercados de deuda soberana de la región se han vuelto, en general, menos sensibles a los movimientos de la curva de rendimientos de Estados Unidos desde 2020. Pero el cambio ha sido muy heterogéneo: algunos países parecen haberse vuelto considerablemente más resilientes, mientras otros continúan expuestos a las condiciones financieras externas.
Esta podría ser una buena noticia para la región. Si los costos de endeudamiento de los gobiernos están menos ligados a las condiciones financieras de Estados Unidos, los bancos centrales y las autoridades fiscales podrían tener mayor margen para responder a sus propios problemas económicos. Pero esto no significa que América Latina esté protegida frente a los choques externos.
Cuando aumenta el riesgo de un país
Cuando los inversionistas consideran que prestarle a un país se ha vuelto más riesgoso, exigen una tasa de interés más alta. El gobierno debe entonces destinar más recursos al servicio de la deuda, lo que deja menos espacio para invertir en infraestructura, educación, salud y otras prioridades. El aumento del riesgo soberano también puede elevar el costo del crédito para las empresas y los hogares.
Giraldo et al. (2026) miden el riesgo soberano mediante dos indicadores: los spreads del EMBI y los spreads de los credit default swaps a cinco años. Estos reflejan la compensación adicional que exigen los inversionistas para mantener deuda de un gobierno latinoamericano en lugar de un activo estadounidense considerado más seguro.
El estudio compara estas medidas con el diferencial entre el rendimiento de un bono del Tesoro a diez años y el de un título del Tesoro a tres meses. Este diferencial contiene información sobre las expectativas de política monetaria, crecimiento económico y riesgo financiero.
Antes de 2020: una relación bastante clara
Antes de la pandemia, el estudio encuentra una relación clara.
Cuando la curva de rendimientos de Estados Unidos se aplanaba o se invertía, los spreads soberanos de América Latina generalmente aumentaban. En esas circunstancias, los inversionistas internacionales suelen trasladar sus recursos hacia activos más seguros y los gobiernos de la región enfrentan mayores costos de endeudamiento.
Con datos semanales, los autores estiman que la sensibilidad promedio de los spreads soberanos latinoamericanos frente al diferencial de tasas de Estados Unidos era de aproximadamente -0,44 antes de 2020. Un aplanamiento de un punto básico en la curva estadounidense estaba asociado, en promedio, con un aumento de 0,44 puntos básicos en los spreads soberanos.
Entonces llegó la pandemia. La Reserva Federal redujo rápidamente las tasas de interés de corto plazo, lo que hizo más empinada la curva de rendimientos estadounidense. Al mismo tiempo, la incertidumbre global elevó con fuerza los spreads soberanos latinoamericanos, interrumpiendo durante un breve periodo la relación negativa que normalmente existía entre ambas variables.
Después de la pandemia, algo cambió
Una vez superada la fase más intensa de la crisis, la relación no regresó a su comportamiento anterior. En la mayoría de los países estudiados, la sensibilidad de los spreads soberanos frente al diferencial de tasas de Estados Unidos permaneció por debajo de los niveles observados antes de 2020.
Con datos semanales, el promedio regional disminuyó en magnitud de -0,44 antes de 2020 a cerca de -0,09 después de ese año. En los datos diarios, pasó de -0,64 a -0,33. Las diferencias entre los dos periodos son estadísticamente significativas.
El mismo patrón general aparece cuando se utilizan spreads de credit default swaps en lugar del EMBI, con datos diarios y semanales, y cuando se tienen en cuenta los movimientos de los mercados bursátiles locales y de las tasas de cambio.
América Latina no es una sola historia
Las reducciones más claras en la sensibilidad aparecen en Colombia, México, Perú y Uruguay. En las estimaciones semanales, su relación con el diferencial de tasas estadounidense se acerca a cero después de 2020. Brasil, Chile, Costa Rica y Paraguay también presentan una menor sensibilidad, aunque el cambio es más moderado.
Bolivia, por el contrario, continúa siendo relativamente sensible a las condiciones macrofinancieras de Estados Unidos y muestra una reducción limitada después de 2020. Ecuador sigue una trayectoria particular, que incluye un cambio en la dirección de la relación estimada. La evidencia no muestra un desacoplamiento uniforme de toda América Latina.
Las economías latinoamericanas varían en su situación fiscal, la composición de su deuda pública, sus reservas internacionales, sus esquemas monetarios, la profundidad de sus mercados financieros y su credibilidad ante los inversionistas. También dependen en diferente grado del financiamiento externo.

¿Por qué podría estar ocurriendo?
Una posibilidad es que los avances logrados durante las últimas dos décadas estén comenzando a mostrar resultados. Varios países han acumulado reservas internacionales, fortalecido sus esquemas de política monetaria, mejorado la regulación financiera y desarrollado mercados de capitales internos más profundos. Algunos gobiernos también han aumentado su uso de deuda en moneda local y su dependencia de inversionistas nacionales.
También podrían haber influido los cambios en la composición de la inversión internacional y las respuestas de política adoptadas durante y después de la pandemia. Sin embargo, el estudio no identifica las causas exactas de la disminución ni explica por qué el cambio es mayor en unos países que en otros.
Los resultados no demuestran que una reforma específica haya producido el cambio observado. Tampoco permiten concluir que los países con menor sensibilidad hayan escapado permanentemente a las presiones externas.
Más margen de maniobra, pero no un cheque en blanco
Si los costos de endeudamiento soberano responden ahora con menor intensidad a los movimientos de la curva estadounidense, algunas autoridades nacionales podrían tener más flexibilidad. Los bancos centrales podrían concentrarse en mayor medida en las condiciones locales de inflación y actividad económica, y los gobiernos podrían tener más espacio para responder a una desaceleración.
El énfasis debe ponerse en la palabra “algunas”. Como los resultados son heterogéneos, el margen de acción también será diferente en cada país. Los gobiernos no deberían tomar decisiones basándose únicamente en el promedio regional.
Incluso en los países más resilientes, América Latina continúa expuesta a las condiciones globales a través de las tasas de cambio, los precios de las materias primas, las exportaciones, el financiamiento bancario, los flujos de portafolio y la disposición de los inversionistas a asumir riesgos.
Los gobiernos tampoco deberían interpretar los resultados como una autorización para endeudarse sin límites. Una mayor resiliencia es valiosa porque permite tomar decisiones responsables con más autonomía, no porque haga menos necesarias la disciplina fiscal y las buenas instituciones.
También cambia la forma de mirar a la región
La deuda soberana latinoamericana suele tratarse como una sola clase de activo que responde de manera similar a las fuerzas globales. La evidencia sugiere que esta visión es cada vez menos adecuada. Si la importancia de las condiciones estadounidenses difiere entre países, será necesario prestar más atención a las condiciones propias de cada economía.
Consideramos que estos resultados ofrecen motivos para un optimismo prudente. Una fuente importante de la vulnerabilidad financiera de América Latina parece haberse debilitado desde 2020, al menos en varios países. Pero no existe una sola historia regional.
La próxima crisis será la verdadera prueba
La próxima crisis global será una prueba seria para determinar si este cambio es duradero.
Mientras tanto, los países que han ganado resiliencia deben proteger sus avances. Los que siguen muy expuestos necesitan entender las razones y atender las debilidades que mantienen esa vulnerabilidad.
América Latina no ha escapado de la influencia financiera de Estados Unidos, y es poco probable que lo haga. Sin embargo, algunos países podrían estar ganando un mayor margen para manejar su propio futuro económico.
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* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.
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