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Alcaldes y gobernadores: candidatos a la presidencia

Escrito por Ricardo Bello
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Muchos exalcaldes y exgobernadores se han lanzado o están sonando como candidatos a la presidencia. Quiénes son y por qué tenemos tantos.

Ricardo Bello Gómez*

Nuevos caminos al poder

Nunca ha habido tantos exmandatarios regionales aspirando a la presidencia de Colombia: exalcaldes y exgobernadores de todos los colores políticos pretenden ser candidatos en la primera vuelta de mayo de 2022; o al menos, llegar a las consultas populares de marzo.

Esta tendencia puede deberse al avance de la descentralización y a la debilidad nacional de los partidos políticos.

Alcaldes y gobernadores, por la presidencia

Primero hay que revisar la lista de estos aspirantes:

  • Gustavo Petro —exalcalde de Bogotá— avanza en conformar una coalición de izquierda a su alrededor.
  • El exgobernador de Nariño, Camilo Romero, y los exgobernadores de Boyacá Jorge Londoño y Carlos Amaya son precandidatos de la Alianza Verde en la consulta de la Coalición de la Esperanza; con esto enfrentan al exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, entre otros.
  • Rodolfo Hernández se aventura por sí solo, con el estilo pintoresco, pero poco sustancioso que lo hizo alcalde de Bucaramanga.
  • Los exgobernadores Dilian Francisca Toro, del Valle del Cauca; Luis Pérez Gutiérrez, de Antioquia; Jorge Emilio Rey, de Cundinamarca; Dumek Turbay, de Bolívar, y Eduardo Verano, de Atlántico, exploran una convergencia de centro derecha junto con los exalcaldes Enrique Peñalosa, de Bogotá; Federico Gutiérrez, de Medellín, y Alex Char, de Barranquilla.
  • Hasta en la derecha hay novedades: el dirigente evangélico y exgobernador de Casanare Alirio Barrera parece estar buscando la bendición del expresidente Uribe para ser el candidato del Centro Democrático.

En total, quince exmandatarios de diez regiones diferentes parecen apuntarle a la carrera presidencial de 2022.

Excepciones: Antioquia y Bogotá

Tradicionalmente, el camino a la presidencia comenzaba con una trayectoria visible en el Congreso, con experiencia significativa en un ministerio o con ambas. Durante todo el siglo XX y hasta 1990, solo dos presidentes elegidos por voto popular se salieron ligeramente del molde: Pedro Nel Ospina y Virgilio Barco. Ambos tenían experiencia parlamentaria y ministerial; pero descollaron como potenciales candidatos presidenciales gracias a su trabajo regional: Ospina como gobernador de Antioquia y Barco como alcalde de Bogotá.

Quince exmandatarios de diez regiones diferentes parecen apuntarle a la carrera presidencial de 2022.

Cabe recordar que en esa época los mandatarios regionales eran agentes del gobierno nacional: el presidente de la república los nombraba y removía a discreción. La descentralización política avanzó con la elección popular de alcaldes en 1988 y con la de gobernadores en 1992. De esta manera hizo posible una carrera política nacional cimentada en la gestión ejecutiva local y regional.

Andrés Pastrana —otro exalcalde de Bogotá— y Álvaro Uribe —otro exgobernador de Antioquia— llegarían a la presidencia en la siguiente década. Tanto Pastrana como Uribe usaron la plataforma y visibilidad del gobierno subnacional para abrirse paso en medio del ya deteriorado sistema bipartidista: Pastrana con la Nueva Fuerza Democrática y Uribe como disidente del Partido Liberal.

Foto: Consulado de Colombia en Valencia - ¿Llegará a la presidencia un candidato que venga de ser mandatario regional?

Gobernadores y alcaldes buscando relevancia

Hasta ahora, Bogotá y Antioquia son las únicas regiones cuyos exmandatarios se han convertido en presidenciables competitivos: Antanas Mockus, Clara López, Enrique Peñalosa, Gustavo Petro y Sergio Fajardo. Esto quizá se deba a que la figura del gobernador durante las décadas de 1990 y 2000 aún estaba tomando forma en el sistema político.

Todavía es confuso el lugar de los departamentos en el sistema de gobierno de Colombia: no están tan cerca de la ciudadanía como los municipios ni tienen la capacidad de ejecución del gobierno nacional. Así, durante estas primeras décadas de descentralización, ni la ciudadanía ni la clase política percibían un liderazgo claro de los gobernadores.

Entre tanto, los alcaldes tienen la ventaja de proveer bienes y servicios públicos de forma más directa; pero solo el alcalde de Bogotá suele ser suficientemente importante para una contienda nacional.

Durante los años noventa fue más común que los parlamentarios impusieran candidaturas a alcaldías y gobernaciones; ahora los mandatarios regionales han ganado su propio espacio como dirigentes. Hay una relación de interdependencia —o hasta de conflicto— con la clase parlamentaria.

Por una parte, los gobernadores tienen una función de intermediación y coordinación con los municipios; esto les da réditos políticos propios, muchas veces a través de herramientas clientelistas. Por otra parte, en las ciudades grandes y medianas es cada vez más común que los alcaldes aprovechen el voto de opinión en las zonas urbanas y vayan en contravía de las dirigencias locales tradicionales.

Ventajas de alcaldes y gobernadores

En este contexto, los alcaldes y gobernadores tienen más poder hoy que hace diez o veinte años; en la misma medida han aumentado sus ambiciones. Por eso, en países federales o sustancialmente descentralizados, es común que los gobiernos regionales sean la cantera de futuros mandatarios nacionales.

La política colombiana también ha contribuido al boom de las precandidaturas. En las últimas dos décadas se han reacomodado los partidos políticos, más allá de la dicotomía uribismo-antiuribismo; además, la mayor parte de la ciudadanía no siente ningún apego por las banderas partidistas en abstracto.

En este escenario, un exmandatario regional con resultados propios y concretos es más atractivo que otros tipos de candidatos, dependiendo de lo que se entienda políticamente como “resultados”.

Además, hasta cierto punto, la imagen de gobernadores y alcaldes como “ejecutores” o “gerentes públicos” puede ayudarlos a trascender el debate ideológico.

Los alcaldes y gobernadores tienen más poder hoy que hace diez o veinte años; en la misma medida han aumentado sus ambiciones

Por último, una ventaja netamente pragmática: a diferencia de los parlamentarios, los exmandatarios regionales no tienen que someterse a la disciplina de partido, a menos que sean directivos de uno; por lo tanto, tienen más flexibilidad para buscar alianzas y plataformas para su postulación.

En conclusión, hay incentivos para que más alcaldes y gobernadores se lancen a probar suerte en la política nacional.

Sobran ambiciones, falta información

Estos precandidatos se presentan a la contienda con una ejecutoria más o menos concreta; pero los ciudadanos no siempre pueden evaluar objetivamente su mandato.

Colombia sufre la falta de medios locales e independientes de comunicación masiva que sirvan como contrapeso a alcaldes y gobernadores. En consecuencia, en muchos casos dependemos de reportes politizados (a favor o en contra) de lo que ocurre en diferentes regiones.

Por otra parte, algunos exmandatarios regionales adquieren una valiosa experiencia de gestión ejecutiva y responsabilidad política durante sus mandatos; aun así, es posible que carezcan de conocimientos y habilidades sobre relaciones exteriores, sobre defensa nacional o sobre cómo aplicar políticas estratégicas de desarrollo.

Muchos de los actuales precandidatos, como es de esperar, ni siquiera llegarán al tarjetón. Y, por supuesto, es incierto si un exmandatario regional llegará a la presidencia de Colombia el próximo año.

Sin embargo, es claro que está cambiando la trayectoria de quienes aspiran al poder nacional. En la medida en que la ciudadanía asuma una posición crítica sobre el origen, motivaciones, prácticas y experiencias de estos nuevos candidatos, entre todos podemos aprender a votar mejor.

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