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Ahora o nunca: las negociaciones de paz en su momento decisivo

Escrito por Adolfo León Atehortúa

Adolfo AtehortuaUn análisis realista y optimista de las negociaciones de La Habana, sus avances recientes y el camino que falta. Para bien de Colombia, se trata de un proceso irrenunciable e irreversible.

Adolfo León Atehortúa Cruz*

 

El punto kairós

Aunque los conflictos armados pueden prolongarse durante mucho tiempo, llega siempre un momento cuando los protagonistas empiezan a revisar sus posturas y se van madurando las condiciones para su conclusión o resolución definitiva. 

En el caso de El Salvador, la suscripción del acuerdo final entre gobierno e insurgentes tardó tres años, desde su inicio a partir de la intervención de Naciones Unidas en 1989 hasta la firma el 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec – México. No fue fácil, pero se culminó el proceso.

El Frente Farabundo Martí, que utilizaba las negociaciones para legitimar su estrategia bélica, acabó por aceptar el diálogo como alternativa frente a la guerra y por pedir la intervención de Estados Unidos como garante de los acuerdos. ARENA, el partido del Mayor Roberto d’Aubuisson, señalado como autor intelectual del asesinato de Monseñor Arnulfo Romero e impulsor de los tenebrosos “escuadrones de la muerte”, acabó por saludar a Alfredo Cristiani como “el presidente de la paz”.

Para Santos el acuerdo sobre la participación política es oportuno, oxigena su gobierno, airea la reelección, despeja incertidumbres 

Como lo señalé en un artículo anterior en Razón Publica, este lapso se explica por la   necesidad de completar lo que algunos llaman la madurez del conflicto: aquel momento cuando sus protagonistas cobran conciencia plena sobre la ineficacia de la guerra, sobre la imposibilidad de derrotar al otro, sobre el daño que causan, sobre el estancamiento de su lucha o sobre el costo de una victoria pírrica. “Empate negativo”, lo denominan algunos analistas.

Para Johan Galtung este es el momento cuando los círculos viciosos empiezan a convertirse en círculos virtuosos.  Este es el punto que en la filosofía griega se llamaba el kairós, el “momento adecuado u oportuno”, en el significado literal de Hesíodo [1[. El punto kairós es el instante que no puede desperdiciarse, el punto de ruptura para iniciar la etapa definitiva, para ganar una guerra o para cerrar con éxito una negociación.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el punto kairós fue el triunfo de los soviéticos en Stalingrado y el desembarco aliado en Normandía; para la salida pacífica en la “crisis de los misiles”, la reunión secreta de un funcionario y amigo personal de Nikita Jrushchov con Robert Kennedy.   

Congreso
Cámara de Representantes.
Foto: Página de la Cámara de Representantes

 

La madurez del conflicto colombiano

Como ocurrió en El Salvador al comenzar la década  de los noventa, o en Guatemala con el “Acuerdo Básico” suscrito en marzo de 1990, el “punto kairós” del conflicto suele darse cuando los grupos alzados en armas declaran públicamente la imposibilidad de alcanzar el poder a través de la violencia.

Pues bien, en el caso colombiano,  las FARC han hecho esta declaración en dos recientes oportunidades:

· Por parte de su Comandante Timoleón Jiménez en una carta dirigida a Médofilo Medina donde señalaba: “(No hemos) planteado jamás que como organización político militar nuestra meta sea la toma del poder tras derrotar en una guerra de posiciones al Ejército colombiano”.

· Esta misma semana, por parte de su delegación en La Habana, con la expresión consignada en el comunicado acerca del Acuerdo de Participación Política: “La firma e implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia, en cuanto implicará la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todos los colombianos…”

Por su parte el gobierno del presidente Santos también tuvo un viraje en los últimos días:  después de las vacilaciones provocadas por los altibajos de la opinión y por las críticas de la  oposición uribista, el gobierno retomó el discurso de confianza e insistencia en un proceso de paz que no debe suspenderse, aplazarse ni mucho menos frustrarse.

El proceso aún puede ser largo y tortuoso: pero es irreversible.

Alentado sin duda por sus homólogos americanos, aconsejado por expresidentes europeos de la talla de Felipe González, y convencido de la necesidad de deslindar campos para su propia reelección, Santos ha vuelto sin tapujos al discurso de la paz enarbolando el nuevo acuerdo.

No era para menos. Para Santos el acuerdo sobre la participación política es oportuno, oxigena su gobierno, airea la reelección, despeja incertidumbres y constituye en sí mismo otra demostración del punto kairós: los actores, conscientes de la necesidad de mantener la confianza del público en las negociaciones, envían estos mensajes positivos cuando la coyuntura los hace ineludibles. Y en efecto las encuestas de opinión esta misma semana respondieron con un mayor apoyo a las negociaciones y con aplausos al presidente por su persistencia.

Además, el punto kairós hace posible que los actores muestren sus cartas de cara al futuro: el propósito de construir un nuevo partido político por parte de las FARC, y el de robustecer la democracia por parte del Estado colombiano. Ambos objetivos están ligados a “una cultura de reconciliación, convivencia, tolerancia y no estigmatización (ni) de los opositores políticos (ni) de las organizaciones sociales y de derechos humanos”. Y si el presidente Santos logra poner fin al conflicto, sin duda pasará a la  historia.

No se repetirá la historia. Y no es optimismo: es realismo basado en teoría y experiencias.

El punto kairós, entonces, se asomó para el proceso de La Habana. Interrumpir las negociaciones, suspenderlas, aplazarlas, disminuir su importancia sería hoy un absurdo porque implicaría renunciar a los avances evidentes.

Farc
Las FARC-EP en los dialogos de Paz.
Foto: Ismael Francisco – Cubadebate

En términos de semiología –y no debe tomarse como simple coincidencia-, el punto kairós también parece presentarse con la imagen: los cuatro miembros de las FARC que posaron para la foto en el momento del anuncio del acuerdo, vistieron por primera vez en el proceso   una guayabera blanca que en el caso de Iván Márquez concordaba con la del General Mora Rangel. Y en la mesa del anuncio, el único miembro de la delegación de las FARC  que no vistió de blanco fue “Andrés París”, quien lo hizo de azul y se ubicó al extremo izquierdo de la mesa, lejos de la delegación gubernamental: símbolo de lo restante.

elecciones
Las negociaciones de La Habana se dan en 
el marco de una campaña preelectoral.  
Foto: Mateo Barrios

 

Las certezas y las pujas

Cuando en los conflictos se palpa madurez y se hace visible el punto kairós de la negociación, los actores no se levantan de la mesa. Los cambios que operan sobre las relaciones de las partes inducen, al mismo tiempo, cambios en los grados de aceptación de las identidades mutuas, invalidan los recursos violentos y hacen más comprensibles y admisibles los costos intrínsecos de la negociación.

Desde luego, dicho reconocimiento no implica que las negociaciones dejen de ser difíciles – precisamente porque aun no hay acuerdo completo-. El proceso aún puede ser largo y tortuoso: pero es irreversible. Las pujas continúan pero no se ocultan las caras, se reservan cartas pero se esgrimen franquezas, se juegan estrategias, se avanza y retrocede en la búsqueda de mejores ganancias y se apuntalan las conquistas.

En todo proceso de negociación, después del punto kairós, los protagonistas abordan etapas diferentes: se traslucen recompensas potenciales, se producen compromisos, se justifican los recursos empleados y se señalan responsabilidades; se busca superar los dividendos para cada parte en contra de la otra, surgen amenazas, fieros y balanceos.

Pero, en las últimas instancias, como afirma Mitchell, “se intenta minimizar las pérdidas globales; se transforman los objetivos hasta el punto de parecer más reales, se espían las culpas y se reivindican logros que una observación juiciosa no asimilaría como tales. Finalmente se reconoce el agotamiento de los recursos y se busca una salida”.  

Para el caso colombiano, la negociación se ha convertido en un hecho irreversible, sin vuelta a atrás, sin posibilidades de ruptura. Podrán presentarse, claro está, momentos difíciles, críticos, de quiebre, pero el camino está trazado y ya no tiene espacios para la reversa.

Solo cabe una advertencia: mientras más se acelere tras alcanzar el punto kairós como se ha hecho, más reducida será la distancia de las negociaciones hasta el punto de llegada.

Pasos en perspectiva

Para los negociadores en La Habana es el momento de acelerar a fondo, de construir metodologías agiles, de intensificar las deliberaciones y de reducir las pausas. Una movida inteligente puede resultar definitiva en el ajedrez del conflicto:

· Gestiones para la participación de Simón Trinidad en la discusión del tema del narcotráfico, así sea a través de internet, por ejemplo, pueden ayudar a un mejor clima de negociación.

· Una tregua seria y verificable, así sea unilateral, para las celebraciones de navidad y año nuevo, refrescaría el compromiso de la opinión y del gobierno.

· Y, por sobre todo, un esfuerzo para construir nuevos lenguajes en la mesa de negociaciones y fuera de ella, sería un gesto de equilibrio que el mismo Acuerdo de la semana anterior reclama. El Ministro de Defensa debería colaborar en ello.       

· Los ciudadanos y las organizaciones sociales también pueden jugar un papel alentador, fresco y efectivo. Es útil recordar el planteamiento de John McDonald, fundador del Institute for Multi-Track Diplomacy, quien distingue nueve actores que pueden asumir con éxito este tipo de trabajos[1]: gobiernos, organizaciones profesionales, comunidad de negocios, iglesias, medios de comunicación, universidades, institutos de formación y educación, activistas y fundaciones.

Finalmente, frente a quienes se oponen a la negociación y buscan atravesar palos en sus ruedas, una respuesta desde la dialéctica hegeliana: el éxito de sus búsquedas está en el fracaso de sus metas.

La salida negociada de este conflicto que sobrepasa medio siglo es ahora. La buena noticia para los colombianos es que no tiene reversa. No se repetirá la historia. Y no es optimismo: es realismo basado en teoría y experiencias.

 

* Historiador, doctor en Sociología, profesor titular y decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pedagógica Nacional.

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