Agua, territorio y vivienda en el Plan Nacional de Desarrollo
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Agua, territorio y vivienda en el Plan Nacional de Desarrollo

Escrito por Fabio Giraldo

El Plan Nacional de Desarrollo remplaza el enfoque sectorial por la búsqueda integral de soluciones a los grandes problemas del país. Cómo entonces se conciben el territorio, el agua y la vivienda, y cómo hacer para que el Plan se vuelva realidad.

DFabio Giraldo Isaza*

Las cinco transformaciones

Cuando Gustavo Petro se posesionó como presidente, expuso los lineamientos de su propuesta de transformación social basada en 5 dimensiones básicas, interrelacionadas con lo que en su discurso denominó los 10 puntos programáticos.

Con la presentación de las bases del Plan de Desarrollo “Colombia, potencia mundial de la vida”, se concreta la carta de navegación de la propuesta política y económica de su gobierno.

En el Plan Nacional de Desarrollo (PND), se proponen 5 ejes de transformación alrededor del territorio. En ellos, el agua y el medio ambiente hacen sinergia con los programas y proyectos sectoriales, definidos en los diálogos vinculantes. Estos diálogos constituyen un giro político: se le da prioridad a la democracia participativa en la planificación y el ordenamiento del desarrollo humano.

Agua y medio ambiente como ejes básicos del proceso productivo actúan como vasos comunicantes con las otras dimensiones de la política. En su entrelazamiento se muestra la novedad del actual Plan de Desarrollo: el paso de lo sectorial a una asignación presupuestal por estrategias, orientando los proyectos básicos hacia la población más vulnerable, con el propósito de elevar su bienestar en el territorio.

Un giro de 180 grados

El Plan de Desarrollo propone cambiar el modelo que fue emergiendo a través del ascenso al poder de las ideologías político-neoliberales alrededor de la década de 1970.

La geopolítica del mundo contemporáneo ha sido permeada por tensiones que crearon violencia, corrupción, desigualdades y asimetrías de todo tipo. La sociedad quedó gobernada por una economía al servicio del 1 % de la población, cuya riqueza e ingresos superan a las poseídas por el 99 % restante.

Así, la novedad del PND es la territorialización de la política y su entrelazamiento entre lo rural y lo urbano alrededor del agua y el medio ambiente. Crear un ordenamiento del territorio y transformar la matriz productiva al mismo tiempo es una apuesta sistémica donde no se puede deducir, sin un método, lo complicado de lo simple.

Foto: Alcaldía de Medellín - La novedad del Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 es la territorialización de la política pública. En este Plan el individuo, el hogar y la familia son tan complejos como las dimensiones macroeconómicas.

Con la balanza a su favor, los agentes más ricos de la sociedad manipulan la política y la economía y amplían las brechas de ingresos y riquezas de forma glocal. Los desmanes del sistema financiero internacional llevaron a que los gobiernos usaran los rescates macroeconómicos para favorecer a los bancos y no a los ciudadanos. No era fácil regular a los grandes bancos. Por su tamaño, resultaba más costoso para la sociedad permitir que entraran en quiebra.

Se creó así un modelo que podríamos denominar de extremo centro, calificado de muchas maneras: que todo cambie para que todo siga igual. O con una fórmula más socorrida en nuestro medio: “cambios sí, pero no así”.

Abordar lo complicado desde lo básico

Así, la novedad del PND es la territorialización de la política y su entrelazamiento entre lo rural y lo urbano alrededor del agua y el medio ambiente. Crear un ordenamiento del territorio y transformar la matriz productiva al mismo tiempo es una apuesta sistémica donde no se puede deducir, sin un método, lo complicado de lo simple.

Para el Plan, el individuo, el hogar y la familia son tan complicados como las dimensiones macroeconómicas de la política. Hay un esfuerzo por articular las instancias políticas, económicas, ecológicas, culturales e históricas de abajo hacia arriba, de la mano de un principio holográfico donde “el todo no es independiente de cada una de sus partes”.

Varias de las transformaciones propuestas por el gobierno son reformas profundas.

La salud, la seguridad social y la reforma laboral, por mencionar las más relacionadas con la informalidad, la desigualdad y el desempleo, afectan buena parte de los propósitos, programas e inversiones del Plan. Su trámite en el Congreso sacará a relucir las viejas prácticas de la política, convirtiéndose en una especie de clave de bóveda para analizar los alcances y limitaciones del PND.

El diálogo entre los políticos profesionales y los políticos con formación académica, en varias de las dimensiones de la sociedad, son la esencia de la discusión sobre el resultado final de las políticas y la orientación de las inversiones en el territorio.

Un programa como el de “Mi Casa Ya”, como en general las otras iniciativas básicas del gobierno, debe abordar en lo básico las dificultades políticas y económicas de este tipo de ejercicio.

El programa en su nueva orientación cubre todo el territorio nacional en círculos de interacción y movimiento, como se puede observar de una manera simplificada en la siguiente gráfica, en donde trato de dar una imagen de la propuesta con sus posibilidades de realización en el mundo socialmente instituido:

Los espacios donde tiene lugar el hábitat en el mundo contemporáneo. Lo glocal, o la forma como se presenta y representamos la interrelación de lo local con lo global. Para ello realizamos la distinción básica entre la forma como se piensa y actúa en la elaboración de políticas locales, urbano-territoriales, y las políticas que se construyen de lo global a local. En el mundo de hoy, la economía es global y la política es local.

Lo público y lo privado

Además de los problemas políticos mencionados, están los problemas económicos y las diferentes transiciones en cada una de sus estrategias y programas. En materia de agua y saneamiento básico, así como en la transición energética, aparecen los problemas relativos al uso de estos bienes públicos.

El agua potable, el calentamiento global, la salud y un ingreso de subsistencia, entre otros, son derechos básicos que pueden ser atendidos con las instituciones nucleares de la sociedad, la democracia liberal y el entrelazamiento entre lo público y lo privado.

En un Estado social de derecho, las relaciones entre lo público y lo privado no pueden omitir los desarrollos constitucionales y sus efectos en las políticas y en la economía. Las transformaciones presentadas en el Plan de Desarrollo quedan intrínsicamente reguladas por el ordenamiento jurídico y el sistema de precios.

Este último no actúa sin un manejo profesional donde lo económico tiene dos caras. Los problemas verticales de la oferta y los horizontales de la demanda, cuyas dificultades son la base para abordar las transformaciones propuestas en el Plan.

En cada estrategia confluyen diferentes sectores. Para los fines de este breve comentario, en el agua interviene no solamente la estrategia 1 y 5 como centro de gravedad en la acción del Estado, sino las estrategias restantes que hacen parte del conjunto de las acciones que propone el Plan para lograr sus metas. El propósito es multisectorial. La estrategia afecta el conjunto de las propuestas del Plan y cada una de estas afecta positiva o negativamente el desarrollo de la estrategia principal.

Difícil de ejecutar

La visión del PND no resuelve satisfactoriamente los problemas teóricos y prácticos de toda propuesta de economía política. En lo teórico, evita caer en la falacia de confundir la macroeconomía con la empresa, potenciando la gran cantidad de factores tanto internos como externos, que intervienen en todo proceso productivo.

La visión global del Plan muestra cómo una empresa puede poseer una alta productividad usando tecnologías apropiadas en su ámbito interno, pero si las condiciones de los mercados globales le imponen diversos costos, su competitividad, en términos de competencia global es limitada. Una sociedad productiva exige competitividad empresarial, la cual es posible con una productividad institucional económica y legal.

En términos prácticos, la lectura del programa “Mi Casa Ya” nos lleva a una de las dificultades del Pacto Histórico. La composición política de un gobierno cuyo presidente es de izquierda y buena parte del equipo técnico básico, ministro de hacienda, director de planeación, ministra de agricultura, ministro de educación, entre otros, son economistas profesionales con responsabilidades políticas y con evidentes matices en la orientación de la política económica y social del Estado.

Como es sabido, este tipo de discusiones de política y economía caen fácilmente en lo que podríamos denominar una falacia sistémica que lleva, sin una adecuada discusión de costos y beneficios, a la creación de círculos viciosos donde todo tiene que ver con todo. Se corre el riesgo de caer en un diálogo de sordos, entre la política macroeconómica y la social por un lado y la territorial por el otro.

Las diferentes transiciones del articulado del Plan no son independientes de la orientación y focalización de los programas básicos del mismo. Un programa como “Mi Casa Ya” ocupa un lugar privilegiado para el seguimiento de la apuesta territorial del mismo.

Los críticos del programa omiten la esencia de la propuesta y sostienen que una transformación en un proceso activo en el tiempo y el espacio hacen imposible un diálogo entre el stock y el flujo de los diferentes bienes y servicios que intervienen en los hábitats territoriales.

Por otra parte, la primarización del aparato productivo y las medidas de corto plazo para corregir las asimetrías de la producción nacional y sus efectos negativos no solo son una discusión política entre producción y distribución, sino una discusión técnica especializada sobre el manejo de los precios básicos y su papel en el tiempo para corregir los déficits y las brechas de todo proceso económico.

En el territorio, todo es más complicado. Lo fundamental tiene que ver con la innovación y la productividad en la era digital y su desarrollo. Igualmente, la relación económica de oferta y demanda no puede dejar de lado la economía espacial.

Tampoco se puede omitir que no es lo mismo pensar en términos de política económica y social en el corto plazo, que hacerlo en términos de economía política para atacar problemas de base.

Como es sabido, este tipo de discusiones de política y economía caen fácilmente en lo que podríamos denominar una falacia sistémica que lleva, sin una adecuada discusión de costos y beneficios, a la creación de círculos viciosos donde todo tiene que ver con todo. Se corre el riesgo de caer en un diálogo de sordos, entre la política macroeconómica y la social por un lado y la territorial por el otro.

La economía política hace el vínculo inter temporal entre los problemas económicos y políticos de corto y mediano plazo, cuando se entrelazan en el territorio el agua potable y el cambio climático para hacer del país una potencia mundial de la vida.

No basta con identificar algunos puntos que no se encuentran debidamente alineados con los principios de sostenibilidad del sistema o la previsibilidad de las transformaciones para que el programa de “Mi Casa Ya” esté debidamente ajustado a los principios constitucionales de eficiencia, universalidad, suficiencia y responsabilidad del Estado en la coordinación y dirección de las relaciones urbano-rurales en el territorio.

El programa debe dar cuenta de los principales componentes de la oferta y demanda de los atributos del territorio para su seguimiento y discusión, tal y como lo presentamos a continuación:

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