Agrópolis para Bogotá-región: un ejemplo de alianza urbano-agrorural en un marco TLC (Segunda parte) - Razón Pública
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Agrópolis para Bogotá-región: un ejemplo de alianza urbano-agrorural en un marco TLC (Segunda parte)

Escrito por Mauricio Puello
mauricio puello

mauricio puelloPropuesta futurista que ofrece soluciones creativas e innovadoras, a la articulación de Bogotá con su entorno en el marco de la Región Capital, y a la conformación de regiones urbanas nacionales Agropolitanas; proyectos que por fin parecen comenzar a materializarse, mediante la conformación de la Región Administrativa y de Planeación Especial (RAPE), en el marco de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial*

Mauricio Puello Bedoya**

BOGOTA

Perspectiva propositiva de la ciudad-región

En nuestro escrito inmediatamente anterior, publicado el pasado 23 de octubre en Razón Pública, se presentaron algunos enfoques sectoriales de la regionalización de Bogotá, ensayados por diversas entidades distritales durante la última década. En ésta ocasión, complementaremos la reflexión con una perspectiva propositiva, tomando como referencia experiencias desarrolladas desde la Universidad Nacional de Colombia, alrededor de la aplicación de un modelo Agrópolis.

Nos referimos, de una parte, al proyecto ‘Parque Agrario Sabana Occidente’ [1], que propone un pacto Agropolitano entre ocho municipios de las inmediaciones de la ciudad capital, anticipando la creación de un Sistema Subregional de Parques Agroambientales, proyecto a cuyo desarrollo se invitó al Director del Parque Agrario Baix Llobregat de la región de Barcelona, Josep Montasell i Dorda [2].

Y de otra parte, el proyecto ‘Cundinamarca Agropolitana’, dirigido a sentar las bases para establecer, en las Provincias del Departamento, una serie de redes solidarias de desarrollo agrorural.

Experiencias que actualizan principios de regionalización puestos en práctica hoy en varias ciudades-región del mundo, y que en su conjunto constituyen un Modelo Agropolitano de Ordenamiento y Gestión Territorial.

La favorabilidad Agropolitana en Colombia

La implementación de modelos Agrópolis, en particular en la sub-región de la Sabana de Bogotá o en la Región Capital, cuenta con una coyuntura favorable:

  • Las condiciones geográficas excepcionales que compartimos con otros cuatro países del mundo, y que provienen de combinar la diversidad de pisos térmicos con la localización ecuatorial. Favorabilidad que en ausencia de un régimen estacional representa una amplia cobertura y flujo permanente de cultivos, y, por tanto, una alta capacidad de seguridad y soberanía alimentaria. Privilegio sobre el que se podrían articular nuestras políticas de vivienda y suelo, ordenamiento territorial, y desarrollo rural, convergiendo en lo Agropolitano.
  • La entrada en vigencia de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (1454 de 2011), que finalmente ha definido un marco legal nacional para adelantar la conformación de regiones y alianzas estratégicas entre entidades territoriales.
  • El impulso dado en el Congreso, la Asamblea de Cundinamarca y el Consejo Distrital a la Región Administrativa y de Planeación Especial (RAPE), que conforma la Región Capital entre Cundinamarca y Bogotá, en espera de la adhesión de las demás entidades territoriales departamental de la Región Central.
  • El proceso de elaboración de la Ley General Agraria y de Desarrollo Rural, en la cual proponemos la aparición de niveles de correspondencia territorial, ambiental y productivos entre lo urbano y lo agrorural (correspondencias Agropolitanas).
  • El Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011 – Colombia rural: Razones para la Esperanza, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD, que señala la deuda histórica que tiene nuestro país con la ruralidad, cuya población ha carecido de condiciones de acceso a la tierra y posibilidades para desarrollar una explotación sostenible del territorio.
  • El reciente aval del Congreso de los Estados Unidos a la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia, comprometiendo así a nuestro país en un ajuste sin precedentes del sector agropecuario. Por lo cual el gobierno nacional ha propuesto el desarrollo de una agresiva Estrategia Nacional de Innovación y asistencia técnica, enmarcada en el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología Agroindustrial.

Medidas con las que se espera incrementar la producción nacional de 31,8 millones de toneladas en el 2011, a 48,5 millones en el 2019, contexto donde una alianza ciudad-campo de tipo Agropolitano constituye un aporte importante. 

Una Ciudad-Región Agropolitana

Para la comprensión de la dimensión Agropolitana y su vigencia en el ordenamiento y gestión territorial de las regiones urbanas contemporáneas, consideramos tres aspectos generales: 

1. Principios contemporáneos de urbano-regionalización

El fin de la ciudad-territorio

La desaparición definitiva de la dicotomía ciudad-territorio que sirvió de fundamento al ordenamiento y a la planificación de la modernidad urbanística. Quedando superados así, entre otros aspectos, tanto la propensión de la planificación urbana y el mercado inmobiliario a desdeñar las cualidades ambientales y productivas de los entornos agrorurales, como la tradicional sobrevaloración que los agentes agrorurales hacen de las externalidades económicas; ambos en detrimento de la relación simbiótica entre la ciudad y el territorio.  

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Gráfica1. Teoría del lugar central de W. Christaller: en las jerarquías económicas espacializadas, el territorio y los recursos se confunden [3]

La personalización del territorio

La creciente importancia que hoy cobra la participación e implicación directa de la ciudadanía en los procesos de regionalización. Lo que supone, incluso, la generación de nuevas formas de representación política, en torno a la configuración de un eco-Estado.

Del legalismo a lo estratégico

La sola formulación de políticas y planes, o la disposición de una nueva entidad territorial o acuerdo intermunicipal, hoy no basta para garantizar la activación eficaz de un proceso de regionalización. Iniciativas públicas que deberán ser complementadas con la ejecución de formas estratégicas de gestión territorial, encaminadas a facilitar la apropiación ciudadana y la canalización de las voluntades políticas y económicas, con el fin de que se identifiquen como beneficiarios inmediatos del desarrollo que conlleva la regionalización. Beneficios que deberán verificarse en mayores índices de gobernabilidad, empleo, productividad, sostenibilidad ambiental, calidad de vida y desarrollo humano.

2. El Paradigma Agropolitano [4].

Lo Agropolitano representa una apuesta ideológica de fondo: la implementación de un modelo de desarrollo de base territorial, más allá las fronteras jurídico-administrativas (o incluyéndolas, o a pesar de ellas). Algunos preceptos reivindicativos del creciente peso del territorio en el desarrollo contemporáneo, son:  

Fundamento espacio-territorial de la cultura

Mientras para las visiones espacio-territoriales idealistas, en las que han insistido los planificadores herederos de la modernidad urbanística, el entorno social es considerado un destinatario final del proceso, y acaso un obstáculo (planes irremediablemente destinados a dormir en los anaqueles); para lo Agropolitano los patrones espaciales son, en cambio, el resultado de procesos de territorialización complejos y de lenta decantación, cuyo motor es la cultura. 

Alcance global de la territorialización

La dinámica irremediablemente expansiva de los procesos de territorialización, deviene de la intensificación exponencial de la actividad humana sobre el planeta, cuya paradójica tendencia es a des-territorializar esa misma actividad humana, disociándola de la geografía. En contraste, lo Agropolitano constituye un esfuerzo por armonizar la importancia del entorno físico para la calidad del hábitat humano, con la productividad y la competitividad del territorio, en relación a su necesario posicionamiento global. 

El imaginario ‘Terrícola’

Lo Agropolitano se ubica en el tránsito de lo Territorial a lo Terrícola, como nuevo imaginario de los asentamientos humanos y sus emplazamientos. Entendido aquí lo Terrícola como el factor determinante para la sostenibilidad y sustentabilidad de los procesos habitacionales contemporáneos. Quedando así la productividad y competitividad de los territorios, definitivamente sujeta a los intereses patrimoniales implicados en la dimensión biótico-simbólica de los entornos geográficos.  

3. Lo macro en lo micro, y viceversa 

Las tipologías de ocupación territorial que desata lo Agropolitano, aparecen entrelazadas en un ‘bucle’ de tipo macro-micro [5]:

Lo macro-micro 

Al imaginario Metropolitano de ciudad difusa o continua-compacta [6], proveniente de una planificación ejercida de adentro hacia afuera, condicionada por la gestión rentista del suelo, la eficacia tributaria y los potenciales de ocupación que determina el mercado, lo Agropolitano propone instalar esas mismas demandas contributivas y mercantiles de la urbanización, en una ciudad planificada desde afuera, es decir, desde la tradicional no-ciudad agrorural, inculta y rústica. De esta forma, las infraestructuras comienzan a alternar su importancia urbanística con nuevas relaciones vivienda-trabajo, y altos niveles de conectividad y energías limpias y renovables.

Si bien de lo Agropolitano se desprenden patrones particulares de ocupación y uso de las áreas de interfase urbano-rural (rur-urbanas o periurbanas), en ello no sólo está en juego la generación de proyectos y operaciones urbanísticas de borde, sino la definición de un modelo de ciudad (un tipo de ciudad-planeta local), sustentable en lo habitacional y competente en su proyección global. 

Lo micro-macro 

Lo Agropolitano ‘aterriza’ el idealismo espacial de los planes de largo plazo y a gran escala, en el aquí y ahora de las redes micro-territoriales agrorurales, donde el socius no está sobre el espacio-territorio, sino que es el espacio-territorio mismo. El fundamento de la espacialización de la ciudad-región contemporánea es el metabolismo social [7], escenario donde se define la geometría de flujos auto-organizativos del territorio.

Sistema de Parques Agrarios / Agroambientales

El Modelo Agropolitano de Ordenamiento y Gestión Territorial se instrumenta en la figura de los Parques Agrarios o Agroambientales (A/A), cuyas características generales logramos incluir en su momento en la Política Distrital de Ruralidad (Decreto 327 de 2007), que en su Artículo 12 los identifica como ‘Parques Agropolitanos’ con dos características principales:  

  • Como formas alternativas de gestión social del territorio, afines a las Zonas de Reserva Campesina (Ley 160 de 1994).
  • Y como acciones de borde, reguladoras del proceso de expansión urbana. 

Aspectos a los que habría que adicionar algunas características puntuales, con el fin de ampliar el significado y pertinencia de los Parques A/A en la construcción de una región urbana Agropolitana:

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Localización regional del Parque Agrario Baix Llobregat, Agrópolis de Barcelona (Asocia 14 Municipios, con 3.000 hect. de cultivo, y un aporte del 2.88% al PIB de Catalunya). 

Los Parques A/A son instrumentos de ordenamiento y gestión territorial, dirigidos a racionalizar la dinámica de ocupación y las estructuras urbanas en un marco regional.

Los Parques A/A son unidades organizativas y pactos territoriales (públicos, privados y ciudadanos), desarrollados en torno a la implementación de una economía ecológica, limpia y sostenible.

Los Parques A/A definen una marca de productos agrícolas, como parte de una estrategia de marketing global del territorio.  

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Agrópolis de Barcelona

Marca de los productos del Parque Agrario Baix Llobregat (Parque hortifrutícola);

Los Parques A/A garantizan la aplicación de tecnologías de punta, ajustando así los productos a los estándares del mercado agroalimentario internacional.

Al intervenir en las cadenas de abastecimiento y comercialización, los Parques A/A garantizan el abaratamiento de la canasta familiar local.

Por último, frente al rezago de Bogotá en materia de áreas verdes (la ciudad cuenta actualmente con 4,5 m² de área verde por habitante, mientras el promedio internacional es de 20-28 m²), los Parques A/A contribuyen a elevar el índice al involucrar los potenciales productivos, ecológicos y recreativos de la Sabana de Bogotá al sistema de áreas verdes de la ciudad, implicándose así el territorio sub-regional en la calidad de vida y sustentabilidad del desarrollo urbano, Distrital y municipal.

** El autor es Arquitecto con estudios doctorales en urbanismo y ordenamiento territorial, U. Politécnica de Cataluña.  Formulador y coordinador del proyecto ‘Parque Agrario Sabana Occidente’  (Universidad Nacional de Colombia 2001).  Formulador e investigador del proyecto ‘Cundinamarca Agropolitana’  (Universidad Nacional de Colombia, Colciencias, Gobernación de Cundinamarca 2006). Participante de la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca, en representación de la SCA (2002-2003).

Para ver las notas de pie de página, pose el mouse sobre el número.

 

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