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Adela Cortina: una mirada ética para pensar el mundo de hoy

Escrito por Delfín Ignacio Grueso
Adela Cortina en la entrega del doctorado honoris causa.

Delfin Grueso La Universidad Nacional le otorgó un doctorado honoris causa a esta filósofa española que ha introducido la ética en el pensamiento político y ha influido en generaciones enteras.

Delfín Ignacio Grueso*

Una vida de reconocimientos

Como el doctorado honoris causa que la Universidad del Valle le concedió a Mario Bunge, o el de la Universidad de Antioquia a Martha Nussbaum, el que le acaba de otorgar la Universidad Nacional a Adela Cortina no es un título académico. Es un reconocimiento a su vida y obra.

Adela Cortina Orts nació en 1947, en Valencia, España. Ha sido (o fue) filósofa y profesora de ética en la Universidad de Valencia. Y, desde luego, esta no es la primera vez que recibe un doctorado honoris causa. A lo largo de su vida, Cortina ha recibido reconocimientos similares, y otras distinciones relevantes como el Premio Nacional de Ensayo, por su libro ¿Para qué sirve realmente la ética?, y el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, por Ética de la razón cordial.

Además, Cortina fue la primera mujer en ser admitida a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en 2008. Recientemente, con ocasión de su jubilación como catedrática de la Universidad de Valencia, sus discípulos la honraron con un compendio de ensayos titulado Homenaje a Adela Cortina. Ética y Filosofía Política.

El contexto de su obra

En The Sociology of Philosophies, Randall Collins sostiene que para entender el éxito de una obra filosófica, es necesario examinar sus condiciones de producción y recepción.

En el caso de Adela Cortina, eso significa analizar el contexto de su talante filosófico y su aplicación de la noción kantiana de dignidad humana. Por supuesto, su pensamiento no tuvo lugar en el vacío, sino en un ambiente académico en el cual convergieron varios aspectos del contexto filosófico español e internacional.

Después de cuatro décadas de dictadura franquista, la filosofía académica española se revitalizó. Mientras España atravesaba ese largo desierto, otros entornos académicos se beneficiaron del exilio de pensadores como Adolfo Sánchez Vásquez, José Ferrater Mora, María Zambrano, Manuel Reyes Mate, Javier Muguerza, José Gaos o Eduardo Nicol. Entre todos ellos, Javier Muguerza parece haber sido aquel con quien Adela Cortina tuvo luego la mejor relación académica.

Cortina fue la primera mujer en ser admitida a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Mientras tanto, Cortina se había formado en la Universidad de Valencia, uno de los pocos oasis donde todavía era posible abrevar el deseo de una sólida formación, junto con la Complutense de Madrid y la Universidad de Barcelona.

Adela Cortina recibiendo el honoris causa de manos de la rectora de la Universidad Nacional.

Foto: Universidad Nacional de Colombia
Adela Cortina recibiendo el honoris causa de manos de la rectora de la Universidad Nacional.

Las condiciones en las que Cortina culminó su formación, especialmente su tesis doctoral, la dejaron en una buena disposición para insertarse en el cruce de dos corrientes filosóficas de finales del siglo XX:

  • Una de esas corrientes provino del contexto anglosajón, en la forma de un fecundo e intenso debate en torno a la justicia, estimulado por la obra de John Rawls (A Theory of Justice, 1971);
  • La otra provino del momento dialógico alemán; de lo que preparaban para ese momento Karl Otto Apel y Jürgen Habermas.

Diferentes en principio por su talante ético-político (el primero liberal, el segundo teórico-crítico), ambas corrientes confluyeron en una revitalización de la perspectiva kantiana. No podía haber terreno mejor abonado para el debut filosófico de Adela Cortina. Sobre la ética kantiana, Cortina había escrito su tesis doctoral y había profundizado en ella en su estancia postdoctoral en Alemania, en la Universidad de München. Esto la convirtió en una conocedora altamente reputada de la obra de Kant, de cuya Metafísica de las costumbres nos ha ofrecido, junto con su esposo, Jesús Conill, una traducción crítica de alto valor.

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Una ética de la dignidad humana

La relación de Adela Cortina con la obra de Rawls no parece haber sido tan decisiva como lo fue su diálogo con la obra de Habermas y, sobre todo, con la de Apel.

Es probable que eso se deba al carácter filosófico-político del pensamiento rawlsiano. En efecto, antes que un revitalizador de la perspectiva kantiana, Rawls es considerado aquel que le devolvió la vigencia a la filosofía política de vocación normativa, y que restauró la centralidad de la justicia.

Por su carácter más ambicioso, por sus premisas relacionadas con el derecho, la política y la moral, por ser políticamente más incisiva, la filosofía de Habermas estaba en mejor disposición para entrar en diálogo con la filosofía política rawlsiana, especialmente aquella expresada en Political Liberalism (1993). Ya Habermas había avanzado en las primeras aproximaciones entre ambas filosofías en Conciencia moral y acción comunicativa (1985) y lo haría más sistematizadamente en su debate con Rawls en 1995.

Ese encuentro entre ambos autores se da en el terreno de la filosofía política. Por eso, no es fácil imaginarse un debate similar entre Apel y Rawls, o entre Cortina y Rawls.

Adela Cortina fue capaz de llevar la dignidad kantiana a varios campos donde la reflexión ética no llegaba.
Cortina fue la primera mujer admitida a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Foto: Universidad Nacional de Colombia
Cortina fue la primera mujer admitida a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Si bien Adela Cortina no es ajena a la reflexión sobre la justicia, se relaciona con ella a través de Habermas y de Amartya Sen, con quienes tiene un contacto más directo. Su centro de gravedad, insisto, es la ética kantiana, en concreto, la noción kantiana de dignidad humana.

Su campo natural es la ética, de cuya vigencia es quizás la más influyente defensora en el campo filosófico hispanohablante. En eso es heredera de la obra de José Luis Aranguren, quien casi en solitario cultivó la ética en la larga noche del franquismo y que le prologó en 1986 su Ética Mínima. Con el concepto de dignidad kantiana, Cortina se sintoniza con la obra de Apel, quien la encuentra en la capacidad de comunicación lingüística del sujeto.

Ya para principios de la década de los 90, Adela Cortina se movía por España y América Latina como la pensadora de la ética por excelencia, y gozaba de un reconocimiento que no alcanzaron filósofas españolas como María Zambrano o Victoria Camps.

En ese reconocimiento también convergen varios factores: por una parte, la academia española ya había demostrado que era posible filosofar en castellano (consigna y proyecto cultural que defendieron vigorosamente pensadores como Javier Muguerza y Guillermo Hoyos, entre otros). Por la otra, los filósofos que escribían y enseñaban en universidades hispanohablantes se permitían, cada vez más, una autonomía crítica frente a las corrientes filosóficas occidentales. Sin esos dos factores, la obra de Adela Cortina, como la de Enrique Dussel o de Santiago Castro Gómez, no habría alcanzado ni el desarrollo ni la acogida de la que hoy goza.

Adela Cortina fue capaz de llevar la dignidad kantiana a varios campos donde la reflexión ética no llegaba anteriormente, pero donde hoy es relevante y necesaria por los altos riesgos de deshumanización a los que nos aboca el presente. Cortina hizo énfasis en la necesidad de involucrar la perspectiva crítica y normativa en las estrategias empresariales y en las investigaciones científicas, especialmente en aquellas que experimentan con la vida y pueden tener serias implicaciones sobre el futuro de la humanidad y el ejercicio profesional.

Lea en Razón Pública: ¿Clases de filosofía o filosofía de clases?

Los aportes de Adela Cortina para el estudio de la ética son muy importantes.

Foto: Universidad Nacional de Colombia
Los aportes de Adela Cortina para el estudio de la ética son muy importantes.

La influencia de Cortina se deja ver en las formas como la reflexión ética lucha por volver a la formación básica y media de la educación, de donde la ha desalojado una educación tecnócrata y deshumanizada.

Caracterizar a esta filósofa como una ética, más que como una filósofa política, suscitará, sin duda, la reacción de varias personas. Pero decir que Adela Cortina no es una filósofa política no implica demeritar su obra: simplemente, significa reconocer que no hay en ella una teoría de la justicia, del poder o de los derechos, o una interpretación crítica, de largo alcance y sistemáticamente desarrollada, bien de talante normativo, comprensivo o crítico, como las que encontramos en Schmitt o en Arendt, en Foucault, en Habermas o en Rawls.

En todo caso, eso no significa desconocer su influencia iluminadora sobre el curso político de nuestras sociedades. Cortina ha hecho una defensa de la dignidad humana con suma relevancia actual, constante no solo en sus obras, sino en sus conferencias, entrevistas y columnas de prensa.

Por ejemplo, el término aporofobia (fobia a los pobres), acuñado por ella y de creciente reconocimiento y acogida en el lenguaje académico, expresa su rechazo a la deshumanización propia del orden neoliberal y de la globalización constante en que nos ha tocado vivir.

Su mirada ética se concentra incisivamente en nuestro presente y resalta esa deshumanización que, hallando traducción en los manifiestos de los movimientos sociales, sería capaz de producir efectos políticos significativos. No se puede pedir menos a una obra filosófica.

* Sociólogo y Filósofo de la Universidad del Valle. Ph.D. en Filosofía de Indiana University. Profesor Titular de la Universidad del Valle y Líder del Grupo Praxis (Colciencias A1). 

 

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