Actualizar las medidas frente a la pandemia: ventilación y medición de CO2 - Razón Pública
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Actualizar las medidas frente a la pandemia: ventilación y medición de CO2

Escrito por Daniel Bernal
Daniel Bernal

En Colombia seguimos aferrados a medidas obsoletas, cuando hoy se sabe que el virus se transmite sobre todo por aerosoles. Tenemos que mejorar la ventilación y medir la concentración de CO2: ¿cómo hacerlo?

Daniel Bernal*

Un saber que mejora cada día

Nuestro saber sobre el coronavirus y la COVID-19 avanzan cada día, y las recomendaciones basadas en la ciencia cambian con los nuevos estudios.

Esto ocurrió con los tapabocas: en un comienzo, la OMS no los tenía en cuenta, después decía que su uso era opcional, y apenas en junio del año pasado recomendó su uso oficialmente.

De manera parecida, hoy ya tenemos evidencia suficiente para afirmar que la principal vía de contagio del SARS-CoV-2 es su presencia en aerosoles, aunque la OMS no lo haya reconocido aun oficialmente. Es como explica José Luis Jiménez en un hilo de trinos muy interesante:

“El problema (con la OMS) es que van muy lentos y muy por detrás de la ciencia. Y cuando hay un error que lleva mucho tiempo (como el contagio por el aire), les resulta muy difícil aceptarlo. La OMS, además, solo puede recomendar cosas que son factibles en todas partes, hasta en los países más pobres. Por eso han ido tan lentos en muchas cosas. La OMS dice que ellos dicen un mínimo, y que los países pueden poner recomendaciones que requieran más recursos”.

Medidas obsoletas

La mayoría de los países van al ritmo de la OMS en sus recomendaciones locales. Colombia también: hasta hace unos meses, el contagio por aerosoles no se había mencionado en la agenda gubernamental.

Las autoridades de salud y algunos gobernantes locales han informado gradualmente sobre esta característica del virus y sobre el riesgo que ella implica.

Claudia López, en especial, comenzó a difundir esta información desde junio de 2020, cuando se popularizó gracias al trabajo de expertos mundiales. Por ejemplo 239 científicos enviaron una carta para alerta a las OMS obre las pruebas contundentes de contagio de COVID-19 mediante aerosoles.

Pero nada ha cambiado. En Colombia, un grupo de 42 expertos envió una carta abierta al Ministro de Salud, para pedir que actualizaran con urgencia la Resolución 666 de 2020. Según ellos, la Resolución “no considera en sus lineamientos y medidas de bioseguridad la evidencia de la transmisión del virus SARS-CoV-2 por el mecanismo de inhalación de aerosoles, el cual ha sido demostrado como su principal mecanismo de transmisión”.

El SARS-Cov-2 se transmite principalmente por aerosoles; pero esto no significa que las “gotitas” en superficies sean totalmente inofensivas, sino que la vía más importante de contagio es la presencia del virus en el aire durante un lapso determinado.

Cuanto más tiempo se ignore esta variable, habrá más inversiones y protocolos obsoletos: desinfecciones masivas, tapetes con desinfectantes, desinfección de llantas de carros y toma de temperatura con termómetros infrarrojos de pésima calidad.

Esto ya se ha visto en los planes de reapertura de escuelas: se repiten las mismas medidas obsoletas.

La ventilación dispersa los aerosoles

Cuanto más pequeño sea un aerosol, más tiempo podrá estar en el aire y más persistente será su concentración. En este caso los aerosoles y “gotitas” —emitidos al exhalar, toser, hablar, etc.— contienen el virus SARS-CoV-2, que mide cientos de veces menos de 100 micras (μm, una milésima de un milímetro).

Las “gotitas” de más de 100 μm se comportan como proyectiles pequeños que caen rápidamente al suelo; esto justifica la recomendación más popular y aceptada de mantener una distancia de 1,5 a 2 metros para no recibir esas “gotitas”.

El SARS-Cov-2 se transmite principalmente por aerosoles; pero esto no significa que las “gotitas” en superficies sean totalmente inofensivas

Los aerosoles continúan en el aire, no caen al suelo y pueden durar por horas en mínimas concentraciones. Si no hay buena ventilación, hay más riesgo de contagio. La buena ventilación diluye rápidamente el aerosol y, si este proviene de un enfermo de COVID-19, reduce el riesgo.

Representación esquemática de las vías de infección por gotitas balísticas (azul) y aerosoles (verde, amarillo y rojo) para una enfermedad respiratoria. Ambos viajan a través del aire desde la persona infectada hasta la persona susceptible; pero las gotitas balísticas infectan por contacto, y los aerosoles, por inhalación. Se muestran dos situaciones: con y sin mascarilla. Fuente: https://doi.org/ghhkjg

El CO2, un indicador de ventilación

El dióxido de carbono (CO2) es una molécula 300 veces más pequeña que el SARS-CoV-2; la exhalamos durante el proceso respiratorio. Su tamaño contribuye a que se distribuya rápidamente en ambientes cerrados y a que su concentración persista si no hay buena ventilación.

Por lo tanto, las grandes concentraciones de CO2 son un indicador indirecto de altas concentraciones de aerosoles en el ambiente; en el caso de la pandemia, sería un indicador de probabilidades de infección.

Si no hay infectados en el espacio cerrado, no pasará nada; pero la falta de síntomas durante los primeros días de infección o los casos asintomáticos no nos dejan saber si un espacio es seguro.

Además, si las personas no están protegidas con una mascarilla adecuada, la probabilidad de contagio aumenta.

Por último, una buena ventilación —medida por concentraciones bajas de CO2— ayudaría a que ese aerosol con virus se diluya rápidamente y a que, en consecuencia, la probabilidad de contagio sea mínima.

Modelo de barreras de seguridad (modelo del queso suizo o de Reason) para el contagio de COVID-19. Con el tiempo, se reconoce cada vez más la importancia de la ventilación; aquí ocupa el segundo lugar, pero al comienzo de la pandemia ni siquiera se consideraba. Fuente: Estudio de Ventilación en las Aulas como estrategia de prevención del SARS-CoV-2

Cortesía: Daniel Bernal Medición de Co2 en auditorio Santa María del Lago.

La medición del CO2

Hay varios métodos para medir el CO2; el más reconocido y recomendado es la medición de infrarrojo no dispersivo (NDIR), por su bajo costo y efectividad. Esta medición arroja valores en partes por millón (ppm), que reflejan la ventilación del lugar y la tasa de aire compartido:

Tomado de https://twitter.com/nikomer75/status/ 135 987 560 478 772 0197

Cuanto más aire exhalado, más CO2; si otras personas están infectadas por el virus, mayor es nuestra probabilidad de contagio.

Imagen tomada de Ventilación en Aulas para prevención de COVID-19.

El CO2 y las escuelas

Con la apertura gradual y pronto generalizada de escuelas y universidades, se ha producido un debate sobre la seguridad de profesores y alumnos, a causa de los espacios cerrados de aulas y laboratorios. Un movimiento pide regresar lo antes posible a la enseñanza presencial mientras que otro movimiento pide más tiempo de aislamiento y más garantías de trabajo.

El dióxido de carbono (CO2) es una molécula 300 veces más pequeña que el SARS-CoV-2; la exhalamos durante el proceso respiratorio

Medir la concentración de CO2 para calcular la ventilación y las probabilidades de contagio puede ser una herramienta valiosa: es otro soporte técnico para tomar decisiones.

Desde agosto de 2020, la Harvard T. H. Chan School of Public Health publicó la Guía en 5 pasos para medir la tasa de renovación de aire en aulas, documento base para aplicar esta medida en las escuelas. El procedimiento es relativamente sencillo, y varios países europeos han sacado su propia guía con ayudas didácticas de todo tipo.

El resultado de aplicar la guía es un valor de ACH (Air change per hour [Tasa de renovación de aire por hora]), que indica la velocidad a la que cambia el aire según la ventilación de un lugar.

Aunque esta tabla pueda variar en cada caso, se acepta como un buen estándar. Imagen tomada de: Guía para ventilación en aulas

Lea en Razón Pública: Es hora de volver a las aulas de clase

Un ejemplo concreto en Bogotá.

Para calcular el ACH, se necesitan un medidor de CO2, cinta métrica y calculadora. Gracias a la ayuda de los profesores Néstor Rojas y Luis Belalcázar, trabajando junto con su estudiante de maestría Mauricio García, pudimos hacer una prueba piloto con sensores de bajo costo, para verificar el proceso y medirlo experimentalmente en auditorios y salones. El ejercicio también ha permitido entender la ventilación del lugar y proponer alternativas para mejorarla.

En Bogotá, usando como laboratorio de pruebas el auditorio del Humedal Santa María del Lago —con una única puerta doble de acceso y dos ventanas pequeñas, selladas por seguridad—, constatamos su mala ventilación en las primeras pruebas; pero vimos cómo mejorarla.

Aquí compartimos algunos resultados del ACH obtenido:

Los resultados demuestran que la apertura total de la puerta doble y un ventilador comercial ayudan enormemente a disminuir la probabilidad de contagio, así el salón siga con sus dos ventanas selladas. Este ejercicio continuo podría llevar a un protocolo de estimación de ventilación para el ingreso a clases.

Además, con esta prueba confirmamos que podrían usarse para el ejercicio medidores con filosofía de código abierto y DIY (Do It Yourself [hazlo tú mismo]), a una fracción del costo de un sensor comercial.

En Europa, un sensor de este tipo cuesta 200 euros y el poder adquisitivo lo permite; pero en Colombia este precio sería una barrera para su masificación y popularización: 200 euros son aproximadamente un salario mínimo legal vigente.

Además, hay herramientas abiertas colombianas como CanAirIO y versiones muy sencillas con Arduino UNO (el cerebro del medidor de CO2) que ya se tienen en los colegios, con lo que se reducirían costos: podría alcanzarse un valor de entre 25 y 55 dólares, un precio accesible para la mayoría de los ciudadanos.

El sensor, además, sería una herramienta para que profesores y alumnos aprendieran, experimentaran y actuaran en conjunto ante los resultados obtenidos.

El regreso a clases es un reto titánico, pero ya hay herramientas para mejorar la seguridad y aplicar protocolos vigentes y efectivos.

El gobierno decidirá si sigue ignorando el riesgo o si adopta las medidas necesarias; también es decisión de la ciudadanía actuar y aplicar por su cuenta esta tecnología, un legítimo derecho ciudadano ante la lentitud del gobierno.

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