Aciertos, errores y asuntos por corregir: así le ha ido a Colombia durante la pandemia. - Razón Pública
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Aciertos, errores y asuntos por corregir: así le ha ido a Colombia durante la pandemia.

Escrito por Jorge Martín Rodríguez
Jorge Martín Rodríguez

La cuarentena temprana fue el más grande acierto, pero la reapertura desordenada es sin duda un error. La clave no se reduce a mejorar el sistema de salud.

Jorge Martín Rodríguez, M.D.*

Lo que hicimos bien

Hoy Colombia ocupa el sexto lugar del mundo en número de contagios reportados de COVID-19, y tiene una alta probabilidad de alcanzar el quinto puesto al final de este mes. Podemos tener sub-registros superiores al 80% sobre lo notificado por el Sistema de Vigilancia en Salud Pública Nacional, coordinado por el Instituto Nacional de Salud.

Ningún país del mundo estaba preparado mediana o suficientemente para atender y reaccionar de manera eficiente con medidas poblacionales, regulatorias, de supervisión y/o individuales ante una pandemia.

Un conjunto de aciertos y otro de aparentes desaciertos ha traído a Colombia hasta el lugar que ocupa.

Dentro de los aciertos estuvieron el cierre temprano y las restricciones generalizadas. Fue y ha sido la medida más efectiva para disminuir la velocidad de contagio al comienzo de la pandemia (los casos diarios no fueron más de 150).

Aunque se discutió la posible tardanza en cerrar el aeropuerto, considero que el cierre fue relativamente oportuno (aunque faltaron los mecanismos de seguimiento y control a los viajeros que llegaban de Italia, España y Estados Unidos, principales focos del virus). Otras medidas derivadas de la Declaración del Estado de Emergencia, como la prohibición de reuniones en lugares públicos, también ayudaron a frenar la propagación.

Otra buena idea fue crear una red con alrededor de 120 laboratorios capacitados para los diagnóstic
os del SARS-Cov-2, red que hoy permite realizar más de 54.000 pruebas por día. Por ejemplo, ciudades como Barranquilla, que tenían uno o dos laboratorios, hoy cuentan con más de diez laboratorios capacitados para el diagnóstico.

Otro acierto, aunque un poco tardío, fue diseñar y poner en marcha el PRASS (Pruebas, Rastreo, Aislamiento, Selectivo y Sostenible), que, según el Ministro de Salud, permite disminuir la velocidad de contagio al detectar, aislar, rastrear y monitorear los casos potenciales casos, sus contactos y evitar la incubación de nuevos conglomerados.

De la misma forma, hoy tenemos más capacidad instalada, especialmente en servicios de alta complejidad como las UCI que aumentaron en más del 80%, y más formación de talento humano en territorios donde la mejora no se habría dado de no ser por la pandemia.

Entre los aciertos también está el volumen de información, manuales, guías, orientaciones dadas por el ejecutivo y por el Ministerio de Salud, muchos de las cuales se han difundido entre los actores regionales y locales para la toma de decisiones y la mejora de la capacidad local. Hacen parte de este grupo las orientaciones para realizar pruebas de laboratorio, junto con su actualización, hechas por el área técnica del Ministerio de Salud.

Hoy disponemos de información diaria sobre notificación de los casos ─no necesariamente oportuna, por retrasos en los resultados de reportes y lectura de muestras─, de enfermos y de muertos por lugar de ocurrencia y con algunas características sociodemográficas básicas, que les permiten a tomadores de decisiones, académicos e interesados, analizar el comportamiento de la pandemia y potencialmente evaluar los efectos de las medidas adoptadas en cada lugar.

Foto: Presidencia de la República El día sin IVA y la reapertura desordenada han impulsado el aumento de los contagios y que hoy estemos cerca de ser el quinto país con más contagios en el mundo.

Lo que hicimos mal

El desconfinamiento aumentó la velocidad del contagio después de la última semana de abril.

Aunque es especulativo, algunos resultados sugieren que el riesgo habría disminuido si servicios como bancos o notarías, se hubieran hecho casi que completamente virtuales. Dos o tres semanas después del día sin IVA, del 19 de junio, hubo un gran volumen de casos en ciudades como Bogotá, Barranquilla o Cali, potencialmente asociados con la reapertura inoportuna.

Desde abril y hasta mayo y junio, muchos epidemiólogos y salubristas nacionales e internacionales insistíamos en la necesidad de destinar recursos para conformar Equipos de Respuesta poblacional y comunitaria para potenciar el Sistema de Vigilancia en Salud Pública, entre otras, para desarrollar el sistema de rastreo a contactos y para que la respuesta tuviera un carácter más comunitario.

Aunque un poco tardío, el PRASS se oficializó en la segunda semana de agosto. Y pese a que las acciones del gobierno se concentraron en mejorar los servicios de salud, la respuesta hospitalaria no es la más adecuada y efectiva para contener la pandemia. Esto nos debe llevar a reflexionar sobre la necesidad de revisar la conformación de nuestro Sistema de Salud, en la actualidad muy orientado en la atención y curación intra-hospitalaria; y a evaluar los procesos de atención, orientación y manejo extra hospitalario o comunitario: la necesidad de dar pie a más procesos de Atención Primaria en Salud.

La toma y el resultado de las muestras ha dejado mucho que desear. Aunque, como dice el Ministerio de Salud, lo más importante ante la presencia de síntomas es el aislamiento, en el pasado reciente se decía que el rango para la entrega de estos resultados era hasta de 72 días.

Un resultado positivo obliga al aislamiento, al menos por 10 días, tanto de la persona positiva, como de los integrantes de su familia, a aumentar las medidas de distanciamiento social y desinfección dentro de los hogares, y por supuesto a ser merecedor de las prestaciones económicas a las que haya lugar. Un resultado negativo, por el contrario, trae “tranquilidad” entre los integrantes del hogar, y reincorporación a actividades productivas de los trabajadores.

Hay debilidades en los procesos de supervisión, regulación y sanción por la entrega no oportuna de estos resultados, y es necesario mejorar la coordinación entre las entidades de Inspección, Vigilancia y Control.

Foto: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte Es necesario que la gente entienda que el virus no se ha ido y que no se puede bajar la guardia.

No hay que bajar la guardia

El desconfinamiento cuasi-generalizado a partir del 1 de septiembre parece ser una medida arriesgada, con la ocurrencia de más de 9.000 casos promedio/día en el país, y cuando la capital aporta más del 25% de esos casos, sumados al comportamiento heterogéneo que ha tenido la población en la calle, en lugares públicos y en el sistema de transporte.

En un principio, el mensaje no es el más adecuado: no es solo autocuidado y cumplimiento de protocolos, es cumplimiento de las restricciones (no discotecas, no espectáculos públicos, no aglomeraciones en espacios cerrados), del uso de elementos de protección personal, distanciamiento social, la desinfección continua de espacios y superficies y el lavado de manos, entre otros.

En los últimos días hubo manifestaciones de los ejecutivos nacional y locales (alcaldes), con cierto énfasis en que, ante el no cumplimiento de las restricciones, y/o de la regulación existente, serán sancionadas empresas, dueños de establecimientos, administradores de unidades residenciales y personas que se aglomeren en casas o apartamentos indebidamente. La pandemia no se ha acabado, el mensaje debe ser que no hay que bajar la guardia.

Como parece que los recursos que se dispusieron y destinaron para los más vulnerables no fueron suficientes, apenas hubo posibilidad de salir en abril, esas personas fueron a la calle a buscar su sustento diario, lo cual aumentó la exposición entre infectados-susceptibles/vulnerables, con los resultados y la ocurrencia de casos que hemos visto hasta ahora.

Seguramente, este debería ser motivo de otra análisis que revise la interacción entre economía y salud pública.

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