Abróchense los cinturones que va a ser una noche movida
Foto: Wikimedia Commons

Abróchense los cinturones que va a ser una noche movida: Emilia Pérez

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Montarse en esta película es montarse en una montaña rusa en donde se observa, de manera acelerada (muy acelerada), una historia que contiene muchas historias. Por supuesto a esa velocidad es imposible detenerse en ninguna.

“Fasten your seatbelts is going to be a bumpy night” 

 Bette Davis. All About Eve

Esta famosa frase de Bette Davis en la película Todo Sobre Eva (1950) podría ser la advertencia del teatro antes de entrar a gozar, sufrir, criticar u odiar a Emilia Pérez. Eso sí, todo menos dormirse, pues el ritmo desaforado de la película no deja otra posibilidad que agarrarse de la silla y abrocharse el cinturón. Montarse en esta película es montarse en una montaña rusa en donde se observa, de manera acelerada (muy acelerada), una historia que contiene muchas historias. Por supuesto a esa velocidad es imposible detenerse en ninguna. Ah, y aquí surge una de las múltiples críticas a la película: no profundiza en ninguno de los personajes. Pero ¿quién ha dicho que uno se monta en la montaña rusa esperando que se detenga para observar algún paisaje? o ¿quién ha dicho que no se puede observar un paisaje a la velocidad del tren?

Entonces, a modo de confesión (no parece ser políticamente correcto decirlo), debo admitir que disfruté la película. Me pareció que era una producción muy novedosa y también arriesgada, en donde se cocinaba un sancocho (¿o boullabaise, quizá?) con todos los ingredientes y estereotipos latinoamericanos. Porque, eso sí, no solo México tiene narcos, chapos, inmigrantes, temblores, violencia, corrupción y admiración por los malosos. Por este lado también los santificamos (recuérdese a Pablo y ahora a Terror). 

Me propuse leer pocas críticas para no cambiar demasiado pronto de opinión.  Bueno, tal vez leerlas solo por encima para encontrar críticas devastadoras sobre su mirada estigmatizante, su narrativa confusa y, como mencioné antes, su falta de profundidad. ¿Qué estigmatiza? Eso podría dudarse. Recuerdo la noticia del intento por atrapar al Chapo y el video que mostraba el despliegue de camionetas de hombres armados que se enfrentaron al Ejército mexicano. En nuestro país, también contamos con varios narcos enfrentados al Estado. Las persecuciones para atrapar a Pablo Escobar y a Rodríguez Gacha se convirtieron en noticias permanentes con videos que mostraban persecuciones cinematográficas. Es decir, cualquier director de cine puede encontrar fácilmente suficiente material de apoyo para utilizar en sus películas sin necesidad de caer en estigmatizaciones gratuitas. 

Entre las críticas elogiosas, algunas se referían a la posibilidad de redención de los malosos y admitían cierta comprensión por su sufrimiento. Especialmente cuando son hombres bien machos que quieren ser mujeres. Igualmente, un reconocimiento sobre el sufrimiento de los narcos y cómo ellos también lloran. Aunque, pensándolo bien, esta es una opinión bastante excluyente: suponemos que los paramilitares, los guerrilleros, los ricos, y uno que otro sicario también sufren y lloran. Y que un narco como Manitas quiera convertirse en mujer no deja de ser todo un tema. Retador y novedoso. Un amigo muy cercano a la comunidad LGTBQ+ me dijo que le parecía un paso adelante en el tema. Pasar del sufrimiento de La chica danesa al imponente personaje dispuesto a desafiar su propia y fuerte masculinidad es, por decir lo menos, una mirada más que novedosa sobre el tema. Ah, pero otras organizaciones sienten que la utilización de un personaje trans fue una explotación comercial de un tema más que sensible. Por supuesto, la película no tiene la sutileza ni la sensibilidad que se esperaría sobre el tema. Recuerdo esa magnífica película que en 1978 filmó Arturo Ripstein, El Lugar sin Límites (basada en el libro del chileno José Donoso), en donde muestra el machismo y la homofobia en un pueblo mexicano a través de un personaje muy complejo. Una profundidad y sutileza que no intenta tener Emilia Pérez. Esta es una película exagerada, a veces estrambótica, escandalosa y muy violenta. ¿Como el mundo narco?

Preguntarles a unos pocos amigos su opinión sobre la película resultó más interesante que leer las críticas y las reseñas. Encontré uno que otro arrepentido por su falta de solidaridad con nuestros hermanos mexicanos por haberla disfrutado. Otros, mucho más radicales, quienes, a pesar de haberla aguantado toda, se negaban a aceptar que tuviera algo positivo. Dos personas, mucho más consecuentes, se salieron de la película (¡chapeau!). Así debe ser cuando te produce tanto desagrado. 

Varias preguntas surgieron entonces: ¿Será que los narcos son “nuestros narcos” y somos los únicos que podemos hacer películas sobre ellos? Porque somos nosotros los que sufrimos su violencia, porque los conocemos y ya son parte de nuestra historia reciente. ¿Será que por no haber sido filmada en México se debe resentir el hecho de que utilizó el país sin dejar nada a cambio? Esta parecería una razón poco probable ya que gran cantidad de películas son y han sido filmadas en diversos lugares o en estudios. Me pregunto entonces si en el fondo, la discusión debe girar en torno a quién tiene derecho a representar al otro. Particularmente en un mundo globalizado, ¿cómo mostrar las profundas raíces culturales de los diferentes países? Una pregunta demasiado académica que poco les importa a quienes van al cine el domingo, y menos a los repartidores de premios.

Son muchas las opiniones sobre algo que no es más que una película. Novedosa sí, con cierto humor también, pero que desató emociones y vulnerabilidades a veces exageradas. No estoy segura de que Emilia Pérez aguante mucho el paso del tiempo. Entonces con solo verla una vez (o ninguna) es suficiente. Eso sí, podemos ver muchas veces las de Ripstein y repetir también Roma y Pedro Páramo. El buen cine mexicano siempre nos reconforta sin necesidad de abrocharnos los cinturones.

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Acerca del autor

Claudia Steiner
csteiner@razonpublica.org | + posts

*Profesora adjunta del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes

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*Profesora adjunta del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes

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