¿A qué le juega Petro? Un análisis de sus discursos - Razón Pública

¿A qué le juega Petro? Un análisis de sus discursos

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María Fernanda González

El alcalde ha sido tildado de revolucionario, de chavista y de antidemocrático. Sin embargo, una lectura atenta de sus discursos lo acercaría más bien a la nueva izquierda europea. ¿De qué lado está realmente? 

María Fernanda González*

Preguntas sobre Petro

Hace algunos días la portada de la revista Semana solicitaba al alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, que no hiciera más populismo o “no más balcón”, después de que este había convocado a sus seguidores a apoyarlo en la Plaza de Bolívar.  

Sin duda, las acciones del alcalde han producido gran conmoción, tanto entre sus simpatizantes como en sus detractores. Pero, más allá de las pasiones que suscita Petro, ¿cuáles son los contenidos de sus discursos? ¿Es realmente posible crear “un ágora”, como él lo anuncia, en la Plaza de Bolívar para discutir los graves problemas, ya no de la ciudad, sino del país?

Más allá de las pasiones que suscita Petro, ¿cuáles son los contenidos de sus discursos? ¿Es realmente posible crear “un ágora”, como él lo anuncia, en la Plaza de Bolívar para discutir los graves problemas, ya no de la ciudad, sino del país?

¿La noción de indignados que utiliza es la misma que lanzó el filósofo Stéphane Hessel en su ensayo ¡Indígnese!, que ha vendido cerca de 4 millones de copias en el mundo? ¿La rebeldía de Petro es un apéndice de la Revolución Bolivariana?

El análisis detallado de un conjunto de textos del alcalde, que incluye entrevistas como candidato a la Alcaldía, el discurso de posesión, artículos en la prensa defendiendo el POT, sus recientes discursos en la Plaza de Bolívar y algunas entrevistas a medios internacionales, permite identificar algunos rasgos básicos de su pensamiento.


Procurador General, Alejandro Ordóñez Maldonado.
Foto: Procuraduría General de la Nación

El discurso inicial

Petro presenta en su discurso características claves de la izquierda tradicional europea: luchar contra la inequidad social, el concepto de rebeldía y la noción de educación como elemento central para lograr los dos primeros objetivos.

Los principales temas de su discurso de posesión estuvieron ligados a estos tres conceptos: el derecho al agua para los grupos excluidas mediante la garantía del consumo mínimo vital; la transformación de la ciudad con una renovación urbana para que el pobre no sea marginado; mayores esfuerzos en los campos de la educación y la salud para mejorar las condiciones de los más desfavorecidos. Llama a una revolución de la educación e invita a los empresarios a construir 100 colegios en Bogotá.

En el campo educativo asegura que en la Constitución del 91 no quedó plasmado el derecho universal a una educación superior y por lo tanto, entre sus objetivos, estará el de reestructurar la Universidad Distrital.

Asegura también que es necesario apuntar a la calidad y solidez de un transporte masivo, tal como serán el metro, el tren o metro cable. Allí aboga por la disminución de costos del transporte y de un mayor aporte de quienes usan los medios privados. Habla también de la importancia de la prevención en materia de seguridad, con la prohibición del porte de armas, entre otros.

De manera general el discurso tiene un auditorio central: los pobres. Si bien se encuentran algunos pincelazos del discurso de Chávez, como el de soñar con una sociedad más homogénea (Petro asegura: “ojalá podamos olvidar la palabra estrato”), su discurso está centrado en los valores que promulga la izquierda moderna europea, con una fuerte sensibilidad por lo social en unión con el sector privado. En América Latina, más que a Chávez, este discurso se acerca al de Correa en Ecuador o al de Lulla en Brasil.   

Petro presenta en su discurso características claves de la izquierda tradicional europea: luchar contra la inequidad social, el concepto de rebeldía y la noción de educación como elemento central para lograr los dos primeros objetivos.

El discurso radical

Tras la destitución por parte del procurador, los mensajes de Petro se hicieron más radicales. El discurso de posesión estuvo movido por la razón, pero ahora se deja lugar a las emociones y a la rebeldía. Si bien las palabras cuantitativamente más nombradas por el alcalde son “democracia” y “paz”, sus discursos ya no están centrados en los proyectos de la Alcaldía.

El alcalde cambió su vocabulario y ahora denuncia el fallo como: “arbitrariedad, problema, golpe, miedo, guerra, destitución, temor” y se enfoca en el llamado a la ciudadanía: “ustedes, pueblo, popular, indígenas, jóvenes, mujeres, trabajadores”.

De la reflexión pasa a la acción: “vamos a comenzar el movimiento de los indignados”; “vamos hacia una gran movilización”; “vamos a explicarle detenidamente a la ciudadanía”; “vamos a convocar a Colombia”; “vamos a recibir las delegaciones del movimiento agrario”; “no nos vamos a quedar en la santa inquisición”; “vamos a triunfar”; “vamos a ganar”;“vamos a gobernar”; “vamos a salir de nuevo a esta plaza a llenar las calles”, etc.

Además de pasar a la acción, sus discursos ahondan en la historia de la izquierda y de los rebeldes. Insiste en que “era un mundo diferente” cuando a sus 13 años vio como bombardearon el Palacio de la Moneda, y recuerda que las últimas palabras de Allende apostaron a una revolución por las armas. Afirma: “Mientras unos se iban a la guerra, las oligarquías le apostaban a las dictaduras”.


El filósofo Stéphane Hessel autor del ensayo
“¡Indígnese!”. 
Foto: Jean-Marc Ayrault

¿Indignados colombianos?

Desde la perspectiva europea se puede afirmar que Petro tiene un discurso décomplexé (sin complejos). Asume su rebeldía, explica por qué optó por las armas y también por qué se reinsertó y participó en la Constitución del 1991.

Para Stéphane Hessel, autor del ensayo ¡Indígnese!, el objetivo principal del movimiento de “los indignados” fue enviar un mensaje a la sociedad para que actúe frente a todo aquello que le choque.  

En un ensayo, publicado bajo el nombre Ma Philosophie, Edgar Morin y Stephan Hessel, en diálogo con el gran intelectual Nicolás Truong, explican la coyuntura y el nacimiento de este movimiento. Dice Hessel: “me pareció justo, y es por lo cual escribí Indígnese, para propiciar la reflexión, en particular en los jóvenes, de todo lo que les choca, de todo lo que pueden hacer en todos los campos. (…) es una incitación de llevar la reflexión a la acción”.

Este movimiento se da ante el despliegue de un mundo llevado cada vez más hacia la indiferencia por el otro, a la deshumanización, a la barbarie, a la indiferencia y a la imposición de una economía ultra liberal. Europa vivía la crisis económica mundial de 2009, y el Gobierno Sarkozy tomaba duras medidas contra los inmigrantes.

Edgar Morin, intelectual de izquierda, reconoce que la sociedad francesa se encontró de golpe sin esperanzas con un retroceso no solo en el campo económico, sino político y social. En el caso de la izquierda asegura Morin: “los partidos que representaban la Francia republicana de izquierda se fueron progresivamente vaciando de su substancia. Del comunismo queda la estrella pequeña del partido comunista francés; de la social democracia, esta no supo regenerarse para responder a los desafíos de la mundialización. De ahí nace un sentimiento de impotencia y de resignación frente a la especulación financiera”.

Frente a esto Hessel insiste: “hoy más que nunca hay que reanudar los valores promulgados por la Resistencia (de la Segunda Guerra Mundial): seguridad social para todos, resistencia contra el feudalismo económico, colegio para todos, sin olvidar una prensa independiente”. En pocas palabras: una sociedad más justa y solidaria.

¿Cómo calificar este movimiento naciente de los indignados en Colombia?, ¿Es posible sostener un movimiento como el que propone Petro en el país?

Como parecen mostrar los discursos y el recorrido de su vocabulario, el fallo de destitución del procurador creó el detonante para que Petro dé vida a un movimiento que busca, en palabras pronunciadas el pasado 10 de enero: “convocar a la nación a un proceso constituyente que permita todas las fuerzas sociales de Colombia puedan redefinir los rumbos de este país hacia objetivos claros que no son más que salir de la guerra, acabar con la violencia, y permitir que la Patria sea de todos”.

De las palabras a los hechos

Si encontramos múltiples afinidades entre el pensamiento petrista y los grandes ideólogos europeos, ¿por qué Gustavo Petro no logró darle un liderazgo e imprimir sus ideales en un año y medio de gobierno?

Sin duda las principales críticas son la mala administración y la mala gestión de su programa de gobierno. Temas como la alta inseguridad en toda la ciudad, la mala infraestructura de las vías y las grandes dificultades en el tráfico son el día a día y la queja de los bogotanos, que pesan más en la población capitalina que los grandes planteamientos y las buenas ideas. A lo cual hay que añadir que la deserción sostenida de sus principales compañeros de equipo, que uno tras otro fueron abandonando la “Bogotá Humana”.

Si bien Petro no tiene un discurso chavista, sí se podrían retomar dos características negativas del proceso bolivariano que parecerían haber influido en el alcalde.

Tras la destitución por parte del procurador, los mensajes de Petro se hicieron más radicales. El discurso de posesión estuvo movido por la razón, pero ahora se deja lugar a las emociones y a la rebeldía.

Es bien conocido por las personas que han trabajado de cerca de él, cierta arrogancia con que ha manejado su proyecto. Al igual que Hugo Chávez, pocos le hablan al oído y sus decisiones parecerían estar motivadas muchas veces más por la pasión que por la razón y la factibilidad.

La segunda, relativa a los funcionarios y militantes de la Bogotá Humana, quienes quieren forzar la mano e imponer un estilo y un lenguaje arcaico de la izquierda radical como se hacía en tiempo de la maquinaria del Partido Comunista. Al punto que la Bogotá Humana se podría transformar ya no en un programa con profundas aspiraciones democráticas sino en un proyecto radical que promueve la exclusión de quiénes no militen en la causa.

Hoy la capital se ve enfrentada a albergar a los “Petristas Indignados” y los “Antipetristas Indignados”. Como lo recuerda Edgar Morin sobre las revoluciones árabes: “Hace falta una fuerza organizadora dotada de un pensamiento político capaz de dar sentido a la acción. Uno puede rebelarse, aspirar a otra vida democrática pero, una vez esta inspiración se manifiesta, estos movimientos se diluyen. Lo importante sobre todo es elaborar un pensamiento político fundado en un diagnóstico de la situación”.

El verdadero reto entre estas dos facciones será el de elaborar una propuesta con los cimientos y el rumbo que debe tomar la ciudad. El 2 de marzo conoceremos el deseo de los bogotanos de mantener o acabar con el proyecto de Bogotá Humana.

 

*Doctora en Ciencia Política de la Universidad de la Sorbona, miembro del Institut des Amériques, publicó recientemente el libro Hugo Chávez y Álvaro Uribe. La fuerza de las palabras. Dos discursos para gobernar, Instituto Caroy Cuervo. 2013.

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