
A propósito de Siria: confluencia de desequilibrios domésticos y regionales
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La grave situación en Siria está a punto de desencadenar la intervención de la comunidad internacional. Una lectura bien informada de lo que ocurre en el interior permite develar también el perverso juego geopolítico que Estados Unidos e Israel están desplegando en torno a Irán.
Benjamín Herrera Chaves *
El Estado sirio se encuentra en el ojo del huracán: los medios de comunicación, las presiones diplomáticas, las potencias occidentales y las organizaciones multilaterales y regionales se enfocan hacia una intervención internacional bajo la bandera de ‘Responsabilidad para proteger’, en una acción similar a la que tuvo lugar en Libia y que llevó finalmente al derrocamiento de Muammar Khadafi y de su régimen.
Los acontecimientos en Siria se han hecho cada vez más complejos: inicialmente se presentaron manifestaciones pacíficas — al tenor de las otras cobijadas bajo el término de ‘la primavera árabe’ — que fueron reprimidas violentamente. Luego, desde hace ya varios meses, el ejército sirio se enfrentó a una insurrección armada en toda regla que busca un cambio de régimen. Y ahora, el país está también en medio de las tensiones regionales que enfrentan a Estados Unidos e Israel con Irán.
El Estado sirio está formado por diversosgrupos étnicos: la mayoría árabes sunnitas, kurdos, circasianos y turcos, igualmente asirios, armenios y árabes cristianos. |
Minoría autoritaria
El régimen sirio es una dictadura cuya base política se centra en el partido Baath (Renacimiento en castellano) se fundamenta teóricamente en los principios del nacionalismo árabe, que basa sus reivindicaciones en separar el ámbito religioso del político. Su máxima aspiración es crear una entidad política que abarque a todas las sociedades árabes. Sería la respuesta al declive histórico de la ‘nación’ árabe frente a los turcos otomanos, en primera instancia, y frente a Occidente en segundo lugar.
El movimiento surgió tras la traición de las potencias europeas — Francia y Gran Bretaña — en el periodo inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial, que condujo a la implantación del Estado de Israel tras la Segunda Guerra.
El Estado sirio está formado por diversos grupos étnicos: la mayoría árabes sunnitas, kurdos, circasianos y turcos, igualmente asirios, armenios y árabes cristianos. Servían como factores de legitimidad para el régimen la garantía relativa para estas minorías de no ser apabulladas por los árabes sunnitas (tal como sucedió en Irak hasta la invasión de Estados Unidos y sus aliados en marzo del 2003), así como el traumatismo histórico de la dominación occidental y de la creación del Estado de Israel, el estar en su línea directa de confrontación.
Pero en la práctica, el gobierno es dominado por miembros de una rama minoritaria del Islam, los alawitas, que a su vez se consideran como parte del shiismo (partidarios de Ali, sobrino y yerno de Mahoma). De modo que confluyen dos factores: un régimen político autoritario dominado por miembros de una comunidad minoritaria, lo que explica la situación interna en Siria.
Como en Egipto, Irak, Túnez y Libia, la reivindicación panárabe como expresión tercermundista condujo a formar un régimen que cerró todos los espacios de participación a la sociedad: toda expresión de crítica o descontento fue reprimida rápida y cruentamente.
Como en los Estados mencionados, en Siria quienes pagaron el mayor precio fueron los Hermanos Musulmanes, movimiento fundamentalista islámico creado a finales de los años 20 en Egipto, pero que se extendió por todo el Cercano Oriente y el Norte de África.
En paralelo con el cierre de canales de expresión política, el autoritarismo facilitó la corrupción generalizada de los familiares de quienes han detentado el poder y de su círculo inmediato, normalmente miembros de la dirigencia del partido de gobierno, ampliando la brecha de desigualdad socio-económica, que ya constituía una herencia funesta del periodo otomano y del colonialismo europeo (disfrazado bajo el eufemismo de ‘protectorado’).
Oposición fragmentada
Los levantamientos en Túnez, en Egipto y prácticamente en toda la ‘nación’ árabe, que llevaron a las caídas pacíficas de Ben Ali y de Mubarak, sirvieron de catalizador a las expresiones de descontento que, como en ocasiones anteriores — y particularmente en la ciudad de Hama en 1982 — habían sido violentamente reprimidas.
La incapacidad de régimen para afrontar un proceso de apertura y reforma y la represión condujeron a la formación de milicias (alimentadas en parte por desertores de las fuerzas armadas) y a la confrontación armada que se desarrolla actualmente.
Los informes que provienen del terreno muestran a una oposición fragmentada — con un Consejo Nacional Sirio, en el exilio, igualmente dividido — pero que hasta el momento no ha puesto en juego de manera determinante los factores étnico-religiosos. Aunque entre quienes la conforman también hay individuos provenientes del grupo étnico minoritario dominante, los alawitas.
Si no hay solución a la vista y se prolonga la confrontación, las líneas de división étnica entrarán en juego con los desplazamientos inevitables (ya se han presentado algunos): se podría presentar una situación donde las minorías no sunnitas y posiblemente los kurdos terminen apoyando al régimen frente a la percepción de una amenaza de aniquilación por parte de la mayoría.
Esta posición se verá reforzada si una participación de fundamentalistas cercanos a Al Qaeda, nacionales o provenientes de Estados vecinos, proyectaran la imagen de una islamización de la revuelta.
El complejo tablero geopolítico
Pero la dinámica siria no se desarrolla en un vacio geopolítico. Siria es una pieza clave del entramado de conflictos domésticos, inter y transestatales que viven el Norte de África y el Medio Oriente. En particular la confrontación central entre Irán y un actor extra-regional, Estados Unidos, con tensiones subsidiarias entre Israel, Arabia Saudita y los otros Estados de la zona del Golfo Pérsico.
Este viernes 24 de febrero, en una reunión en Túnez de los autodenominados ‘Amigos del Pueblo Sirio’, a la cual asistieron representantes de 70 países, se conminó al régimen sirio a cesar la represión sangrienta.
La Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, planteó abiertamente que uno de sus objetivos es lograr que Rusia y China no utilicen el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando se presente una resolución que permitiría la intervención de la ‘comunidad internacional’ en Siria.
Es interesante observar que mientras todos los reflectores están enfocados sobre Siria, la ‘comunidad internacional’ mira hacia otro lado sobre lo que está ocurriendo en Bahrain, donde la represión de la oposición por parte de la casa reinante se hace con el apoyo de militares provenientes de Arabia Saudita. Tampoco se mencionan las acciones contra opositores en la parte oriental en este último país, que ha sido uno de los más activos en la condena a Siria. Cabría, igualmente, mencionar el silencio con respecto al ‘retraso’ en la institucionalización de la democracia en Egipto por parte de la Junta Militar.
Otro hecho interesante es la manera como los medios internacionales informan y ponen de relieve ciertas situaciones. Sin negar el costo humano ni la manera como se ha adelantado la represión en Siria, se informa de los 7.000 o más muertes que ha ocasionado el levantamiento en Siria.
Pero, ¿quién recuerda los más de 125.000 muertos ocasionados por la invasión militar de Estados Unidos a Irak? ¿Por qué se habla simplemente de ‘asesinato’ en el caso de la eliminación de un científico iraní y se utiliza en caracteres capitales el término ‘terrorista’ cuando el objetivo es personal israelí?
La superación del autoritarismo en Siria y el bienestar de su sociedad son solamente pretextos para eliminar a un régimen que constituye el único aliado estatal de Irán en el Medio Oriente y que permitiría a Estados Unidos y a sus aliados, especialmente a Israel, aislar aún más al Estado persa, neutralizando de paso a Hezbollah en el Líbano y limitando el margen de acción de Hamas en Palestina.
La eliminación del régimen sirio permitiría a los norteamericanos subsanar una consecuencia de su invasión a Irak y posterior desestructuración política y social. En la nueva realidad política iraquí, en medio de una confrontación interétnica que sigue cobrando víctimas prácticamente todos los días, el gobierno es dominado por los shiitas y si bien éstos no se pueden considerar un grupo monolítico, la influencia iraní se deja sentir a través de ciertos líderes religiosos y políticos.
La ‘presencia’ política iraní en Irak crea de hecho una media luna política shiita desde el Mediterráneo en Siria pasando por Irak, Irán, Bahréin hasta la parte oriental de Arabia Saudita, que aterra a las casas reinantes sunnitas de todos los Estados del Golfo y alimenta la percepción de desequilibrio, que afecta los intereses norteamericanos e israelíes.
Los derechos humanos y la instauración de la democracia en los Estados árabes y del Oriente medio en este caso no son más que instrumentos en manos de la potencia norteamericana y sus aliados para sus objetivos estratégicos y que sólo se aplican a aquellos regímenes que cuestionan o relativizan su predominio en la región.
* Profesor universitario, con interés académico en los conflictos internacionales y transestatales y las dinámicas geopolíticas en el sistema internacional. Actualmente a cargo de la dirección de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
Acerca del autor
Benjamín Herrera
Profesor universitario, con interés académico en los conflictos internacionales y transestatales y las dinámicas geopolíticas en el sistema internacional. Actualmente a cargo de la dirección de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
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