A cien años de la Gran Guerra - Razón Pública

A cien años de la Gran Guerra

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La Primera Guerra Mundial estalló el 28 de junio de 1914 y cambió para siempre la historia. ¿Cuáles fueron las causas de la hecatombe, cómo actuaron sus grandes protagonistas y cómo sigue afectando la actual geopolítica?

Carlos Alberto Patiño Villa*

Imprevisión

A cien años del asesinato del archiduque de Sarajevo, Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914, la prensa y la industria editorial han ido copando las librerías, los medios de comunicación y los centros de debate intelectual con información suficiente para ilustrar todos los hechos militares y diplomáticos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial, o la Gran Guerra, como la conocieron sus contemporáneos.

Uno de los hechos más decisivos en el comienzo de las hostilidades fue la insistente presión de Alemania sobre el Imperio austro-húngaro para que castigara a Serbia y a los nacionalistas radicales

Esa abundancia de información contemporánea sobre la Gran Guerra contrasta con la poca información fiable que tuvieron sus protagonistas acerca de su magnitud y sus consecuencias para cada uno de los contendores. Entre otras razones, porque no anticiparon la enorme capacidad destructiva que tendrían los nuevos armamentos producidos con principios científicos y técnicas industriales avanzadas.

Para evaluar las responsabilidades en el desencadenamiento de esta guerra es preciso decir que algunos Estados y gobiernos la propiciaron en mayor medida que otros, aunque esto no exculpa a los demás de las barbaridades cometidas.


Ilustración de la Conferencia de Berlín de 1884.
Foto: Wikimedia Commons

El papel de Alemania

Uno de los hechos más decisivos en el comienzo de las hostilidades fue la insistente presión de Alemania sobre el Imperio austro-húngaro para que castigara a Serbia y a los nacionalistas radicales, agrupados en organizaciones como la Liga de la Gran Serbia, por el asesinato del archiduque. La actitud de Alemania podría atribuirse a tres circunstancias básicas:

1. Este país había surgido en 1871 como un nuevo imperio, y como tal había pretendido hacer contrapeso permanente a Francia. Durante el reinado de Guillermo I y el gobierno de Otto von Bismarck, el nuevo imperio trató de convertirse en  centro del equilibrio europeo, y así intentó demostrarlo con la celebración de la Conferencia de Berlín de 1884, al mismo tiempo que acordaba alianzas secretas, especialmente con Rusia.

2. Alemania se había preparado militarmente y había mantenido la herencia de Federico II para hacer frente  a las amenazas desde el Occidente y desde el Oriente que habían marcado la historia de  Prusia.

3. Tras la muerte de Guillermo I y su hijo, el ascenso de Guillermo II y el retiro forzoso de Bismack de la política, Alemania se inclinó hacia el nacionalismo exacerbado, el militarismo como estrategia de cohesión social, y adoptó una política exterior basada en criterios geopolíticos tajantes. Estos criterios se plasmaron en planes militares como el de la “guerra relámpago” (“blitzkrieg”) elaborado desde finales de la década de 1890 por el general Alfred von Schlieffen, comandante del Estado Mayor de las Fuerzas Militares alemanas.

Paradójicamente, el nacionalismo alemán no surgió de la crisis económica, sino de la prosperidad obtenida mediante un desarrollo industrial inusitado. De aquí surgió un país unificado, con un Estado federal que conservaba para sí la dirección de la economía, la diplomacia, de las fuerzas militares y de la industria bélica. En este escenario, como recuerda Margaret Macmillan citando a Robert Zedlitz, Guillermo II era una especie “rey niño” a la cabeza de uno de los nuevos Estados más poderosos del mundo.

Los aliados

También conviene recordar que, tras el inicio de las acciones militares austríacas contra Serbia, el hecho más importante de la guerra fue la invasión alemana de Francia a través de Bélgica cuyo gobierno, de manera inesperada para los alemanes, se negó a aceptar el libre tránsito de las tropas invasoras.

Sin embargo, esto no hizo que los británicos actuaran de inmediato a favor de los belgas y no les acompañaran en el contraataque frente a los alemanes: Inglaterra incumplió el tratado que la obligaba a proteger la neutralidad de Bélgica.

La invasión alemana de Francia (con una estrategia repetida en la Segunda Guerra Mundial) tuvo un segundo elemento clave: el inicio de otra guerra alemana contra Rusia, cuando el zar en agosto había movilizado una fuerza militar de más de cinco millones de soldados (aunque la mayoría carecía del entrenamiento adecuado y municiones,  y aunque los otros ejércitos también sufrieron de una constante limitación en los suministros).

Alemania luchó por imponerse a la Europa continental como un imperio central, más que como una mera potencia.

La guerra ruso-germana se inició en los territorios de Polonia, que se encontraba entre los dos imperios y había sido objeto de invasiones y repartos a los largo de su historia.   Por eso esta guerra fue una de fronteras, con movimientos y amenazas abiertas sobre las tierras  y las poblaciones civiles, algo que ya se venía practicando en ciudades como Lovaina.

La guerra simultánea de Alemania en varios frentes hacia urgente el aplastamiento de Serbia, pues de otro modo Rusia podría seguir contando con su aliado eslavo y difícil de combatir en el centro montañoso de los Balcanes.

Mientras tanto el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda (su nombre oficial de entonces) había hecho todo lo posible por no entrar a la contienda. Inglaterra no se sentía preparada: por una parte, venía de una caótica década marcada por la guerra de los Boers; por otra  parte, había retrasado conscientemente la modernización de la Armada, su gran bastión militar. Sin embargo, iniciada la guerra, Gran Bretaña movilizó soldados reclutados en la India, Australia, Singapur, Shanghái, Nueva Zelanda y Canadá.

Y otro tanto hizo Francia, que oficialmente se proclamaba como una república pero que mantenía un imperio, más pequeño que el británico. Soldados argelinos y de otros varios países de África y  Asia Pacífico combatieron  al lado de los franceses.


Ilustración del asesinato del Archiduque de Austria,
Francisco Fernando.
Foto: Wikimedia Commons 

La geopolítica

Alemania luchó por imponerse a la Europa continental como un imperio central, más que como una mera potencia. Esto produjo la reacción de Gran Bretaña y de Francia, y creó el escenario para una acción de Rusia, fallida y desastrosa.

Alemania no fue a la guerra para imponer un orden internacional contemporáneo, sino para convertirse en el centro del orden de los imperios multinacionales de una Europa todavía pensada en términos del siglo XIX, aunque plenamente desarrollada tanto tecnológica como económicamente.

La actuación de Francia fue lamentable, y en términos generales pareció estar más preparada para disputar una guerra similar a la franco-prusiana de 1871, que para la que le planteaba Alemania con movimientos rápidos de infantería, adaptados al terreno y apoyados por bombardeos masivos, soportados además por líneas de abastecimientos que  podían desplazarse casi tan rápido como las líneas de ataque.

La defensa francesa tuvo que ser reforzada por los británicos, y aún con este apoyo la guerra no fue decisiva sino que se estancó en las trincheras, algo que acabaría por ser la clave de la prolongación de las hostilidades y uno de los teatros más horrendos de la historia humana.

En semejante escenario bélico y político, el ingreso de Estados Unidos a la guerra tuvo una trama complicada, pues el presidente Woodrow Wilson ganó la elección con el discurso de  no intervención en la política europea.

Sin embargo, las provocaciones constantes de Alemania y el famoso “telegrama Zimmermann”, del 16 de enero de 1917, donde el gobierno alemán le ofrecía armas y  dinero a México para que este iniciara una guerra contra Estados Unidos por los  territorios que había perdido en 1848, acabaron por sumar los Estados Unidos al conflicto europeo.  En abril de 1917, con la autorización del Congreso, Wilson declaró la guerra contra el Imperio alemán.

Repercusiones presentes

La guerra pudo ser evitada, pero una vez sucedió el mundo cambió radicalmente: la Gran Guerra produjo un nuevo orden internacional, representado por la Sociedad de Naciones, que fracasó tan rápido como surgió, pues su creador, Estados Unidos, se negó a darle el apoyo necesario.

La Primera Guerra Mundial dejó secuelas y consecuencias duraderas, y que pueden leerse en diferentes escenarios de la actualidad:

– En China, que regresa al escenario global,

– En Japón, donde empieza a renacer el nacionalismo,

– En Rusia, que busca un papel preponderante en Europa Central,

– En Alemania, que está en el centro de poder de la Unión Europea y, finalmente,

– En Estados Unidos, que ha regresado a una versión moderada de su aislacionismo con un liderazgo moderado que le permita tener un menor compromiso militar y diplomático, y la recuperación de su papel como centro de liderazgo económico y tecnológico mundial.

 

* Profesor titular y director del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia

 

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Carlos Alberto Patiño

Escrito por:

Carlos Alberto Patiño

*Profesor Titular de la Universidad Nacional de Colombia.

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