8M: una conmemoración que convoca a tantas | Marta Juanita

8M: una conmemoración que convoca a tantas

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El 8 de marzo nos convoca a todas las mujeres, aunque aún hay quienes ven irrelevante esta conmemoración o la interpretan como un motivo de rosas y regalos. Esta lucha que nos convoca comenzó mucho antes que este día (8M) y está en las manos de mujeres como Marta, mi abuela y la de tantas más por generaciones. Sus manos tienen las marcas de una lucha antes silenciosa, desde la cocina, desde el hogar, desde sus inquietudes y temores que debían compartir entre ellas o quizá en un silencio tedioso por no tener interlocutor/a.

Se conmemora la lucha de las mujeres por la dignidad, los derechos y la equidad. Se conmemora a las mujeres trabajadoras que hicieron visibles las brechas y las desigualdades. Aunque mujeres trabajadoras somos todas y no sólo aquellas que producen y salieron del hogar por un salario. Las que se quedan (nos quedamos), por momentos o continuamente en el hogar, somos también trabajadoras, ese trabajo arduo y no remunerado que es un sello en nuestra historia común y un diferenciador con la historia de los hombres.

Sin duda, las mujeres que salieron a trabajar por salario dejaron marcado un camino para que todas las siguientes podamos exigir derechos y alzar nuestra voz. Este camino tiene hitos como las huelgas y los logros. En Colombia, en 1920 las mujeres se levantaron contra el abuso de tener menor remuneración que sus pares hombres, contra la discriminación por su estado civil y contra tener condiciones laborales deplorables como no poder calzarse por decisión del empleador. Algunos logros jurídicos empezaron a verse con el derecho a la administración de bienes en 1932, a la educación superior en 1935, el derecho al voto en 1954, la no violencia en 1993, la ley de cuotas en el 2000.  Sin duda, no son los únicos logros en este camino en el que aún faltan logros para la dignidad, contra la discriminación y la violencia y hacia cambios en la norma social.

Más atrás, aún sin luchas visibles y con menos hitos también se puede rastrear la importante participación de las mujeres en actividades de cuidado para su hogar o para otros ya sea cocinando, lavando o cuidando enfermos, enseñando. La historia tiende a invisibilizar esa contribución que podía ser remunerada o no, pero ahí estaban: mujeres del siglo XIX en Santa Fe de Bogotá contribuyendo en chicherías, lavanderas o costura; mujeres indígenas en los resguardos o en los pueblos de indios produciendo alimentos o las mujeres esclavizadas y su ejercicio de resistencia.

El siglo XIX trajo mujeres valientes que recordamos por batallar contra el yugo español, Policarpa, la más grande, aunque fueron más. La historia recuerda pocos nombres y no logra ubicar la contribución de mujeres trabajadoras en el siglo republicano, como si no estuviéramos, como si no hubiera sido importante sanar, cuidar, educar, cultivar y cosechar. La economía del café -que fue nuestra salvación- tiene mujeres detrás, las chapoleras en la cosecha y las que administraban las labores para organizar la producción. En 1872, las mujeres empiezan a formarse como educadoras con la creación de las Escuelas Normales femeninas y como cuidadoras en salud a fines del XIX en el Hospital San Juan de Dios con la participación de comunidades religiosas femeninas. Todas estas deben reconocerse pues este país ha avanzado también gracias a ellas.

Pero los logros visibles del siglo XX no han cerrado la brecha como lo muestra el informe del Banco Mundial que señala que las mujeres tienen solo dos tercios de los derechos legales que gozan los hombres (el tercio ausente es la violencia y el acceso a cuidado infantil). Más aún, a pesar de las leyes existentes hacia la equidad, estas no logran materializarse dejando a las mujeres en desventajas laborales y de remuneración.  La brecha no sólo está en los salarios sino en el acceso a trabajos dignos dejando a más mujeres en la informalidad o en el hogar o restringiendo la participación en cargos directivos, a poder ahorrar de la misma manera para adquirir pensión o a las continuas brechas por la decisión de la maternidad. Esto sin hablar de las violencias contra nuestros cuerpos, vidas, dignidad y tranquilidad además de los imaginarios machistas que aún hoy reproducen la idea de que somos inferiores en ciertas áreas del saber, buenas para limpiar, malas para conducir o decidir y así, dificultando el cambio cultural hacia la equidad.

Así, la conmemoración del Día de la Mujer, de las mujeres no sólo es un recuerdo de un día, más bien es la conciencia de una lucha continua. Esta conmemoración es por los logros y para subrayar lo que falta. Es por recordar que nuestra voz es válida, fuerte y que, por ellas, las del pasado estamos donde estamos pero que también debemos contribuir a ellas, las del futuro para que sus vidas sean dignas, libres y equitativas.  Nuestra lucha continua, nuestras banderas no serán silenciadas.

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Marta Juanita Villaveces Nino

Escrito por:

Marta Juanita Villaveces Nino

Decana Facultad de Ciencias Económicas Universidad Nacional de Colombia

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