55 billones para la reactivación: pacto a las buenas o pacto a las malas
Foto: Radio Nacional

55 billones para la reactivación: pacto a las buenas o pacto a las malas

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No todo puede quedar en manos del mercado. El Estado debe orientar, invertir y generar condiciones para lograr resultados positivos y duraderos entre el sector público y el privado. El Pacto del Crédito busca reactivar la economía, pero aún le falta precisar puntos importantes para que sea efectivo.

Jaime Acosta Puertas*

Escenario de una crisis

El Banco de la República sube las tasas de interés para frenar la inflación; los bancos cobran altísimos intereses y difieren los créditos al mayor tiempo posible para no afectar el margen de ganancia y liberar más espacio para el consumo; la gente tiene llenas las tarjetas de crédito por los altos intereses bancarios; los seguros están por las nubes; las empresas —por lo general, alineadas con la derecha— moderan sus operaciones esperando que el Gobierno actúe beneficiando a algunos y perjudicando a otros —en Colombia es imposible que el beneficio cobije a todos (como ocurre en Asia y, en otras épocas, en países desarrollados de occidente)—; la Corte Constitucional, con sesgo ideológico, tumba reformas y leyes que no les gustan a los poderosos y a las multinacionales, pero comprometen los ingresos del Estado para la inversión. Entonces, los desarreglos institucionales son perversos como se constata con las olas de corrupción que han capturado al estado desde la política y el mercado.

Primero la ciudadanía

La solución no es inyectar recursos a las empresas, si los bancos no comienzan por revisar sus tasas, modelos de operación que castigan al ciudadano por “errores” que nunca corrigen y tasas de usura que cobran según como diseñan sus modelos financieros, así como la falta de reglas básicas homogéneas para conjunto del sistema. No todo puede quedar en manos de la libre competencia, por la que cada banco hace lo que le viene en gana.

Así las cosas, el acuerdo debe pensarse, primero, para el ciudadano que consume bienes y servicios: si este no recupera confianza y liquidez en el sistema, los billones que recibirán las empresas serán plata perdida que el Estado terminará pagando. El mercado —en este caso, los bancos— no arriesgan un peso; en caso de que lo hagan, el Estado debe salvarlos, cuando ellos son el problema.

Es la desposesión neoliberal, como dice Judith Butler. En este contexto, el Banco de la República debe seguir bajando la tasa de interés; de lo contrario, se constituye en una barrera al Pacto del Crédito, y este comenzaría en medio de un escenario de incertidumbre, desconfianza y temor de las empresas para endeudarse.

Este debe ser uno de los puntos más difíciles en la discusión entre el Gobierno y los bancos, porque la inflexión de la economía es por errores de anteriores gobiernos y de los empresarios, y de una equivocada teoría.

Acuérdese de la crisis de las hipotecas de 2008 en el gobierno de Obama, de los billones que les pasaron a los bancos en el gobierno de Duque y que se convirtieron en deuda de corto plazo —que ahora el gobierno del presidente Petro está obligado a pagar— y de los inmensos ingresos por las exportaciones de recursos fósiles que se volvieron fuente de corrupción con las regalías de los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD) de paz.

De esta manera, los bancos y el Gobierno se juntaron porque se necesitan, dado que la demanda por efectivo ha caído en las mismas cantidades con las que está pactado el acuerdo para reactivar la economía: los bancos creen que es suficiente poner en el mercado 33 billones; el Gobierno dice 55. 

Al final, es un encuentro entre opositores; pero Colombia debe estar por encima de tanta banalidad ideológica. El mundo necesita un nuevo discurso civilizatorio, y esta nación, una nueva narrativa política, económica, social, ambiental y territorial.

Pacto por el Crédito

Lo primero por entender, para no caer en falsas expectativas, es que este no es un acuerdo para repensar el sistema productivo y económico a largo plazo; este es un pacto para 18 meses, entre el Gobierno y los bancos, y nadie más.

Es una alianza para poner en el mercado billones que están quietos en las cajas del sistema financiero, pero ambos necesitan esos recursos para la reactivación.

Sin embargo, lo más importante son las medidas y las políticas que respaldan ese flujo de dinero en la economía para que las empresas lo usen bien, porque los créditos se harán bajo reglas de mercado —es decir, yo te presto y tú me devuelves con intereses—.

Lo máximo que se logrará son tasas más bajas y tiempo para madurar las inversiones que hagan las empresas en su actividad. Así lo han hecho otros países cuando han irrigado recursos de este tipo en la economía.

La clave son los contenidos de la política y sus estrategias para que la masa de crédito sirva; de lo contrario, el colapso sería mayor. Aún faltan puntos por precisar, entre ellos el siguiente.

La fórmula no es la misma para todos los sectores

Este es un buen criterio de política porque no todas las actividades son iguales y no todas necesitan lo mismo. El más grande error de política económica de Colombia ha sido el enfoque de que las políticas productivas deben ser horizontales y de que, por tanto, todos los sectores son iguales. No se ha tenido la visión y la capacidad de entender que toda nación debe hacer apuestas estratégicas considerando que tiene las mejores condiciones y potencialidades de desarrollo. Así lo han hecho las economías emergentes de Asia y las economías desarrolladas de occidente.

Ninguna nación ha avanzado con políticas generales, indiscriminadas, neutras, horizontales o transversales —como se quieran llamar—. Otra cosa es disponer condiciones estructurales de efecto difundido para impulsar las apuestas productivas estratégicas: por ejemplo, la educación de calidad para toda la población es un tipo de política horizontal; luego, ya con la educación superior, se hace énfasis en desarrollar capacidades en áreas del conocimiento de las principales apuestas productivas —agricultura, energías alternativas, salud, movilidad y defensa—, a manera de ilustración con base en la política nacional de reindustrialización PNR.

De esta manera, es un buen criterio no tener una fórmula única para todos los sectores, porque ocurre que, en la medida en que unos sectores dejan de ser estratégicos, vendrán nuevas especializaciones que requerirán de apoyos específicos para impulsarlas.

Esto significa que siempre habrá que fortalecer capacidades en conocimiento, investigación, emprendimiento, y las instituciones. El desarrollo es simple, a la vez complejo, y de sentido común. En el subdesarrollo la inteligencia divaga, se queda corta y se pierde en lo mismo.

Foto: Alcaldía de Medellín

Las apuestas estratégicas del Pacto del Crédito: lo bueno, lo malo y lo incierto

Los sectores elegidos son los siguientes, según el orden en el que accederían a los créditos: manufactura y transición energética, vivienda, agricultura, turismo y economía popular. Esta es una apuesta estratégica de 18 meses para la reactivación inmediata. Las diferencias en los 55 billones por distribuir son grandes: 35,2 billones para manufactura y energías alternativas; en el otro extremo, para la economía popular, 3.4 billones. Es decir, hay una focalización diferenciada según características y necesidades de cada sector, lo cual es un criterio correcto.

Sin embargo, hay un riesgo enorme, y es el siguiente: vuelve y acecha el fenómeno de acciones y medidas para todos los sectores. Por ejemplo, en el componente de manufacturas y energías alternativas, cabe todo, y se pierde el efecto de la acción estratégica.

Más bien, si así lo deciden, abrir un sexto foco, o eliminar las manufacturas recordando los mecanismos que hay para pymes y otros sectores en la política nacional de reindustrialización (PNR).

El Plan Nacional de Desarrollo hay que ponerlo en plena ejecución y también la política de reindustrialización; de lo contrario este pacto confundiría y nacería sin ámbito ni proyección.

Los bancos y el Gobierno deben decidir con fundamentos técnicos y no solo políticos, sin limitarse a la angustia inmediata: unos para poner a circular plata que les sobra, y el Gobierno para hacer algo contundente luego de entender el desorden que encontró y las cosas oscuras que recibió de gobiernos anteriores.

El Pacto del Crédito debe enfatizar que es únicamente por 18 meses; pero es la base para un acuerdo más amplio en el siguiente gobierno —sea este progresista o de centro—, porque ya se sabe que un candidato de extrema derecha sería una declaración de inestabilidad como jamás ha visto Colombia, puesto que la paz está pisando terrenos inestables.

La política de reindustrialización es la clave

Dicho lo anterior, el Pacto del Crédito, si ya están acordados los sectores, debería estructurarse así, especificando cuales son intensivos en investigación, desarrollo e innovación I+D+í, y cuales solo en i. 

Esta es una variable fundamental en el momento de analizar las solicitudes de crédito, porque las intensivas en conocimiento son las más promisorias y las que más efectos positivos difunden en la economía, en la sociedad y en los ingresos del Estado.

Debe considerarse el plazo de los créditos para cada sector según una caracterización por intensidad y profundidad en innovación. Para las empresas de I+D+i más tiempo, para las otras menos. También deben tenerse en cuenta las características de cada sector.

  • Sectores de la reindustrialización:
  • energías alternativas y agricultura. I+D+i
  • Vivienda. i
  • Turismo. i
  • Economía popular. i

Para otros sectores, hay que mostrar los instrumentos clave para su reactivación según las políticas existentes, incluidas las manufacturas de todo tipo. 

Más bien, deben estar las otras apuestas estratégicas de la política de reindustrialización: industrias de la salud, defensa y movilidad. De tal manera, todo el núcleo central de la PNR quedaría dentro del Pacto por el Crédito.

Lo importante es dejar claro que es una acción en el marco del Plan Nacional de Desarrollo y de la PNR, que oriente y blinde al acuerdo entre el Gobierno y los bancos, para evitar la dispersión y deformación informativa de una oposición que nada entiende.

Síntesis

  • La ciudadanía, primero.
  • Los bancos deben analizar muy bien a cuáles empresas les prestan la plata para evitar que los recursos terminen en empresas de fachada, de corrupción y lavado de activos.
  • El Banco de la República debe bajar más las tasas de interés.
  • Con respecto a las energías alternativas y la agricultura. deben aceptarse empresas de las otras apuestas estratégicas de la PNR: salud, movilidad, defensa.

Y es un pacto para el futuro y no solo para el presente porque frena los impactos perversos de la desindustrialización neoliberal e inicia el periodo de una reindustrialización sostenible e innovadora.

Acerca del autor

Jaime Acosta
jaimeacosta@razonpublica.org.co | + posts

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

1 comentarios

Jaime Acosta

Escrito por:

Jaime Acosta

* Analista político, consultor e investigador independiente experto en economía de la innovación.

Comentarios de “55 billones para la reactivación: pacto a las buenas o pacto a las malas”

  1. Gracias. Interesante. Sugiero escribir lo mismo en un lenguaje tal, que los actores de la economía popular lo entendindan.Salud.

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