
A 500 años de la fundación española de Santa Marta: ¿celebrar o conmemorar?
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Descubra el debate que se reabrió a pocos meses de que se cumpla medio milenio de la fundación española en Santa Marta. Teniendo en cuenta la complejidad de dicho proceso histórico ¿debemos celebrar?
“Escribo en una lengua que se formó lejos de aquí.
Alguien que sigue en mi sangre trajo esta lengua de otro mundo, donde él había sido de una forma que quería olvidar, donde lo había vestido una pobreza que él quería negar. En medio del océano tuvo que morir para llegar aquí y volverse otro. De su viejo mundo traía su lengua entera como una palabra que se trae del sueño; solo que del sueño no se traen palabras ni se trae nada más que el miedo y el deseo.
Escribo en una lengua que se formó sin ver nada de lo que había en este lado”.
Carolina Sanín. Somos luces abismales
Los 500 años
En 2025, la ciudad de Santa Marta cumplirá 500 años de haber sido fundada por el conquistador español Rodrigo de Bastidas. No sobra aclarar que, en el territorio de la actual Santa Marta, desde el mar hasta el pico nevado de la Sierra, ya existían personas: pobladores organizados en sociedades diversas y complejas con tradiciones, creencias, relaciones con el territorio, jerarquías, alianzas y rivalidades.
Esto implica que usamos conceptos inadecuados para describir este proceso histórico, empezando por la famosa expresión “Nuevo Mundo” y pasando por la idea misma de “Descubrir”: no es nuevo mundo aquel que ya está habitado y no se descubre lo que ya está descubierto. Otros conceptos más ilustrativos y precisos históricamente pueden ser: saqueo, despojo, asesinato, desplazamiento, esclavización e imposición. Pero también alianzas, complejidades, hibridación y mestizaje. Nuestra historia, como todas, está llena de procesos complicados que no deben reducirse a denuncias anacrónicas y maniqueas de genocidios, pero tampoco a relatos romantizados del “encuentro” de tres mundos.
Vale la pena analizar qué hay detrás de cada una de estas lecturas y por qué es importante discutirlas de frente, mirándonos a los ojos y entendiendo sus consecuencias.
¿Cuál es la polémica?
La fecha mencionada ha sido entendida por algunas personas como la ocasión apropiada para fomentar discusiones sobre la conquista del Caribe y sus efectos en quienes ya habitaban este territorio y quienes fueron traídos esclavizados a explotarlo, dándoles prioridad como grupos históricamente discriminados, empobrecidos y excluidos de espacios de poder. Por otro lado, otras personas prefieren reivindicar la fundación de la ciudad como un “sueño de convivencia”, donde predominó un intercambio comercial consensuado y en el que Bastidas fue recibido como un viejo amigo. De acuerdo con esta visión, Santa Marta sería una excepción a la regla, donde la Conquista fue menos violenta y más amigable. Entre estas personas se encuentra el famoso cantante samario Carlos Vives, cuya postura puede leerse en el artículo “Carlos Vives: ‘Santa Marta 500 años, el pacto de nuestro origen’”.
Este debate complicado ha sido tratado por la prensa local y nacional de manera muy simplista, llevándolo principalmente al terreno político electoral e interpretándolo como una confrontación de bandos, donde un grupo odia la ciudad y su historia mientras otro las defiende. La polémica alcanzó su punto más alto cuando el ministro de Cultura del gobierno actual hizo declaraciones alineándose con la idea de conmemorar de manera crítica y no celebrar la llegada de la “civilización”, el cristianismo o la lengua española. Esta manifestación suscitó el rechazo del alcalde de Santa Marta, algunos congresistas, la Academia de Historia de la ciudad y otros actores. Aunque el ministro afirmó que quienes exaltan la hispanidad están en su derecho, para muchos samarios y otros actores, lo dicho es un irrespeto y una mala interpretación de la historia. Consideran que esa postura política no solo pone en riesgo la celebración del quinto centenario, sino que le resta importancia histórica.
La complejidad del proceso histórico
Un anacronismo consiste en juzgar un momento histórico con los valores de otro contexto. Así se ha interpretado la denuncia de la violencia de la Conquista: un anacronismo, sobre todo entre quienes hablan de exterminio o genocidio. Es importante mencionar que el concepto de genocidio es propio del siglo XX, especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, por lo que no se puede usar para procesos de siglos anteriores. Pero esto no implica que en la Conquista no se emplearan métodos extremadamente violentos ni que sus resultados no fueran lo que los historiadores llaman la catástrofe demográfica. Esto es un hecho, no una opinión. Los registros españoles documentan la disminución poblacional, y ha sido ampliamente estudiada, entre otras cosas, por ser la principal causa de la traída forzosa de personas esclavizadas de África.
Por tanto, es posible analizar los efectos de la Conquista en la población indígena sin caer en anacronismos. Desde los valores de la época, Fray Bartolomé de las Casas y otros funcionarios españoles denunciaron los tratos crueles a los indígenas. Las leyes de indias que poco después intentaron protegerles también lo evidencian. Las enfermedades y el maltrato redujeron la población americana, y el Caribe colombiano no fue ajeno a ello. Como afirma el intelectual samario Alberto Abello Vives, nuestro Caribe colombiano es una “isla encallada” unida pero a la vez desarticulada del Gran Caribe:
“La tragedia de la población indígena en el Caribe colombiano en el siglo XVI, al insertar en el territorio el mercantilismo europeo, ha sido analizada por el historiador Hermes Tovar. La historia del Caribe colombiano es una historia de exterminio y al mismo tiempo de valerosa resistencia, tanto de la población indígena como de los esclavos africanos y sus descendientes” (Abello, 2015, pág. 50).
La catástrofe demográfica que casi hace desaparecer a la población indígena, así como las crueldades de la esclavitud, son hechos históricos, no opiniones anacrónicas de quienes desprecian a Santa Marta y su historia.
Por otra parte, otro aspecto central a considerar es el objetivo evangelizador de esta empresa. La Conquista y la Colonia se justificaron en gran medida por la expansión de la cristiandad, lo cual añade complejidad al debate. Por un lado, algunos de los actores que llegaron a este continente lo hicieron con la convicción de que salvarían almas perdidas al convertirlas a la «verdadera fe». Sin embargo, esta conversión fue forzada y violenta, tanto en sus métodos como en su propósito de erradicar lo no cristiano. Es lo que Serge Gruzinski denominó la colonización de lo imaginario. Esta imposición cultural constituye uno de los procesos históricos más violentos y de mayor impacto a largo plazo para cualquier sociedad. Esto lo hicieron los españoles tanto con indígenas como con las poblaciones africanas que esclavizaron: les hicieron perder la lengua propia, la cosmovisión, los vínculos con el territorio, las nociones de lo sagrado, las formas de organización social, las estructuras familiares y de poder —todo aquello que hace única y particular a una sociedad—. Esto es extremadamente violento.
El problema del mestizaje
Otro argumento empleado por quienes defienden la celebración es la exaltación del mestizaje.
Nos han enseñado que todos llevamos algo de español, que todos disfrutamos de la cumbia, considerada el ejemplo por excelencia de la supuesta armonía entre lo español (baile coqueto y trajes de cuadros y faldones), lo indígena (instrumentos de viento) y lo afro (percusión, movimiento de caderas y otros estereotipos racistas). Y ni hablar del vallenato. En efecto, aquello que con el tiempo hemos construido como nuestra identidad es el resultado del sincretismo y la mezcla de tradiciones y creencias.
Es un hecho innegable que el mestizaje comenzó desde el primer día de la Conquista. Sin embargo, más que una fusión armónica de culturas, ha significado siglos de jerarquización y un orden social racista y clasista, en el que lo blanco y español se ha privilegiado sobre lo negro e indígena. Además, ha sido una sociedad profundamente patriarcal. El mestizaje, en muchos casos, es producto del abuso hacia las mujeres, utilizado como una de las formas más efectivas de dañar al otro: un verdadero botín de guerra.
El mestizaje, además de haber sido un producto de la violencia ejercida contra indígenas y personas africanas esclavizadas traídas a este continente, también fue un discurso político utilizado en el siglo XIX para crear una idea generalizada de nación unificada tras la independencia. Por ende, es importante conocer el contexto en el que surge el discurso del mestizaje como elemento unificador de la nación, para no utilizarlo como una idea romántica de armonía y unidad. Se barrió la mugre para ocultarla debajo del tapete y vender una imagen de nación unificada. Por eso, es necesario estudiarlo de manera crítica para comprender por qué es problemático celebrar la idea de hispanidad.
Es cierto que la crítica a esta celebración se hace, paradójicamente, desde la misma lengua del colonizador. Pero reconocernos como producto del mestizaje no implica caer en la idea simplista de que hemos sido iguales y vivimos en armonía. El racismo estructural existió y persiste. Entender que llevamos tanto a los conquistadores como a los conquistados en nuestra sangre y en nuestras culturas no impide realizar reflexiones críticas sobre cómo el mestizaje ha sido un discurso que ha ocultado las inequidades y jerarquías de origen racista, con profundas consecuencias actuales. Un ejemplo de que esto no es un debate inútil es la actual tasa de desempleo en Colombia: 8,4% para hombres sin autorreconocimiento étnico y 10,2% para mujeres. Sin embargo, para hombres negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros es de 9,1%, y para mujeres de estas comunidades, 18,6%, casi el doble (DANE, 2024).
Lo mismo ocurre con indicadores como la pobreza monetaria, la pobreza multidimensional y otras problemáticas sociales que afectan desproporcionadamente a indígenas y afros. Por ello, no se puede ignorar que la conquista, la esclavización, el racismo y la discriminación tienen consecuencias palpables en la sociedad colombiana actual.

En síntesis ¿Fue violenta o armónica la conquista de Santa Marta?
Sí, fue muy violenta. Aunque a Rodrigo de Bastidas algunos lo describen como un conquistador benévolo y un intelectual, estudios como el del economista samario Joaquín Viloria lo presentan en su justa medida: un importante comerciante de Santo Domingo que no solo tenía enormes deudas y serios problemas judiciales, sino que
“Fueron varias las querellas en contra del gobernador Rodrigo de Bastidas. En una de esas se acusaba a Bastidas de que, diez días después de haber desembarcado en santa marta en 1526, tonó dos navíos con 150 hombres y se fue a rescatar en pueblos de la Provincia de Cartagena, como la isla de Carex. En este pueblo robó y quemó, y tomó como prisionero a sus caciques, los cuales fueron llevados a Santa Marta para ser vendidos (Freide, 1955, p+ag.219). En efecto, se quejaba el cronista Fernández de Oviedo de que Bastidas y sus hombres atracaron la provincia de Cartagena y capturaron cerca de 500 indios, los cuales fueron esclavizados, además de 12.000 pesos de oro (Fernández de Oviedo 1851; Cuesta, 2017; Bermúdez, 2000). Otros autores encontraron que a los gobernadores y vecinos se les autorizaba esclavizar a los indígenas rebeldes: <<A Bastidas se le concedió la licencia para tomar esclavos entre los indios y venderlos>> (Freide 1961, pp.142-144). Algunos testimonios acusaban a Bastidas de llevar preso al cacique de Bonda y a su hijo, por quienes debieron pagar un rescate elevado. El gobernador dijo que fueron 500 pesos de oro, pero otros testigos afirmaron que fueron mucho más.” (Viloria, 2023, pág. 57).
Rodrigo de Bastidas fue, como muchos otros, un empresario de conquista que buscaba hacer rentable su negocio financiando sus expediciones primero con deudas y luego con el oro, perlas y esclavos obtenidos en provincias como la de Santa Marta. Sus objetivos no eran crear ciudades y sociedades para la convivencia armónica, sino obtener suficientes recursos para volver a Europa como un hombre rico y poderoso. Tal como lo explica Margarita Garrido en un reciente video titulado “¿Cuál es el lugar de la conquista y la colonización en la memoria histórica de Colombia?”, en el Caribe colombiano las cabalgadas eran empresas extremadamente violentas basadas en el saqueo y la toma por la fuerza de oro, perlas y personas para esclavizarlas o cobrar recompensa por ellas.
Sin embargo, también hubo destacadas resistencias. No podemos olvidar los primeros palenques en la Sierra Nevada de Santa Marta, los negros esclavizados que escapaban y las quejas constantes de cronistas, funcionarios y religiosos sobre los “indios rebeldes” que vivían en el monte, comerciaban con los imperios enemigos de España y se negaban a ser sometidos. Según ellos, por esta razón la provincia permaneció en un estado miserable y pobre hasta la segunda mitad del último siglo colonial (Escandón Vega, 2013, pág. 45).
Considerando todos estos elementos, los samarios y los colombianos en general debemos generar reflexiones críticas que trasciendan visiones simplistas y maniqueas de nuestro pasado y presente. Señalar que grupos poblacionales racializados y discriminados no se sienten representados por estatuas como las de Rodrigo de Bastidas, Sebastián de Belalcázar o Jiménez de Quesada no es un acto de odio hacia las ciudades coloniales ni una negación de su historia. Es una muestra de empatía hacia quienes hoy aún sufren las consecuencias de la esclavitud, el despojo y el racismo. Negar esto no solo es éticamente cuestionable, sino intelectualmente insostenible.
En España, muchos hablan de la “Leyenda Negra”, supuestamente promovida por Inglaterra para exagerar los abusos de España en América, incluida la Inquisición, y argumentan que no fueron tan crueles como otros imperios europeos. Este es, una vez más, un discurso justificatorio que busca minimizar responsabilidades históricas y justificar la apropiación cultural, económica y territorial. De manera consciente o no, algunas personas en Santa Marta caen en este discurso, creando una falsa dicotomía entre quienes quieren conmemorar de forma crítica y reflexiva y quienes incluso desean la asistencia del Rey de España a la celebración.
¿Por qué es importante esta discusión? Porque nuestra sociedad actual, incluso al intentar homenajear, perpetúa la discriminación y el irrespeto, como ocurre en algunos procesos de apropiación cultural. Para un ejemplo, recomiendo el análisis del músico y creador de contenido Alvinish sobre Carlos Vives y la apropiación cultural. No dudo de las buenas intenciones de Vives, pero su visión sobre la fundación de Santa Marta resulta, al menos, simplista e ingenua.
Conmemorar, según la Real Academia Española, significa “Recordar solemnemente algo o a alguien, en especial con un acto o un monumento”. Entonces, ¿por qué optar por celebraciones acríticas, invitando a un rey que ha rehuido conversaciones incómodas sobre la responsabilidad histórica, como lo demostró en el célebre episodio diplomático con México?
Si hay algo que celebrar, es que nuestra Constitución reconoce, al menos en papel, nuestra diversidad étnica y cultural. Lo que necesitamos es abordar estos debates sin anacronismos, pero tampoco con simplismos ni exaltaciones engañosas.
No hay democracia sin conversaciones incómodas. Es necesario sentarnos a la mesa con respeto y hablar sobre lo que no nos gusta pero que puede ayudarnos a comprender mejor nuestra historia y construir nuestro futuro. Es hora de incomodarnos y hablar de nuestro pasado. Es hora de sacar la mugre de debajo del tapete.
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Acerca del autor
Marcela Escandón
*Historiadora y politóloga samaria
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Ni es celebración, ni es conmemoración: la invasión española vista como transculturización es un hito que aún resuena en las mentes y personas que hoy en día sienten aún el cambio que produjo, tanto en sus creencias religiosas, como en su forma de vida, exactamente en la población indígena, quienes de la noche a la mañana les impusieron una religión, un cambio de creencias, y lo mas grave, invasión que produjo en los indígenas, un dolor frente a sus propias formas de vida. De la noche a la mañana con un Rey, y lo mas grave, con una justicia que no existió en cientos de años. Gracias