50 años de las FARC: de Marquetalia a La Habana - Razón Pública
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50 años de las FARC: de Marquetalia a La Habana

Escrito por Jaime Márquez

Una mirada sucinta e ilustrativa sobre los orígenes, la evolución política y militar, las fuerzas y debilidades, la cohesión, las disidencias internas y el significado que tendría para Colombia la desmovilización de esta vieja  guerrilla.

     Jaime Márquez Díaz*

Medio siglo

El discurso de alias “Manuel Marulanda Vélez” al comenzar los diálogos del Cagúan puede resumir la historia y los argumentos de las FARC: la desatención del Estado hacia las  regiones sin presencia gubernamental se tradujo en la creación de guerrillas y en 50 años de guerra continua entre estas y el poder central.

Esta guerra, que en algunos momentos fue imaginaria, especialmente hasta 1978, cuando el poder de fuego de las FARC dejó de ser marginal, llegó a adquirir momentos de verdadera crueldad, en episodios como la toma de Mitú, el bombardeo a la iglesia de Bojayá, la bomba en el club El Nogal, y en los cientos de combates contra sus contrarios (Ejército, paramilitares y otras guerrillas), los cuales aún no han sido documentados en su totalidad.

En el caso de las FARC, fijarse objetivos ambiciosos de largo plazo ha logrado mantener la cohesión y la persistencia de la guerrilla.

Los comienzos

El origen de las FARC puede atribuirse a los varios factores que analiza con amplitud  el informe ¡Basta ya! y entre ellos se cuentan “los rezagos de la violencia de los años cincuenta; los intentos del Ejército Nacional por recuperar militarmente el territorio; la limitada capacidad del Frente Nacional para insertar grupos organizados al margen del bipartidismo y la dificultad para desvertebrar las relaciones entre los gamonales y el poder”.

El origen inmediato de esta guerrilla fue bien descrito por Juan Guillermo Ferro y Graciela Uribe Ramón en El orden de la guerra: “(…) las fuerzas militares desatan la operación Marquetalia bajo los lineamientos generales del plan LASO (Latin American Security Operation). (…) [lo cual] causa el re-comienzo de la resistencia armada en Colombia. (…) Esa simiente es la raíz de las FARC EP. Marquetalia es, pues, el símbolo de esta etapa prolongada del movimiento guerrillero de nuestra patria”.

Del incidente de Marquetalia se pasó a la autodefensa campesina enclavada en un territorio, y a la organización móvil político-militar.


El fallecido Manuel Marulanda Vélez alias “Tirofijo”.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Objetivos fijos, estrategias cambiantes

Pero las organizaciones nos son cuerpos inertes sino que tienen historia, rupturas internas, mutaciones y adaptaciones al contexto y a las realidades cambiantes. Las organizaciones armadas, en particular, pasan por repliegues, expansiones, y también por replanteamiento de sus objetivos y estrategias.

En el caso de las FARC, fijarse objetivos ambiciosos de largo plazo ha logrado mantener la cohesión y la persistencia de la guerrilla. Después de 50 años de guerra las FARC han mostrado una increíble capacidad de supervivencia y adaptación, cambiando sus prácticas, buscando nuevas formas de financiación, y adaptándose a las políticas del gobierno de turno y al contexto global, a través de lo cual ha demostrado un alto grado de cohesión en sus filas. Pero su historia es también la de las dolorosas consecuencias de un prolongado conflicto y de los odios no resueltos.

Desde sus comienzos, las FARC se construyeron como una guerrilla de proclamas agrarias, y han sido fieles a sus principios pues en el actual proceso de paz el tema fundamental ha sido la tierra.

Es importante resaltar que, como sostienen Ferro y Uribe, tener unos fines y una ideología claros desde el inicio les permitió a las FARC adaptarse a las circunstancias y ajustar sus estrategias según los distintos momentos o etapas del conflicto.  Estos cambios se ven con claridad en las sucesivas “conferencias” o reuniones plenarias del mando guerrillero:

– La primera conferencia unificó y organizó los grupos de combate que existían en el sur del país;

– La segunda conferencia, en 1966, constituyó oficialmente la guerrilla con el nombre de las FARC y adoptó un organigrama y un reglamento interno;

– Ante unas serie de derrotas militares, la tercera conferencia replanteó los métodos de lucha y adoptó la guerra de guerrillas;

– Las conferencias subsiguientes fueron reorganizado las estrategias, multiplicando los frentes y consolidando a las FARC como el Ejército del Pueblo (EP).

Durante las últimas décadas las FARC pasaron de la defensiva a la ofensiva, de la guerra de guerrillas a la de posiciones, creó las milicias bolivarianas para llevar la confrontación a las ciudades y se distanciaron del Partido Comunista y los partidos legales, en gran parte debido al exterminio de la Unión Patriótica.

Tras estas rupturas, el mando de las FARC tomó tanto el timón político como el militar, en un proyecto que incluía la guerra prolongada y la construcción de una retaguardia territorial, para tomarse luego el centro. Todo esto acompañado por estrategias de financiación que tendrían para ellos un alto costo político, como el secuestro y la extorsión.  


Bandera de las FARC-EP.
​Foto: Wikimedia Commons

Dos usos de la  violencia

El uso de la violencia por parte de la guerrilla ha tenido dos objetivos principales: el control de la población y la financiación.

Para cumplir el primer objetivo se establecen  mecanismo de regulación y solución de conflictos entre los residentes en las áreas donde la guerrilla ha alcanzado control total, de retaguardia o de colonización armada.

Este dominio está en disputa constante contra el orden institucional civil y militar, representado en Alcaldías o estaciones de policía, lo cual se traduce en ataques con carros bombas y pipetas a las poblaciones, amenazas a candidatos de otras vertientes políticas, asesinatos selectivos y sabotaje de elecciones. En pocas palabras, las FARC han buscado ser el Estado en los lugares donde este ha estado ausente.

Para cumplir el segundo objetivo se estableció el secuestro como actividad masiva e indiscriminada, especialmente en el período de escalada de la guerra entre 1996 y 2002. Según Cifras y Conceptos, en Colombia se registraron 39.058 secuestros entre las décadas de 1970 y 2010, y el 37 por ciento de estos fueron cometidos por las FARC. Esta práctica ha provocado el rechazo y la condena generalizada de la mayoría de la población.

Disidencias y tensiones

Las FARC son una organización pensada para la guerra, con una estructura jerárquica en donde toda cabeza es prescindible y reemplazable, lo cual garantiza la continuidad del combate a pesar de las bajas. Ejemplos de esto fueron la muerte en menos de dos años de tres de sus máximos líderes: “Tirofijo”, por causa desconocidas, y “Cano” y “Jojoy”, dados de baja en operaciones de las Fuerzas Militares.

Peo en un país con la compleja tradición armada de Colombia, son usuales los cambios de bandos, las desobediencias o las disidencias dentro de la guerrilla. Ejemplos destacados fueron el llamado “Comando Ricardo Franco” que operaba en el Cauca en los años 80 como disidencia de las FARC; el grupo de alias “Megateo” en Norte de Santander, disidencia del Ejército Popular de Liberación (EPL); los Comandos Populares en el Urabá, surgidos a partir de la desmovilización del EPL; y el cambio de bando de guerrilla a grupo paramilitar de los hermanos Úsuga, en especio alias “Otoniel”, máximo comandante de los “Urabeños” o “Gaitanistas

Desde sus comienzos, las FARC se construyeron como una guerrilla de proclamas agrarias, y han sido fieles a sus principios pues en el actual proceso de paz el tema fundamental ha sido la tierra.

Por otra parte el seguimiento que ha hecho el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) a la tregua anunciada por las FARC y el ELN durante el período de elecciones  muestra cómo, aunque existe un alto grado de control del Secretariado sobre todos los frentes de las FARC, el frente 36 no ha respetado esas órdenes. Éste en efecto es un frente especialmente belicoso: por muchos años las poblaciones del Oriente antioqueño han sufrido la siembra de artefactos explosivos y los partes de guerra de este frente, publicados en ANCOL, dan cuenta de continuos despliegues armados.

Desmontar la organización

En una ocasión, hablando con un funcionario del gobierno Uribe sobre el proceso de reintegración, le reproché el fracaso del proceso de justicia y paz, confirmado por la aparición de las  "bandas criminales". Esta fue su respuesta: "¿No fue bueno desmontar las organizaciones armadas así hubieran revivido parcialmente? ¿No fueron medianamente positivas las versiones libres para esclarecer la verdad? ¿No comenzó un proceso de reparación y reconocimiento a los derechos de las víctimas? ¿Que se cometieron errores? Sí, ¡muchos!, pero ya no hay AUC".

De igual manera, creo que el fin de las FARC no significará la paz perfecta y que  probablemente el frente 36 será un palo en la rueda, como también lo serán los otros frentes que han creado alianzas con narcotraficantes y grupos armados ligados a este negocio.

Pero el desmonte de la organización  formal de las FARC puede significar la apertura de escenarios más democráticos, donde las disidencias legales, la izquierda, los defensores de derechos humanos y los reclamantes de tierras no sean asociados con grupos armados ilegales  y dados de baja so pretexto de la amenaza terrorista o comunista.

* Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en resolución de conflictos de la Pontificia Universidad Javeriana. Asistente de investigación del CERAC.

 

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