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2019: economía, expectativas y demandas sociales

Escrito por Julián Arévalo - Andrea García
Crecimos en economía pero también aumentó el desempleo

Julian ArevaloAndrea GarciaUn balance económico y social distinto de un año que en efecto fue distinto*

Julián Arévalo** y Andrea García***

Contrastes

El año que termina fue bastante paradójico para la economía colombiana: entre los países de América Latina tuvimos la mejor tasa de crecimiento, pero los niveles de desempleo, pobreza y desigualdad siguen siendo altos a pesar de la recuperación económica.

Asimismo, en materia social se presentó una mejora en términos de desarrollo humano, pero persisten profundas brechas regionales.

¿Cómo se puede entender que los buenos indicadores económicos coincidan con el malestar tan extendido que se ha expresado en las calles en las últimas semanas?

Cómo vamos

La Cepal y otros organismos proyectan un crecimiento casi nulo para América Latina en su conjunto, pero destacan la excepción de Colombia, que crecería un 3,2 % en este año. Una cifra nada despreciable en un entorno tan adverso.

Colombia sigue su proceso de recuperación. Según el DANE, en el tercer trimestre de 2019 se registró un crecimiento del 3.3 %, jalonado en especial por el sector financiero (8,4 %), y el de comercio y transporte (5,9%) -lo cual pone en evidencia el buen comportamiento de la demanda interna-. En contraste, aunque con valores positivos, las industrias manufactureras y la construcción presentan crecimientos de apenas 0,4 % y 1,1 % respectivamente.

El crecimiento ha sido sin embargo insuficiente para mejorar los indicadores laborales, que siguen siendo el gran lunar y son el tema sensitivo de este final de año. La tasa de desempleo de octubre fue 9,8%, y ha proseguido la desaparición de puestos de trabajo en sectores como comercio, hoteles y restaurantes, donde la reducción fue de 159 mil trabajadores.

En la agenda social, también tenemos un balance mixto. Esta misma semana, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó su informe anual sobre Desarrollo Humano, donde destaca los esfuerzos de Colombia en materia de calidad de vida. El
Índice de Desarrollo Humano (IDH) mide el avance en materia de ingresos, educación y salud en un rango que va de 0 a 1. Colombia registra un valor de 0.761, lo cual nos ubica en la categoría de “desarrollo humano alto” y por encima del promedio para América Latina y el Caribe.

  • En materia de salud, Colombia pasó de contar con 18,2 médicos por cada 100 mil habitantes a 20,8 médicos, y mantuvo estables las tasas de mortalidad materna –en 64 por cada 100 mil nacimientos– y de camas de hospital –en 15 por cada 100 mil habitantes-. No obstante, inquieta el aumento de 52,2 a 66,7 en la tasa de natalidad por cada mil mujeres adolescentes entre 15 y 19 años.
  • En cuanto a educación, el país obtuvo un promedio de 14,6 años de escolaridad, superando el 13,6 presentado anteriormente, y mantuvo en 24 el número de estudiantes por cada maestro en primaria.
  • Finalmente, hay avances en materia de esperanza de vida, que pasó de 74,2 a 77,1 años, valor este superior al de Brasil, México o el conjunto de América Latina y el Caribe, con 75,7, 75,0 y 75,4 años, respectivamente.

Pero esta moneda tiene su otra cara, la de la desigualdad entre los colombianos y entre las regiones que forman a Colombia:

  • El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad en la distribución del ingreso, mejoró ligeramente desde 2017 (de 0,508 a 0, 497), pero al ajustar el IDH por la desigualdad en sus tres componentes (salud, educación, nivel de vida), se presenta una pérdida equivalente al 23,1%. Por su parte el conjunto de países con IDH alto sufre una pérdida del 17,9% al hacer el ajuste por desigualdad, y la región latinoamericana y del Caribe retrocede 22, 4%. O sea que el desarrollo humano de Colombia se ve más seriamente afectado por la desigualdad.
  • De acuerdo, por ejemplo, con el Observatorio de Desarrollo y Política Social (ODEPS) de la Universidad Externado de Colombia, mientras departamentos como Casanare, Sucre, Cesar y Magdalena presentaron cobertura bruta en relación con la educación completa, otros como Vaupés, San Andrés y Guaviare no alcanzaron a superar el 80% de cobertura.
Si mejoró la economía, ¿por qué tanto descontento social?

Foto: Facebook: María José Pizarro
Si mejoró la economía, ¿por qué tanto descontento social?

Lea en Razón Pública: Segundo año del gobierno Duque: ¿qué va a pasar con la economía?

Preguntas

  • ¿Por qué a pesar del crecimiento de la economía y los progresos en el desarrollo humano, se desató la ola de protestas masivas que involucran demandas de carácter social?
  • ¿A qué se debe la inconformidad creciente con el gobierno y con muchas de las políticas del Estado colombiano?
  • ¿Qué papel juegan los países vecinos en estas protestas y movilizaciones ciudadanas?

Responder estas preguntas es tarea muy difícil porque ellas involucran fenómenos políticos, sociales, de psicología colectiva, y de organización popular, entre otros aspectos. En lo que sigue presentamos algunos elementos de índole económica y social que quizás contribuyan a encontrar las respuestas.

Expectativas, cambio social y demandas ciudadanas

La teoría prospectiva de Daniel Kahneman y Amos Tversky analiza el comportamiento real de las personas al tomar decisiones bajo circunstancias de riesgo. Las personas no pensamos en términos absolutos de riqueza o de pobreza, sino que comparamos o medimos las pérdidas o ganancias en relación con lo que hoy tenemos. Lo que importa es si mejoramos o empeoramos.

Pero, además, se sabe que perder es proporcionalmente más doloroso que ganar (los humanos somos ingratos). En el argot de los economistas, este fenómeno se llama aversión a la pérdida, que se refiere a una forma asimétrica de aversión al riesgo dados los resultados de pérdida o ganancia; por eso:

  • Si la persona enfrenta una elección arriesgada que conduce a pérdidas, esa persona preferirá enfrentar esos riesgos;
  • Pero si la escogencia arriesgada conduce a ganancias, la persona será conservadora o reacia a asumir ese riego.

Estas dos situaciones se pueden representar en la siguiente gráfica:

 

 

 

 

 

Así, por ejemplo, ante elecciones de ganancia como elegir entre 90 mil pesos seguros o 100 mil pesos con un 90% de probabilidad, las personas tienden a rehuir el riesgo. Pero si la escogencia es entre perder 90 mil pesos seguro o 100 mil pesos con un 90% de probabilidad, las personas se inclinan a correr el riesgo para evitar esa pérdida dolorosa.

Por otro lado, Ronald Inglehart y Christian Welzel estudian el cambio social en el proceso de modernización. A medida que los países se desarrollan, la gente tiende a valorar más la cosas que van más allá de la supervivencia, como decir la educación de buena calidad o la posibilidad de una pensión en la vejez. A mayor desarrollo socioeconómico, mayores aspiraciones y expectativas, y una ciudadanía que exige mejores condiciones de vida.

En otras palabras, el cambio social positivo aumenta las preocupaciones individuales y la sensación de vulnerabilidad -lo cual se extiende a las facetas posmodernas de la vida o a un sentido más crítico de la democracia y sus prácticas-.

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Aterrizando la teoría

Las manifestaciones de fin de año se han caracterizado por la multiplicidad de causas y de actores. Las protestas han incluido temas como pensiones, reforma tributaria, cumplimiento del acuerdo de paz, educación, o preocupaciones por el medio ambiente; y en ellas han confluido actores como estudiantes, trabajadores o artistas.

Las buenas nuevas en economía no ayudaron a aumentar las oportunidades laborales.

Foto: Prosperidad social
Las buenas nuevas en economía no ayudaron a aumentar las oportunidades laborales.

Esta situación ha ocurrido, más que “a pesar “, “como resultado” del avance económico que ha tenido el país, en parte gracias a la recuperación económica y a las mejoras en los índices de desarrollo humano. No obstante, los niveles de desempleo, pobreza y desigualdad generan sentimientos de vulnerabilidad que los encuadra en situaciones de pérdidas.

  • Siguiendo a Kahneman y Tversky, la situación implicaría que las personas prefieran manifestarse en contra del gobierno, en vez de no hacer nada y esperar a un futuro que no ven promisorio.
  • Del mismo modo, con Inglehart y Werlzel, la mejoría económica y social haría que la ciudadanía – cada vez más educada y con mejores condiciones de vida–, aumente sus expectativas. Las personas entonces estarán más dispuestas a protestar.

Colombia ha cambiado y esto hace que sus preocupaciones también sean diferentes. Bien haría el gobierno en leer con más tino esta nueva realidad y en sintonizarse con las demandas reales de una ciudadanía que no es la misma de hace algunos años.

* Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

** Decano de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia.

*** Investigadora de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia

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