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Dos años de Santos: el presidente y la llave de la paz

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Luis_Celis_Presidente_Santos

luis eduardo celisUn balance cuidadoso del estado del conflicto y de los gestos y los actos que tanto el gobierno como las guerrillas han hecho en estos años para acercarse a la paz. Se han dado pasos…y sin embargo no hay nada todavía.

Luis Eduardo Celis

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 Si el Estado no mantiene la presión, pueden volver a establecerse en zonas de donde fueron difícilmente desalojadas y logran medrar en medio de los conflictos sociales.
Foto: Presidencia


La guerra sigue

El período del presidente Juan Manuel Santos llega a la mitad y es hora de hacer los primeros balances: entre los grandes temas figura la paz, por supuesto, entendida en su acepción más restringida como la superación del conflicto armado con las guerrillas de las FARC y el ELN.

Durante estos dos años, el conflicto ha mantenido su costo habitual en cuanto a pérdida de vidas humanas y estragos de todo tipo. Independientemente de la capacidad ofensiva de las partes –y de las valoraciones sobre la intensidad del conflicto— es indudable que persisten las acciones armadas por parte de las guerrillas y que el Estado trata de contrarrestar como hace cincuenta años, con logros irregulares y muy parciales.

La persistencia del conflicto armado constituye el asunto central del debate político: la intensidad de la confrontación y las probabilidades de debilitar a las guerrillas para llevarlas a una mesa de negociación son los temas básicos de la controversia que divide a la opinión pública.

Empate negativo

Desde el 7 de agosto de 2010, el presidente manifestó su propósito de cerrar el ciclo del conflicto armado, para lo cual acuñó la expresión de guardar en sus bolsillos la "llave de la paz", significando su disposición a considerar la opción del diálogo y la concertación.

En varios momentos el mandatario ha expresado que —si las guerrillas dan muestras de voluntad— él está abierto a considerar el escenario de la negociación y ha precisado los requisitos mínimos para iniciar el proceso: que las guerrillas renuncien irrevocablemente al secuestro, al reclutamiento de menores, al uso de minas y a los hostigamientos contra la población civil.

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La persistencia del conflicto armado constituye el asunto central del debate político.
Foto: Flick de SMORENO2007

Podría pues decirse que —más allá del discurso oficial y de la propaganda guerrillera—la persistencia del conflicto ha mostrado a ambas partes que el empate negativo del que se habla desde los años ochenta es una realidad que hasta el momento no se ha podido modificar.

Pese a la clara superioridad numérica y tecnológica del Estado, las guerrillas se mantienen activas en 150 municipios, con presencia permanente, en su modalidad de guerrilla móvil o de milicias. Si el Estado no mantiene la presión, pueden volver a establecerse en zonas de donde fueron difícilmente desalojadas y logran medrar en medio de los conflictos sociales.

Los avances de Santos

El presidente ha venido construyendo un escenario de negociación política con las guerrillas:

  • reconoció la existencia del conflicto armado, distanciándose ostensiblemente del ex presidente Uribe, y esto produjo sin embargo un alivio general entre las Fuerzas Armadas (en tanto legitima sus acciones de guerra);
  • anunció la voluntad de emprender un proceso de reformas en el campo, aunque faltan por ver su magnitud real y su capacidad para superar la pobreza y las desigualdades;
  • abanderó una ley de víctimas para revertir el enorme despojo de tierras;
  • recompuso las relaciones con Venezuela y Ecuador, estropeadas bajo Uribe por incidentes relacionados con la actuación de las guerrillas en zonas de fronteras;
  • planteó un diálogo de respeto con sus opositores;
  • promovió una reforma constitucional para tramitar crímenes de lesa humanidad, perpetrados tanto por las guerrillas como por agentes estatales, que se conoce como el marco jurídico para la paz.

Este conjunto de acciones e iniciativas debe valorarse positivamente, así unas sean enunciados generales, como en el tema rural, o de alcance muy específico, como el tratamiento de graves crímenes, o apenas se estén poniendo en marcha, como la ley de víctimas y restitución de tierras.

En fin, estas iniciativas son piezas de un rompecabezas en construcción, pero son todavía insuficientes para asegurar que estamos ad portas de un proceso de diálogo y la apertura de negociaciones de paz.

Los pasos de las FARC

Las FARC fueron severamente golpeadas durante los ocho años de Uribe, pero no fueron derrotadas. Más aún, se han adaptado a las nuevas formas de combate que despliegan las Fuerzas Armadas gracias a su creciente capacidad operacional y tecnológica y a disponer de cuantiosos recursos —lo que sin duda les ha permitido propinar golpes formidables golpes al mando de las FARC y expulsarlas de algunos territorios importantes: Cundinamarca, Montes de María, Oriente Antioqueño.

Pero resulta exagerado e inexacto calificar esta situación como una derrota estratégica: las FARC han logrado tomar aire, se han venido adaptando desde 2008, lo que les ha permitido retomar la ofensiva y mantener su vigencia en la vida nacional.

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Las guerrillas se mantienen activas en 150 municipios, con presencia permanente, en su modalidad de guerrilla móvil o de milicias.
Foto: Tomado de Caracol Noticias

Es posible que por primera vez en su larga vida como organización, las FARC estén considerando seriamente que ya no sea viable su proyecto de toma del poder mediante una derrota militar de las fuerzas del Estado, así parezca delirante.

Timochenko afirma que nunca se lo han planteado, lo cual resulta algo absurdo y aún ridículo. En la época del Caguán, las FARC sí estimaron que podían crecer hasta alcanzar el triunfo militar. Y si no: ¿para qué tanto esfuerzo, energías y recursos?

Pero tras diez años de confrontación militar recrudecida, con muy importantes pérdidas territoriales y de mandos, de experimentar una reducción sustancial de su fuerza operacional, las FARC quizás estén contemplando la posibilidad de una negociación y estén dando pasos hacia ese escenario: la determinación de abandonar el secuestro, la liberación de los últimos militares y policías en su poder, su estímulo a la existencia de la Marcha Patriótica, son señales significativas que podrían anunciar un eventual escenario de negociaciones.

La otra guerrilla

Por su parte el ELN desde hace años viene madurando su propio escenario de negociación. Al parecer, esta decisión ya sería mayoritaria, pero no ha logrado desarrollarla, por limitaciones propias y debido a exigencias estatales inaceptables, como las que se barajaron durante el último proceso en tiempos de Uribe, tras una pésima gestión de Luis Carlos Restrepo.

El ELN insiste en diálogos para la paz y persistió en ello durante el primer año del gobierno Santos, pero la realidad hizo caer sus palabras en el vacío.

Todavía no

La terminación pactada del conflicto armado sería posible si el Estado se decide a remediar las circunstancias que lo han alimentado durante más de cinco décadas:

  • un mundo rural inequitativo;
  • una competencia política entre élites premodernas;
  • una protesta social a la que se responde con violencia;
  • víctimas que reclaman sus derechos y territorios que deben ser reintegrados a la economía nacional, tras una intensa confrontación.

Estos cuatro temas ya figuran en la agenda de gobierno del presidente Santos: aunque sus desarrollos iniciales son precarios, tienen el potencial para nutrir un proceso de concertación.

Al parecer, el presidente ha diseñado su gobierno para ocho años: lograr la paz está efectivamente entre sus prioridades, pero para el segundo período y sólo si consigue el suficiente respaldo ciudadano.

Por ahora Colombia seguirá en la dura confrontación y en la violencia habitual, con un gobierno acosado por la oposición uribista, por el escepticismo ciudadano y por su propia dificultad para poner en marcha las reformas prometidas: la llave de la paz seguirá en el fondo de un bolsillo…

*    Integrante de la Corporación Nuevo Arco Iris. 
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 En varios momentos el mandatario ha expresado que —si las guerrillas dan muestras de voluntad— él está abierto a considerar el escenario de la negociación.

















































 
 La persistencia del conflicto ha mostrado que el empate negativo del que se habla desde los años ochenta es una realidad que hasta el momento no se ha podido modificar.














































 
 Las FARC se han adaptado a las nuevas formas de combate que despliegan las Fuerzas Armadas. Es exagerado e inexacto calificar esta situación como una derrota estratégica.




















 

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