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Colombia: ¿por qué surgió y por qué se mantiene un gobierno de grandes mayorías?

(Tiempo estimado: 8 - 16 minutos)

Boris SalazarAl igual que en Brasil, Bolivia o Venezuela, ésta en Colombia fue una década de grandes mayorías. El re-descubrimiento de los pobres y el poder de la inercia explican esta coincidencia, pero también explican por qué Colombia es tan distinta de sus vecinos.

Boris Salazar*

Una década de mayorías

La emergencia de mayorías políticas estables en varios países de América Latina es quizá el fenómeno político más importante ocurrido en la región en la primera década del Siglo XXI.

Después de quince años de políticas de choque y de avances de la democracia electoral, el discreto encanto de las mayorías electorales despegó con el nuevo siglo, bajo orientaciones políticas opuestas, teniendo como telón de fondo la expectativa de cambios radicales, incluso a través de procesos revolucionarios en el sentido estricto de la palabra.

Lula y Rouseff

En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva -un antiguo dirigente sindical, fundador del Partido de los Trabajadores- ganó por amplios márgenes dos elecciones presidenciales e impulsó la candidatura de su sucesora, Dilma Roussef, cuya elección fue más un referendo de apoyo a la continuidad del proyecto político de Lula, que a los méritos o atractivos de la candidata oficial.

Los triunfos de Lula revirtieron el dominio que durante ocho años ejerció su predecesor en el cargo,  Fernando Henrique Cardoso y la alianza electoral en la que se apoyaba.

Hugo Chávez

Más al norte, ningún otro presidente latinoamericano ha enfrentado con éxito tantos procesos consultivos y electorales como lo ha hecho Hugo Chávez, en Venezuela.

Ha convocado seis referendos y ha triunfado en cinco, y tan sólo fue derrotado en uno con el que pretendía una reforma a la Constitución Bolivariana en 2007.

Ha presidido además siete elecciones parlamentarias y regionales -que fueron en la práctica plebiscitos sobre su mandato- y enfrentado exitosamente dos elecciones presidenciales después de su primera victoria.

Las mayorías surgidas de la primera elección presidencial de Chávez han ido creciendo con el tiempo: ganó en 1998 con un 54 por ciento de los votos, en el año 2000 lo hizo con casi un 60 por ciento y en 2006 con un 63 por ciento.

Evo Morales

En Bolivia, el avance de las mayorías electorales que llevaron a la presidencia a Evo Morales es también incuestionable.

A diferencia de sus colegas, Morales llegó a la presidencia sobre el poderoso oleaje de una revolución social que derrocó a dos presidentes, expulsó a las compañías extranjeras que controlaban el agua, y transformó las relaciones de poder en Bolivia.

En un campo electoral de extrema incertidumbre, en el que ninguno de los partidos alcanzaba más de un 22 por ciento de los votos, y en el que la elección dependía de alianzas entre partidos minoritarios, Morales canalizó la energía revolucionaria obteniendo un 53 por ciento de la votación, dando un giro irreversible a la política boliviana.

Los resultados de las elecciones presidenciales de diciembre de 2009 confirmaron la ampliación de las mayorías descubiertas en 2005.

Evo Morales fue reelegido entonces con un 64 por ciento de los sufragios, asegurando, de paso, el control del Congreso y de los gobiernos departamentales, salvo en la zona llamada "Media Luna", escenario de los intentos golpistas y separatistas de la extrema derecha boliviana. Pero aún allí, Morales y sus aliados ya han alcanzado un tercio de los votos.

Álvaro Uribe

Y en Colombia, el avance irresistible del proyecto político de Álvaro Uribe reflejó, aunque desde el extremo opuesto del espectro político, la consolidación de mayorías electorales estables en el subcontinente. 

Uribe irrumpió en las elecciones presidenciales de 2002 con un discurso que prometía mano dura frente a la amenaza "terrorista" de las FARC y confianza para los inversionistas nacionales y extranjeros. Su propuesta apareció en un momento oportuno: la nación estaba en el punto más alto de una incertidumbre institucional iniciada con el llamado "proceso 8000" y profundizada por las frustradas negociaciones de paz con las FARC.

No era un caso de simple incertidumbre electoral. La percepción de los colombianos por entonces era que en las elecciones de ese año estaba en juego el destino del país y que sólo una alternativa radical podría salvarla de caer, para siempre, en manos de una guerrilla poderosa y amenazante.

Uribe ganó con un 53 por ciento de los votos en la primera vuelta. Y volvió a triunfar en 2006 con un 62 por ciento de respaldo, luego de cambiar la Constitución para permitir su reelección.

Su tensa relación con las Cortes le impidió presentarse a una segunda reelección, respaldando a un sucesor, que ganaría por un margen aún más grande que el que él había tenido: Juan Manuel Santos, que recogió un 69 por ciento de la votación en la segunda vuelta de los comicios presidenciales.

Las mayorías son los pobres

Detrás de proyectos políticos con ideologías y pasados tan disímiles hay dos factores que explican la consolidación de nuevas mayorías estables.

El primero es el reconocimiento más que el descubrimiento, de que los pobres y los marginados son mayoría en nuestros países, y que su integración a los procesos electorales es el camino hacia la construcción de mayorías estables y la puesta en marcha de proyectos políticos de largo plazo.

Vista hoy, la estrategia para integrar a los pobres al mundo electoral parece fácil: aumento del gasto público entre los menos favorecidos, integración al mercado a través de la educación y la generación de empleo, subsidios en dinero en efectivo y el despliegue de programas permanentes para la disminución del hambre y la ampliación de la cobertura de salud.

Brasil

Antes de Lula, todos eso era asunto de anatema en América Latina, en donde el catecismo conservador era recitado con fe absoluta por políticos y economistas: austeridad en el gasto, alto endeudamiento externo, liberalización del mercado externo, flexibilización de los mercados laborales (destrucción de las organizaciones sindicales), privatización de los recursos naturales y de los bienes públicos, y bajos impuestos al capital.

Los pronósticos con respecto al futuro del experimento redistribuidor eran tan oscuros como los deseos de sus oráculos: Cardoso vio en su bola de cristal la llegada inminente de la catástrofe tan temida. Los grandes economistas del sur, formados en el norte, predijeron la caída total de los mercados y el retroceso a los tiempos oscuros de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y sus epígonos. Para ellos, Latinoamérica estaba otra vez al borde del abismo.

Pero Lula encontró un camino en el que el superávit fiscal fue de la mano con el gasto público redistribuidor y con la integración al mercado y a la sociedad de unos 30 millones de brasileros, que habían vivido, hasta ese momento, fuera del mundo y de la sociedad. Un camino tan extraño, que alcanzó a fundir en la misma trayectoria la tradición desarrollista del Brasil más autoritario, con la tradición redistribuidora de la mejor expresión igualitarista y de justicia social de Getulio Vargas, Joao Goulart y Lionel Brizola.

Venezuela

En Venezuela, los centenares de miles de pobres que salieron a defender al gobierno contra los intentos golpistas, le indicaron a Chávez el camino para crear un sistema basado en la movilización popular y el gobierno de los más pobres.

La redistribución a través de la salud y la educación, y la generación de fuertes lazos de solidaridad internacional, completaron la fórmula que le ha permitido consolidar sus mayorías.

Las apuestas que le daban una corta vida política al "chavismo", y presagiaban el regreso al poder de los partidos tradicionales y de las clases propietarias han fallado hasta ahora.  Ni siquiera las altas tasas de homicidio en Caracas o la inflación implacable, que golpea a la economía venezolana, han logrado erosionar la estabilidad de la coalición que ha estado detrás de las victorias electorales de Chávez.

Bolivia

Ninguna sociedad latinoamericana ha vivido, en tan poco tiempo, una transformación tan grande en las relaciones de poder como la que ha tenido Bolivia en los últimos diez años.

La revolución de 2000-2005 puso "patas arriba" las relaciones entre gobernados y gobernantes, desplazando a las elites blancas y criollas del control del Estado y de los gobiernos locales, abriendo paso a la emergencia de gobiernos comunitarios y a la recuperación de antiguas tradiciones colectivas indígenas.

El gobierno de Morales no ha hecho más que refrendar esos cambios, reconociendo la identidad colectiva de los pueblos indígenas, legitimando y reconociendo a las lenguas indígenas  aymara y quechua, de más de la mitad de los bolivianos, como idiomas oficiales, junto con el castellano; mientras sigue una política económica prudente, con una mayor participación estatal, pero sin las grandes expropiaciones asociadas a los gobiernos revolucionarios del pasado.

Pero ni Morales, ni su partido controlan, ni han controlado, como les sucedió a sus predecesores, los movimientos sociales que acabaron con quince años de política de choque en Bolivia. Las grandes mayorías indígenas y pobres han seguido votando por Morales, pero sin deponer su gran capacidad de movilización y sin negociar su independencia.

La relación que esos movimientos tienen con el gobierno de Morales está basada en dos proposiciones negativas, cuyos tiempos verbales son difíciles de definir: ni las mayorías permitirán el regreso de los gobiernos privatizadores y excluyentes de las minorías blancas y criollas, ni le apuestan toda su energía al éxito del capitalismo andino y amazónico, que  Morales dice defender.

Y Colombia

Aunque su encendida retórica conservadora ha hecho del proyecto de Uribe un ejemplar único en América Latina, la fría lógica electoral de las mayorías no ha impedido que haya seguido, a su manera y con limitaciones, las mismas líneas redistribuidoras de sus colegas de centro y de izquierda, y haya cortejado el voto de los más pobres, a través de programas asistencialistas, de ayudas directas en efectivo y en acceso a la salud y la educación.

Lo distingue la original articulación -a través de efectivas redes de intermediación- de los beneficiados por los programas y las múltiples empresas electorales que convergen a la coalición de gobierno.

Más que una colectividad, el llamado "Partido de la U" (Partido Social de Unidad Nacional) es la coalición de múltiples fuerzas políticas que no podrían acceder ni al poder del Estado, ni a sus recursos, si actuaran por fuera de la coalición o contra ella. Es la máxima expresión de la combinatoria política unida en torno a una ideología efectiva en la negación.

El aplastante triunfo electoral de su sucesor, y su viraje hacia unos mayores esfuerzos redistributivos, ha llevado a que la coalición de gobierno cubra casi todo el espectro electoral, liquidando los últimos vestigios de oposición y abriendo las puertas a la consolidación de un partido único, a la manera del PRI mexicano, con una ideología más flexible y una maquinaria electoral todopoderosa.

El poder de la inercia

En todos los casos se llega al otro factor fundamental para la emergencia de las mayorías estables en América Latina: la inercia inducida por la victoria. Porque una vez descubiertas esas mayorías, no importa cuán aleatoria o casual sea la vía encontrada, pues es poco probable que esas mayorías quieran dejar de serlo.

Si, como ha ocurrido en muchos de nuestros países, esas mayorías no habían accedido antes al poder y están descubriendo, por primera vez, que pueden alcanzarlo y ejercerlo, la probabilidad de abandonar la coalición es muy baja y superiores las fuerzas inerciales que la conservan.

Si, además, como ha ocurrido en Bolivia y en Venezuela, aunque en menor medida, los marginados de ayer se convierten en gobernantes, o como ha ocurrido en Brasil, son integrados al mercado y a las oportunidades económicas, la fuerza inercial de las coaliciones mayoritarias se hace aún más grande.

La inercia en Colombia

Pero, ¿cómo entender la situación colombiana?, pensando un poco en el pasado y en la estabilidad del control electoral por parte de los dos partidos tradicionales. Aún en los momentos más agudos del conflicto, los partidos tradicionales colombianos lograron producir las condiciones para reproducir su poder a través de la competencia electoral.

La ruptura institucional inducida por la aparente desviación de las reglas electorales por parte del presidente Ernesto Samper (1994-1998), condujo al débil gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y a la exacerbación de la incertidumbre, resuelta por Uribe ( 2002-2006 y 2006-2010) y su proyecto de regeneración conservadora.

La paradoja es que el triunfo de Uribe fue el de las maquinarias electorales, que encontraron en él un líder por fuera de los partidos, que se encargaba de la ideología y de la retórica para las masas, mientras ellos daban cuenta de los votos y de la repartición de los presupuestos locales, departamentales y nacionales.

Juan Manuel Santos vio en el aparentemente inocuo "Partido de la U", la representación política de las miles de redes sociales y políticas que constituyen, más allá de la ideología y de los principios, la verdadera política colombiana. Mientras Santos no cambie las condiciones básicas para el ejercicio de la política y el acceso a los presupuestos y a la contratación, y no ponga en peligro las condiciones de su reproducción como fuerza dominante, la coalición mayoritaria que hoy domina en Colombia, tendrá un futuro brillante.

Por la misma inercia de la situación de hoy, sólo un colapso espontáneo del sistema de representación y de repartición dominante, podría llevar a un cambio en las relaciones de poder en Colombia.

No hay ninguna alternativa, ni desde la izquierda ni desde la derecha, que ponga en peligro la estabilidad de las mayorías construidas.

Desde la izquierda, porque ni siquiera ha podido descubrir a los pobres y sigue soñando con los votos de la clase media; y desde la derecha, porque sus mejores practicantes están demasiado ocupados preparando su defensa ante la ley, como para emplear su tiempo en la construcción de alternativas serias de poder.

Colombia, la excepción  

La inercia colombiana es diferente a la de los otros tres países mencionados. Está separada de la de ellos por las trayectorias recorridas que tienen y por la fuerza relativa de los movimientos sociales y de la autonomía de sus sociedades frente al poder establecido.

Son esas trayectorias las que explican por qué en Bolivia, la fuerza de la historia y de los movimientos sociales, han hecho irreversibles las mayorías de Morales, o al menos imposible el regreso de las elites blancas y criollas; y en Venezuela, Chávez ha despertado, y trata de mantener, con dificultad, la movilización popular que hace improbable el regreso de las clases propietarias y de los partidos tradicionales.

Y porque también en Brasil, las mayorías creadas por Lula no han encontrado otra alternativa creíble a la propuesta del desarrollismo redistribuidor.

Pero en Colombia, la extrema debilidad de los movimientos sociales, la escasa movilización popular, el largo desgaste de una guerra indefinida, y la extraordinaria capacidad de adaptación de los intermediarios políticos, han conducido a una situación en la que los pobres han sido sumados a la coalición victoriosa, a pesar de que su situación de  hoy es casi tan mala, o peor, que la de hace cincuenta, treinta o veinte años atrás.

Escritor, profesor del departamento de Economía de la Universidad del Valle. Su último libro, escrito con María del Pilar Castillo y Boris Salazar, es ¿A dónde ir? Un análisis del desplazamiento forzado.

 

 

 

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Comentarios   

Eduardo Sáenz Rovner
+2 # Eduardo Sáenz Rovner 11-01-2011 00:08
Boris Salazar debería leer el excelente capítulo sobre Colombia en el libro de Charles Bergquist "Los trabajadores en la historia latinoamericana " para entender la permanencia de la ideología de derecha en el país. El papel de los empresarios representados a través de los gremiosy cómo han logrado desde mediados de siglo frenar la intervención del Estado y cualquier política redistributiva la he trabajado en "La ofensiva empresarial" y "Colombia años 50". Por lo tanto las trayectorias de las que habla el columnista no se pueden entender simplemente discutiendo la historia reciente y la política per se, sino remontándose al segundo tercio del siglo XX y mirando las relaciones entre estructura económica y política.
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luis rodríguez
0 # luis rodríguez 13-01-2011 21:43
señor Sáenz, gracias por la bibliografía recomendada, será revisada por mí.

Estará disponible en internet?
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Eduardo Sáenz Rovner
0 # Eduardo Sáenz Rovner 14-01-2011 01:06
Apreciado señor Rodríguez: Son libros, no creo que los encuentre por internet, pero están en bibliotecas como la Luis Angel Arango y la Universidad Nacional. No sé si usted viva en Bogotá. Cordial saludo.
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marinella urbach
0 # marinella urbach 17-01-2011 02:11
Seguramente Boris Salazar ha leido el libro de Charles Bergquist publicado por la editorial Siglo XXI.
Seguramente tambien ha leido
'La guerra y la paz' y
'En busca del tiempo perdido'
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marinella urbach
0 # marinella urbach 17-01-2011 02:18
'Juan Manuel Santos vio en el aparentemente inocuo "Partido de la U", la representación política de las miles de redes sociales y políticas que constituyen, MAS ALLA DE LA IDEOLOGIA Y DE LOS PRINCIPIOS, LA VERDADERA POLITICA
COLOMBIANA'
Este es el punto clave de la columna de Boris Salazar, siempre bien informado, riguroso y sobre todo con un punto de vista original y creativo.
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pedro rodriguez
0 # pedro rodriguez 24-01-2011 23:44
¿ A CUÁLES MAYORÍAS SE REFERIRÁ, SI ESTE "GOBIERNO" SALIÓ ELECTO CON EL 25% DEL POTENCIAL ELECTORAL? EN OTRAS PALABRAS, CON EL APOYO DEL 16% DE LA POBLACIÓN Y ESO QUE CON AYUDAS.. Y SI NO, PREGÚNTENLE A RAFAEL GARCÍA, EL DEL DAS, EL CONOCE DEL ASUNTO EN LA REGISTRADURÍA.A DEMÁS DE LOS APOYOS DE LOS MEDIOS DE MANIPULACIÓN MASIVA. ¿A QUÉ BRILLANTEZ SE REFERIRÁ?
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