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Atentados por la Primavera Árabe.

Hasan Turk¿De dónde vienen los problemas que ahora parecen imposibles de resolver en esta parte del mundo? ¿Puede salir algo bueno de esta, una de las crisis más dramáticas de nuestro tiempo?  

Hasan Turk*

Cuna de problema

A lo largo de la historia la región del Levante, que hoy conocemos como Oriente Medio, ha sido cuna de civilizaciones pero también ha sido el epicentro de grandes conflictos internacionales. Los imperios orientales y occidentales siempre han tenido la obsesión de dominar la región por sus recursos y su ubicación geoestratégica. Y los gobernantes occidentales, desde Alejandro Magno hasta la actualidad, lo han visto como un mundo atrasado y bárbaro pero a la vez han querido dominarlo.

Hoy en día la situación no es diferente. El Oriente Medio y el Magreb (norte de África) siguen siendo la cuna de los grandes conflictos e incluso tienen la capacidad de detonar la tercera guerra mundial, debido a la puja por los hidrocarburos y a la ubicación geo-estratégica de esa parte del mundo.

Oriente Medio aún no ha conocido y probado el sabor de la democracia. Siempre ha sido gobernado por monarcas o dictadores hereditarios. En la región no existen gobiernos legales ni legítimos, tampoco existen elecciones libres o partidos políticos. El destino del pueblo y las riquezas de las naciones están en manos de los monarcas o los dictadores. En estos países no existen las libertades de expresión, de prensa o de culto y ni hablar de la situación lamentable de las mujeres y niños. La brecha entre los ricos y pobres es abrumadora.

¿La maldita primavera?

Hosni Mubarak, presidente de Egipto.
Hosni Mubarak, presidente de Egipto.  
Foto: Wikimedia Commons

Hay muchos culpables a la hora de buscarlos. La culpa es de los mismos dirigentes políticos de la región, pero también de los hipócritas gobernantes occidentales que han llevado al poder y han mantenido durante décadas a los monarcas y dictadores del Oriente Medio.

El mundo fue testigo de la famosa “Primavera Árabe”, que comenzó el 17 de diciembre de 2010 cuando un joven tunecino vendedor de frutas llamado Mohammed Bouazizi fue humillado por un policía local. Entonces, la población enfurecida ocasionó la caída del dictador de Túnez luego de que este estuviera 24 años en el poder.

Pero no solo la población tunecina tenía problemas económicos y políticos. Todo el Oriente Medio compartía estas duras realidades. En cuestión de meses la Primavera Árabe  se extendió como si fuera un dominó y llegó a varias naciones para derrocar a sus dictadores, desde Egipto y Libia hasta Yemen.

Muchos pensaron que con el inicio de la Primavera Árabe por fin el Oriente Medio conocería la democracia. 

Sin embargo algunos dictadores han sabido mantenerse en el poder e incluso han aumentado sus poderes. Esto no ha sido gracias a su inteligencia o sus estrategias sino a las potencias regionales y occidentales que los respaldan. Solo fueron derrocados los dictadores que las potencias occidentales dejaron que fueran derrocados. Otros, como la monarquía saudí, la monarquía de Bahréin, de Jordania o de Siria, siguen en el poder.

Muchos pensaron que con el inicio de la Primavera Árabe por fin el Oriente Medio conocería la democracia. Pero esta esperanza ha desaparecido debido a la guerra civil en Siria, al conflicto en Libia, a la guerra en Yemen, a la crisis de los refugiados, al choque de los intereses de las potencias regionales y a la liberación del dictador egipcio Hosni Mubarak.

Los jóvenes y la población en general salieron a las calles para manifestar el deseo de derrocar los dictadores, pero por falta de líderes políticos y sin un plan nuevo, la Primavera Árabe ha perdido su horizonte y fue reemplazada por los radicales islamistas.

Al final la Primavera Árabe solo dejó muertos, países fallidos, dictadores sanguinarios, conflictos religiosos, guerras étnicas y sectarias, pobreza, millones de refugiados dispersos por el mundo, una región convertida en un santuario para los terroristas radicales, conflictos interminables y hasta la posibilidad de una guerra a una escala global.

Las guerras del momento

Es cierto que el Oriente Medio se ha convertido en un polvorín por la invasión injustificada e ilegal de Estados Unidos a Irak en 2003. Sin duda Saddam Husein era un dictador, pero derrocarlo y no tener un reemplazo trajo consecuencias negativas no solo para Irak sino para toda la región.

De este vacío de poder surgió el temible grupo terrorista radical mal llamado Estado Islámico. Después de la caída de Saddam Husein, Irak se ha convertido en un Estado fallido y en un santuario para los terroristas. Hoy en día estamos viendo un Irak que puede llegar a dividirse en tres mini Estados de sunitas, chiitas y kurdos. Además, buena parte de su población está refugiada en diferentes países del Oriente Medio y del mundo y sus riquezas están repartidas entre los feudos locales y las potencias occidentales.

Pero sin lugar a dudas la situación más lamentable, más incierta y que representa el mayor peligro como detonante de un conflicto a gran escala es la guerra civil en Siria. No hay sino que mirar las cifras: 13 millones de refugiados, más de medio millón de muertos, cientos de miles de personas encarceladas y torturadas por el régimen de Bashar el Asad y otros por el Estado Islámico (EI). Es muy factible que, también como en el caso de Irak, en el futuro cercano veamos una Siria dividida entre sunitas, chiitas y otros grupos étnicos.

A la hora de analizar por qué el régimen de Bashar al Assad no ha caído, como sí sucedió en los casos de Libia o de Túnez, se pueden encontrar diferentes factores internos y externos:

  • El dictador iempre ha tenido unas fuerzas armadas bien dotadas, entrenadas y pagadas,
  • El régimen ha consolidado las fuerzas económicas de la nación en manos de sus propios familiares.
  • Para bien o para mal al Assad ha sabido mantener contenta a la mayoría de la población (hasta que comenzó la intromisión internacional en el apoyo a los rebeldes),
  • El régimen de Assad siempre ha tenido unas buenas relaciones con Irán, por tener un vínculo religioso chiita, y con Rusia por compartir intereses económicos, geopolíticos y militares.
  • Por ser vecino de Israel, derrocar a al Assad sin un buen reemplazo no le conviene a Occidente, en especial a Estados Unidos.

El drama extendido

Muamar Gadafi, dictador libio.
Muamar Gadafi, dictador libio. 
Foto: Wikimedia Commons 

Los refugiados sirios y del Magreb han puesto en jaque a los monarquías del Golfo Pérsico y a las naciones occidentales. Los países del Golfo han cerrado sus fronteras a sus supuestamente hermanos de la misma religión y raza. Y los países europeos han perdido el examen de la historia al rechazar los refugiados en sus territorios.

Lo que durante siglos Occidente había enseñado al mundo sobre el derecho internacional y derecho internacional humanitario no se cumplió a la hora de solucionar el problema en Siria o de darles ayuda a los refugiados. El mundo ha convertido al Mediterráneo en un cementerio, como una vez dijo el papa Francisco en pleno Parlamento Europeo.

Después de la caída de Saddam Husein, Irak se ha convertido en un Estado fallido y en un santuario para los terroristas.

Estamos viendo en la guerra civil siria el choque de los intereses de las potencias regionales y mundiales. Por un lado está la guerra interminable entre sunitas y chiitas, que lleva más de 1450 años con Irán liderando el bando chií y con el resto de las naciones árabes, incluida Turquía, apoyando a los sunitas.

Por el otro lado está el choque de los intereses de Europa y Estados Unidos con los de Rusia y China. Lo que está sucediendo nos demuestra que la Guerra Fría nunca ha terminado y se mantiene en los enfrentamientos entre Vladimir Putin y Donald Trump, que pueden llevar a una guerra real. Las potencias regionales y mundiales, en vez de ayudar a solucionar el problema en Siria y mejorar la condición de la población civil, han aumentado la tensión.

Mientras tanto, el choque de los intereses políticos, económicos, geopolíticos y hasta personales de los líderes mundiales ha permitido que crezca y tenga más poder el temible grupo terrorista Estado Islámico.

Por ahora, las únicas herencias que ha dejado la mal llamada Primavera Árabe es un Oriente Medio en caos, una población con hambre y refugiada, guerras sectarias y étnicas, Estados fallidos, la división de territorios y la posibilidad del surgimiento de nuevos mini Estados y nuevos grupos terroristas radicales.

En este momento la población de Oriente Medio debe actuar de una manera muy inteligente y las potencias occidentales deben ayudar a las naciones de la región. Lo que está viviendo Oriente Medio se puede comparar lo que vivió Europa durante la Guerra de los 30 años (1618-1648), que dio a lugar al Tratado de Westfalia y de donde surgió la figura del Estado-nación.

Oriente Medio carece de la noción de Estado-nación. Si los europeos aprovecharon esas guerras sectarias y religiosas, los pueblos árabes también pueden aprender de la guerra que están viviendo. Es cierto que no se ve una luz en el futuro cercano, pero en el futuro lejano tal vez sí.

 

* Magister en Ciencias Políticas, experto y analista sobre asuntos de Oriente Medio y las Relaciones Internacionales.

 

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