Venezuela y Colombia: unas tensas relaciones

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Frontera con Venezuela

Carlos_RomeroLa llegada de Trump, la crisis que se agrava en Venezuela, la presión del uribismo sobre Santos, la cuestión fronteriza, el contrabando, los migrantes… ¿Qué está pasando – y qué puede pasar- en esta relación crucial para los dos países?  

Carlos A. Romero*

Las causas del conflicto

Las relaciones entre Colombia y Venezuela se han calentado en las últimas tres semanas. La estabilidad que caracterizó la relación entre ambos países por un largo período, que venía desde 2010, se está agrietando y podría llegar a quebrarse. ¿Cuáles son las causas que han llevado a esta nueva y difícil situación? ¿Cómo entender las conductas de ambos gobiernos ante la necesidad de enfrentarse a nuevos retos?

Este cambio en las relaciones ha sido provocado principalmente por tres factores.

-En primer lugar, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha llevado a que las relaciones en el continente estén a un paso de tener que reinventarse. Ya no será tan fácil desarrollar una diplomacia ambivalente y «tener un millón de amigos», lo que significa que Colombia tendrá que retomar la agenda diplomática y comercial con Estados Unidos, y eso tiene un costo.

Washington amenaza con no dar más concesiones si no hay una militancia activa a favor de la democracia y de la libertad económica en el hemisferio. Esto es lo que ha llevado a Colombia a cerrar filas con aquellos países que someten a Venezuela a un examen cotidiano y detallado con respecto a la vigencia y pertinencia de la democracia participativa y del socialismo del siglo XXI.

-En segundo lugar, a la dificultad que tiene Colombia para seguir jugando a ser neutral frente al caso venezolano se suma la situación política interna del país. Un sector cada día más grande de la clase política colombiana le reclama al gobierno Santos una actitud más firme y crítica frente al gobierno Maduro.

Juan Manuel Santos junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Juan Manuel Santos junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. 
Foto: Cancillería

Este sector ve al gobierno venezolano como un régimen completamente fuera de lugar que se ha ido convirtiendo en una amenaza permanente para Colombia. Esto se debe al aumento exponencial del contrabando, la proliferación de los caminos verdes, el tráfico de personas, el narcotráfico, la violencia social y la presencia de la guerrilla y de otros actores ilegales en las fronteras.

Del mismo modo, para el gobierno colombiano es muy difícil discernir qué es lo más importante para sus intereses: si el apoyo al proceso de paz –auspiciado, entre otros, por Venezuela– o el escrutinio realista de la crisis del vecino con una «prudencia que no se debe confundir con debilidad», según palabras del mismo presidente Santos.

-En tercer lugar está la cuestión fronteriza, que ha provocado la inestabilidad de las relaciones entre Colombia y Venezuela en las últimas semanas. A pesar de las repetidas alocuciones a favor de una cooperación bilateral en el plano militar, la verdad es que este compromiso no se ha cumplido. De hecho, lo que reina son los planes y operativos de seguridad individuales que han llevado, entre otras cosas, a la penosa situación vivida recientemente por las fuerzas militares de ambos países, que tuvieron diferencias sobre dónde y cómo se ejerce la soberanía de cada uno.

En todos estos años, a los gobiernos de Chávez y Maduro se les ha pedido ayuda para resolver el conflicto armado colombiano.

Considerando lo anterior, puede afirmarse que las relaciones entre Colombia y Venezuela están agrietadas por las profundas diferencias en el comportamiento que los presidentes Maduro y Santos han tenido frente a Washington. Igualmente, las relaciones entre los dos países se han tensionado por las dificultades comerciales que han hecho que el intercambio entre las dos naciones se reduzca año tras año –sobre todo las exportaciones de productos colombianos a Venezuela– y por la ausencia de una coordinación entre ambos países en temas como el combate del narcotráfico y el contrabando.

A esto hay que agregar el efecto del movimiento migratorio de venezolanos hacia Colombia, de los desplazados colombianos en territorio venezolano y las múltiples fuerzas –con frecuencia ilegales– presentes en la frontera, además de otros temas que deben hacer parte de una agenda bilateral que está pendiente de ser implementada con políticas públicas comunes.

Crisis en la frontera con Venezuela.
Crisis en la frontera con Venezuela.
Foto: Wikimedia Commons

La historia reciente

Esa última idea fue la que prevaleció en 1989, cuando los presidentes Carlos Andrés Pérez y Virgilio Barco acordaron darle un giro radical a las relaciones que en ese momento parecían completamente determinadas por el conflicto de la delimitación de áreas marinas y submarinas en el Golfo de Venezuela (Golfo de Coquivacoa, para Colombia).

La visión de ambos presidentes, que pretendía abarcar de una vez todos los problemas importantes y darles una solución global, marcó una época importante en las relaciones bilaterales que en ese tiempo se caracterizaron por tener un mayor dinamismo y por darse en un clima de más confianza.

No obstante, con el nuevo ciclo de la política venezolana, que comenzó en 1999, los logros alcanzados por Bogotá y Caracas se vieron amenazados por la ruptura con el pasado que se promovió en Venezuela y que implicaba marcar distancia nuevamente con los gobiernos colombianos, definidos ahora como oligárquicos por el gobierno venezolano.

Al mismo tiempo, se estimulaba por todos los medios al conjunto de organizaciones e individuos destacados de la izquierda colombiana para que siguieran el ejemplo de Venezuela. Sin embargo, la Colombia democrática no se dejó arrastrar por la profecía bolivariana y, al contrario, renovó su sistema político (hasta el punto de haberse jugado su propia credibilidad con el proceso de paz, aunque en medio de un claro distanciamiento entre las fuerzas que se oponen a ese proceso y quienes lo defienden).

En todos estos años, a los gobiernos de Chávez y Maduro se les ha pedido ayuda para resolver el conflicto armado colombiano, aunque a veces el excesivo protagonismo venezolano ha llevado a Colombia a advertir sobre los males de la injerencia de su país vecino.

En las relaciones entre Venezuela y Colombia prevalecen las distancias y las suspicacias.

Desde un punto de vista general, en las relaciones entre Venezuela y Colombia prevalecen las distancias y las suspicacias. Estas dudas y limitaciones vuelven a hacerse presentes por la reorganización de las relaciones entre los países del continente, las decisiones políticas tomadas por Colombia y las tensiones fronterizas.

Una estimada y recordada profesora de estadística, Julia de Barragán, siempre nos recordaba que no se podían mezclar peras con manzanas. Y es cierto. Aplicando esa reflexión al caso que nos ocupa, debe señalarse que Colombia y Venezuela no son países homogéneos, y esto ha marcado sus relaciones. Son muchas las diferencias de fondo entre ambos gobiernos. A pesar de que se invoquen con la fe más pura las figuras míticas de la pareja parental, a Simón Bolívar y a “Colombia la Grande”, ambos países se trazaron diferentes rutas históricas y van ahora por caminos diferentes.

Donald Trump
Presidente Estadounidense, Donald Trump.
Foto: Share America

¿Qué esperar?

Es en este contexto donde se ubican los hechos recientes que han llamado la atención sobre el deterioro de las relaciones entre ambos países:

  • La votación y el activismo de Colombia en la OEA, así como su militancia en el grupo de países preocupados por el destino de Venezuela,
  • El incidente militar en la frontera entre ambos países;
  • El cierre de la frontera:
  • El apoyo de muchos actores colombianos a la lucha democrática de la oposición venezolana; y
  • La conducta del gobierno de Maduro frente a los procesos de paz.
El problema fundamental es cómo evitar que la grieta que hay ahora en las relaciones provoque daños irreparables.

Las relaciones entre Bogotá y Caracas han tenido para ambas naciones una gran importancia que –hasta ahora– ha sido capaz de amortiguar cualquier desavenencia, por más profunda que haya sido. Pero el problema fundamental que enfrentan ahora ambos gobiernos es cómo evitar que la grieta que hay ahora en las relaciones provoque daños irreparables. Además, ¿puede pensarse que la fortaleza histórica que, en medio de todo, han mostrado las relaciones entre ambos países es garantía de que en un futuro cercano no habrá un conflicto más grave?

No es nada fácil responder estas preguntas. Se puede pronosticar que, de no tomar en serio los problemas actuales en las relaciones bilaterales, la situación puede colapsar. Solo un examen de conciencia por parte de los gobiernos de ambos países puede detener esta oscura tendencia que se ha observado en las últimas semanas.

A partir de ahora pueden preverse tres escenarios:

  • El primero de ellos sería uno en el que Colombia profundice sus relaciones con el gobierno de Estados Unidos y con la alianza occidental (lo que incluiría un acercamiento con la OTAN). En este caso, la geopolítica jugaría un papel fundamental en las relaciones entre los dos países.
  • Un segundo escenario sería el de un modelo de negociación bilateral, como el de 1989, que tendría el propósito de llevar a un segundo plano las tensiones y presiones domésticas y mundiales para darle prioridad a la solución de los problemas fronterizos y comerciales entre Colombia y Venezuela.
  • Finalmente, el tercer escenario implicaría pensar lo impensable: una confrontación abierta entre ambos gobiernos.

En cualquier caso, estas son tan solo unas conjeturas puestas sobre la mesa con el propósito de nutrir un debate útil y necesario.

 

* Politólogo y analista internacional venezolano, profesor titular jubilado de la Universidad Central de Venezuela.

 

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