Turquía, el referendo, la historia

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Evelyn Gonzalez El próximo domingo Turquía escogerá entre islamismo y secularismo, entre Europa y Medio Oriente. Un referendo crucial para un país estratégico y para los equilibrios geopolíticos que más preocupan al mundo.   

Evelyn González*

El referendo

Por estos días en Turquía se está realizando la campaña previa al referendo propuesto por el gobierno que definirá la transformación del sistema político de la república. En dicho referendo, el gobierno de Turquía, liderado por el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco), promueve la campaña por el “sí”.

Esta campaña apoya la transición de un sistema político parlamentario a un sistema presidencial dentro del cual se hará una enmienda constitucional con más de dieciocho modificaciones. Estas incluyen la relección presidencial para períodos de cinco años, cambios en la Junta Suprema de Jueces y Fiscales –que se reduciría de veintidós a trece miembros–, la ampliación del número de parlamentarios de 550 a 600 y la abolición de las cortes militares, entre otras reformas.

En relación con esto, es interesante observar las encrucijadas que ha enfrentado Turquía en los últimos quince años bajo el liderazgo del AKP, que el próximo 16 de abril pretende hacer, por medio del referendo, la transformación más grande en la historia de la república turca.

No obstante, para entender el referendo, así como todo el proceso por el que ha atravesado Turquía, debe revisarse lo que ha significado el mandato de Recep Tayyip Erdogan en un país que poco a poco ha ido abandonando el secularismo para abrazar nuevamente el islam en la vida pública.

Partido político de Turquía, “Partido de Justicia y Desarrollo” AKP, por sus siglas en turco.
Partido político de Turquía, “Partido de Justicia y Desarrollo” AKP, por sus siglas en turco.
Foto:  Wikimedia Commons

Turquía y el AKP

En 2002, el triunfo electoral del AKP significó la consolidación de un proceso de incursión del islam en la política que se había iniciado en 1983, cuando Turgut Özal asumió el cargo de primer ministro y buscó la reconciliación entre el secularismo y las expresiones religiosas en la vida pública.

El triunfo electoral del AKP significó la consolidación de un proceso de incursión del islam en la política.

En la década de 1990, con el fin de la Guerra Fría, Turquía mantuvo una clara inclinación hacia Occidente. En términos de política exterior esta inclinación se expresó en su permanencia en la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) y en el mantenimiento de su cercanía con los gobiernos de Europa y Estados Unidos.

Esta cercanía se reflejó principalmente en el fortalecimiento de las relaciones con Israel a través de la firma de un acuerdo de cooperación militar y de seguridad según el cual Turquía recibiría ayuda para modernizar su aparato militar, mientras Israel podría hacer uso del espacio aéreo turco para el entrenamiento de sus fuerzas militares.

En contraste con esta línea de gobierno, muy cercana al republicanismo occidental, en 1996 llegó al poder Necmettin Erbakan, líder del Partido de Bienestar del cual también fueron miembros el actual presidente de Turquía y varios miembros del AKP. Erbakan y su partido tenían una clara orientación islámica, y durante su corto período de gobierno intentó aislarse de Occidente y fortalecer los lazos políticos con el mundo islámico por medio de la creación del D8, un grupo de ocho países islámicos en vías de desarrollo que constituía una alternativa cultural y económica frente al statu quo establecido por Occidente. No obstante, en 1998 el Partido de Bienestar fue abolido y prohibido por atentar contra el secularismo.

En 2002, el AKP logró convertirse en una alternativa política y venció en las urnas. Con este triunfo comenzó el proceso de transformación de la República de Turquía. En un comienzo, este partido fue calificado como neo-otomano, conservador moderado y demócrata islámico. Esto se debía a que, en sus inicios, proponía en su programa de partido y en el gran pacto nacional que promovía un enfoque de derechos, de reconocimiento de las minorías y de libertades económicas y religiosas en Turquía.

Este enfoque le abriría al país la puerta hacia su posicionamiento como una potencia multiregional (en los Balcanes, el Medio Oriente, Asia Central y el Cáucaso), que sin abandonar los principios republicanos de Mustafa Kemal Atatürk podría reivindicar el islamismo. De este modo, llegaría a ser una democracia islámica, al estilo de las democracias cristianas europeas, donde la religión no entraría en conflicto con el sistema político secular turco.

Con respecto a su política exterior, el AKP conservaba el equilibrio en la importancia que le daba a sus intereses en las distintas regiones con las que colinda Turquía. Mantuvieron los objetivos de ingresar a la Unión Europea y de restablecer las relaciones con Medio Oriente, así como la búsqueda de influencia en los Balcanes y en las otras regiones cercanas a Turquía.

Así se mantenía un balance entre el rescate de los antiguos valores turcos y el proceso de acercamiento con Occidente que había venido ocurriendo desde hacía años. Esto, sumado a la política de cero problemas con los vecinos, parecía garantizar la armonía en el proceso de transformación de la república turca.

Por otra parte, dentro del país inicialmente hubo un desarrollo en el reconocimiento de las minorías que tuvo efectos positivos para grupos poblacionales y religiosos como los kurdos, los alevís, los cristianos y los judíos. Todos ellos habían desaparecido del debate público después de la reivindicación de la identidad turca y secular que vino con la fundación de la república.

Inclusive, en 2012, después de la intensificación de las acciones militares del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el gobierno inició un proceso de diálogo con esta guerrilla de ideales marxistas y nacionalistas. El diálogo recibió el nombre de “proceso de solución” y se mantuvo a pesar de varios atentados terroristas. Incluso se logró un cese al fuego, ordenado desde la cárcel por Abdula Öcalan, líder de la agrupación, que contribuyó al fortalecimiento del proceso que, no obstante, se detuvo en 2015.

abdullah ocalan
Abdullah Öcalan, político turco y presidente del partido “Los Trabajadores de Kurdistán”.  
Foto: Wikimedia Commons

Contradicciones

A pesar de la atmósfera de armonía y reconciliación en la historia reciente de Turquía, el fortalecimiento de los valores religiosos pone constantemente en evidencia las paradojas del gobierno de Erdogan.

Fortalecimiento de los valores religiosos pone constantemente en evidencia las paradojas del gobierno de Erdogan. 

Sus acciones, guiadas en gran medida por ideales religiosos, lo han llevado a distanciarse de aliados que históricamente han sido claves para la política exterior de Turquía. Tal es el caso de la defensa de la causa de Palestina ante la comunidad internacional que, si bien se hizo para fortalecer la imagen de Erdogan frente a la opinión pública turca, lo llevó a hacer fuertes señalamientos contra Israel que provocaron el enfriamiento de las relaciones entre estos dos países por seis años.

La hermandad islámica ahora es parte de los principios de gobierno de Turquía. Estos principios incluyen también el desarrollo de una infraestructura que Colombia envidiaría. En Estambul, por ejemplo, el sistema de transporte integrado conecta a Europa y Asia por tierra y mar. A esto se suma la reciente construcción de un túnel diseñado para disminuir la congestión vehicular que comunica los extremos de la ciudad –ubicada en dos continentes– en menos de diez minutos.

Este desarrollo en la infraestructura está acompañado por el aumento en la construcción de mezquitas que, según el diario local Hürriyet, solo en Estambul superaban las 3.100 en 2013. Igualmente, se ha disparado la creación de universidades y de facultades de teología, así como de pensamiento islámico. Este aumento contrasta con la expulsión de profesores universitarios y académicos y con las altas cifras de prisioneros políticos considerados críticos del gobierno. Cifras que aumentaron después del intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, que llevó a la captura de más de 4.000 personas.

En la actualidad, en Turquía siguen siendo evidentes la diversidad y los contrastes de los que está hecha y que se expresan en buena medida en la tensión entre secularismo e islamismo, en la multiplicidad cultural que alberga y en los miles de historias que ha vivido y que el tiempo no borra.

Turquía es claramente islámica, pero también es europea, balcánica, medio-oriental, asiática y caucásica. Turquía es bella y es el resultado de lo que hacemos quienes la habitamos, así como nosotros somos resultado de lo que es ella. Por eso esperamos con interés los resultados del referendo que se hará el 16 de abril.

 

* Candidata a doctora en Historia Política y Relaciones Internacionales del Medio Oriente de la Universidad de Marmara, Turquía.

 

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