Atentado en el Centro Comercial Andino: ¿seguirán los ataques en Bogotá?

(Tiempo estimado: 6 - 12 minutos)

Homenaje a las víctimas del atentado en Bogotá.

Jorge MantillaParece que aún se sabe poco y sin embargo hay mucho que decir sobre el ataque mismo, sobre lo que probablemente harán las autoridades, sobre el gran desafío que hay debajo, sobre el oportunismo de muchas reacciones, sobre la vida cotidiana que se sigue…y sobre lo que las autoridades tendrían que hacer.      

Jorge Mantilla*

Hipótesis…e ilusiones

Tres mujeres muertas y una decena de personas heridas es el saldo del atentado de mayor gravedad registrado en la ciudad de Bogotá desde el ataque contra del ex ministro Fernando Londoño el 15 de mayo de 2012.

Aunque hasta el momento se saben muy pocas cosas -y hay el riesgo de caer en la  especulación- el propio presidente Santos ha reconocido que las autoridades manejan tres hipótesis sobre la autoría de este nuevo atentado, hipótesis que muy probablemente incluyen desde las disidencias de las FARC hasta comandos urbanos del Clan del Golfo, pasando por el ELN y por grupos asociados con el Movimiento Revolucionario Popular (MPR).

Sin embargo en cualquiera de tales escenarios, es evidente que nuestras instituciones carecen de la capacidad suficiente para prevenir este tipo de ataques, y que tampoco tenemos la capacidad social para que prime la solidaridad ciudadana sobre la pugnacidad política.

Por más que se crea ingenuamente que el Acuerdo de paz nos acerca al país donde la política es negociación sin acudir a la violencia -el tipo de sociedad que defendió la filósofa Hannah Arendt-, aún seguiremos siendo (al menos por algún tiempo) un país donde la violencia es apenas el momento decisivo de la vida política – la sociedad de Carl Schmitt-.  

Fallas en la investigación criminal

Pronunciamiento del Presidente Juan Manuel Santos y el Alcalde Enrique Peñalosa frente al atentado en el Centro Comercial Andino.
Pronunciamiento del Presidente Juan Manuel Santos y el Alcalde Enrique Peñalosa frente al atentado en el Centro
Comercial Andino.  
Foto: Conexión Capital 

Es muy probable que las autoridades den prontamente con los responsables materiales de este hecho- sobre todo si se tiene en cuenta que el terrorismo es un tema prioritario en la agenda de Francia, y que una ciudadana de ese país murió en el atentado del Centro comercial Andino-. La presión de la comunidad internacional sobre las autoridades colombianas y el presidente Santos va a ser muy intensa.

Pero aún entonces, los ataques de este tipo en Bogotá (aunque sin víctimas morales) se han venido produciendo desde 2014 y sus autores no han sido identificados: la Fiscalía General de la Nación (FGN), la Policía Nacional y los organismos de inteligencia han fallado en sus labores de investigación criminal y en su coordinación interinstitucional.  

Cuando el acto terrorista causa tanta conmoción y la ciudadanía exige que las autoridades esclarezcan los hechos, suele ocurrir que acaben siendo capturadas personas que al poco tiempo recobran su libertad por la falta de solidez de las pruebas, o que no tengan una relación muy clara con la presunta organización terrorista. Sin ir muy lejos,

  • El primero fue el caso de los trece detenidos por los atentados contra las sedes del fondo de pensiones Porvenir en el año 2015;
  • Y el segundo fue el caso de Mateo Gutiérrez alías “Mateo”, un estudiante universitario a quien se sindicó como responsable de diez atentados en Bogotá.  

Estas fallas son aún menos aceptables si se recuerda que desde 2012 la FGN viene empleando un nuevo sistema de investigación criminal – llamado de “priorización” – precisamente para enfrentar los fenómenos de delincuencia organizada mediante análisis de contexto que van más allá del delito específico para explorar rasgos comunes y redes delictivas. Los pocos resultados en relación con la serie de acciones terroristas que han afectado a Bogotá son una muestra clara de la brecha entre la ley y la práctica, y entre las varias policías judiciales que deberían haber concertado sus esfuerzos para identificar a los responsables y prevenir la repetición de sus delitos.  De modo pues:

  • Que nuestras autoridades de seguridad y justicia siguen siendo puramente reactivas y,
  • Peor todavía, que cuando más capturan a los autores materiales o residuales del crimen, pero nos quedamos sin noticia o  claridad sobre sus autores intelectuales (salvo, claro está, cuando esos autores lo confiesan, como ocurrió con el ELN en el atentado del barrio La Macarena en febrero de este año).

Redes criminales

En su libro “Narcotráfico, corrupción y Estados” Luis Jorge Garay y Eduardo Salcedo definen la red criminal como “una red social de agentes legales o ilegales indefinidos cuya estructura es conformada por la cantidad de individuos que participa en determinado momento de la operación.”

Se trata entonces de un grupo de composición variable y de fronteras borrosas, donde no es fácil precisar si un individuo pertenece estrictamente a la organización, si sus acciones personales son abiertamente ilegales o si cumple tareas legales que sin embargo ayudan a la organización.

Este tipo de redes – que son los principales responsables de la llamada “macro-criminalidad” – plantea problemas especiales a la investigación judicial para identificar y deslindar las responsabilidades penales que siguen siendo de carácter individual.  En el caso concreto del Centro Andino, la investigación pasará por diferenciar los papeles de:

  • La mujer que hizo la inteligencia previa del baño y zonas aledañas en los días previos sin despertar sospecha, 
  • El sujeto que presuntamente instaló el artefacto explosivo  y que hasta el momento constituye la primera pieza de las investigaciones, y más importante aún el de
  • El experto en explosivos que con seguridad no estuvo en ningún momento en el centro comercial pero podría estar detrás de todo un proceso de transferencia de conocimiento en la construcción de artefactos explosivos o incluso de otros atentados perpetrados en la ciudad que no han sido resueltos.

Desde esta perspectiva de “macro-criminalidad” o de lucha contra el crimen organizado, la prioridad debería ser el fortalecimiento de las capacidades del Estado para controlar los mercados ilegales y para desmontar las redes que gestionan estos enclaves de ilegalidad -que sirven para alimentar el terrorismo y además otros fenómenos de alta peligrosidad, como decir el homicidio selectivo de líderes sociales-. En otras palabras, lo esencial es concentrar la capacidad punitiva del Estado sobre los intermediarios que operan las rutas de abastecimiento (armas, explosivos…) y sobre los eslabones que interconectan redes con distintas especialidades en un contexto de ofertas criminales diversificadas.

El nuevo desafío

De hecho, el desafío de la “macro-criminalidad” ya ha sido definido por Colombia como la nueva prioridad de su política de seguridad ciudadana.

Dados los cambios en el “teatro de operaciones” de los últimos años y el aumento de la capacidad ofensiva de algunos grupos ilegales “post-desmovilización” de las FARC,  el Ministerio de Defensa expidió la Directiva Permanente 015 del 2016 “para caracterizar y enfrentar a los Grupos Armados Organizados (GAO)”.

Esta directiva enuncia los elementos para identificar los GAO y para distinguirlos de los  Grupos Delictivos Organizados (GDO). Esta distinción es importante porque la misma directiva se ocupa de cómo clasificar las hostilidades de los actores armados en el marco de un conflicto interno – y apela para ello a los criterios  del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoeslavia-.

Cuestiones como la prioridad para la Fuerza Pública, la posibilidad de capturas masivas o de utilizar los bombardeos aéreos contra determinado grupo dependen de esta clasificación y estos criterios. Por eso la misma directiva estipula que ellos deberán ser aplicados por instancias como el Acuerdo de Comandantes del Sector Defensa y el Centro Integrado de Inteligencia, sin importar la finalidad o móvil del grupo objeto de la clasificación.

Por otra parte en la doctrina de seguridad hay un avance en armonizar las estrategias antinarcóticos, antiterroristas y contrainsurgentes, teniendo en cuenta el carácter multidimensional de la violencia armada y de las afectaciones humanitarias  en los conflictos contemporáneos.

Así por ejemplo, Tamara Makarenko en su “El continuum crimen-terrorismo” estudia la  consolidación del nexo entre terrorismo, conflicto armado y crimen organizado a partir de los procesos de integración de la violencia armada y los mercados criminales. Hasta la década de 1990 se entendía que grupos insurgentes y organizaciones criminales se asociaban de manera ocasional como fruto de su común conexión con intermediarios y proveedores de armas u otros recursos; pero a partir de entonces se reconoce la existencia de un continuum entre criminalidad y violencia política dentro del cual transitan varios grupos u organizaciones delictivas.

Oportunismo político

La coincidencia entre un desafío de seguridad tan complejo y el gran impacto mediático    del atentado en el Centro Andino produciría un alto grado de enrarecimiento en cualquier país del mundo.

Pero en Colombia además esto coincide con el difícil camino del desarrollo o “implementación” de unos acuerdos de paz que no gozan de la aceptación ciudadana necesaria – y que al mismo tiempo enfrenta otros actores armados en pleno proceso de recomposición criminal-.  De aquí lo absurdo de las reacciones de algunos sectores -de izquierda y derecha- que de manera delirante

  • Interpretan este atentado como una derrota de su adversario de turno en la Casa de Nariño o en el Palacio Liévano, y
  • Por lo tanto como el momento perfecto para desatar las campañas electorales del  2018.

Al igual que los actores del atentado del Andino, estos sectores delirantes olvidan las lecciones aprendidas del ataque contra el club el Nogal y el costo político que tienen los ataques indiscriminados contra la población civil.

Lejos del oportunismo de quienes de manera torpe han pretendido atribuir la responsabilidad política del ataque en el Centro Andino al proceso de paz o a una alcaldía, es preciso decir de manera clara que esto no corresponde a un incidente de seguridad ciudadana del cual puedan ocuparse la administración distrital y la capacidad instalada de la recienten creada Secretaría de Seguridad: éste es un fenómeno criminal que afecta de manera grave y directa la seguridad nacional.

Una mirada medianamente informada notaría que los ataques con explosivos vienen aumentando en Bogotá desde el 2014 y que por tanto no se pueden endilgar a la alcaldía de Enrique Peñalosa.  

Paradójicamente,  como sostiene James Hillman en “Un terrible amor por la guerra”,

  • La presencia omnipresente de la violencia en nuestras vidas-  sobre todo las de los colombianos-  acaba siendo tan normal como la belleza y el amor,
  • Los fanatismos de izquierda y de derecha acaban comulgando en una sola  iglesia de oportunismo político y manipulación del miedo.

Percepción de inseguridad

Joven francesa víctima del atentado en Bogotá.
Joven francesa víctima del atentado en Bogotá. 
Foto: Conexión Capital 

Pero también es cierto que este tipo de ataques incide sobre cada uno de los tres referentes que utilizan los ciudadanos para formar su propia percepción de la inseguridad circundante:  

  • La victimización, definida como el número de personas que reportaron haber sido víctimas de un delito,
  • La vulnerabilidad, entendida como el grado de debilidad o sensibilidad a la presencia de amenazas o riesgos, en función de la frecuencia y severidad de los mismos, y
  • La institucionalidad, definida como el grado de confianza y cercanía que siente la ciudadanía con el Estado y en especial con las autoridades de policía y  los órganos de justicia.

El atentado en el Andino fue un golpe contundente a la percepción de seguridad ciudadana en cada uno de esos tres referentes: los colombianos y -en especial los bogotanos- sentimos que sigue habiendo víctimas de la violencia organizada, que cualquiera de nosotros puede caer en un golpe como este, y que las instituciones del Estado no han sabido protegernos.   

Los medios de comunicación tienen la posibilidad de agravar o de atenuar los efectos psicológicos de un ataque de estas proporciones.

Y en todo caso Bogotá debe encontrar la manera de volver paulatinamente a una agenda de seguridad ciudadana donde el terrorismo va a ser objeto de “securitización” que desborda no solo la capacidad sino la competencia de las autoridades distritales.

 

* Experto en Seguridad y Defensa, becario Fulbright en el doctorado en Criminología, Derecho y Justicia en la Universidad de Illinois en Chicago.

 

Escribir un comentario

“Los comentarios en Razón Pública están sujetos a moderación, (de 8 am a 6pm hora de Colombia)con el fin de garantizar un intercambio de opiniones en tono respetuoso - serán bienvenidas la crítica aguda y la ironía - que enriquezcan el debate y resulten interesantes para lectores y autores.
En consecuencia, no se aceptarán comentarios del siguiente perfil:
1. Que constituyan descalificaciones, ataques o insultos contra los autores o contra otros participantes del foro de comentarios.
2. Que incluyan contenidos, enlaces o nombres de usuarios que razonablemente puedan considerarse insultantes, difamatorios o contrarios a las leyes colombianas.
3. Que incorporen contenido racista, sexista, homofóbico o discriminatorio por razón de nacionalidad,sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad.
4. Que hagan directa o indirectamente apología del terrorismo o de la violencia.
5. Que apoyen diferentes formas de violación de derechos humanos.
6. Que incluyan contenidos o enlaces que puedan ser considerados como publicidad disfrazada, spam o pornografía.
7. Comentarios sin sentido o repetidos, que serán eliminados sin piedad.

Los comentarios no reflejan necesariamente la opinión de Razón Pública, sino la de los usuarios, únicos responsables de sus propias opiniones.”


Código de seguridad
Refescar

Comentarios  

Antonio Melo
0 # Modus operandiAntonio Melo 21-06-2017 16:41
La paz tiene enemigos enconados que han tenido protagonismo en diversas épocas en Colombia. Quiero traer a la memoria los atentados con explosivos en centros comerciales en el día de la madre en Medellín y Bogotá en época de los primos Pablo Escobar Gaviria y Gustavo de Jesús Gaviria y los auto atentados en campaña presidencial en Barranquilla( inspirado por el director del DAS en esa ciudad) y Bogotá (este último con saldo de un reciclador muerto).
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Rosa Villegas
0 # PolitólogaRosa Villegas 21-06-2017 17:23
Gravísimo lo que está circulando al respecto por las redes sociales. Ahora se está inculpando a la propia víctima, como si la ciudadana francesa hubiera sido la portadora de los explosivos. Dicen que ella no alcanzó a salir del lugar porque cometió un error. La justificación para esa inculpación es que hace poco ella estuvo en Cuba y que su trabajo como líder social lo hizo en barrios pobres de Bogotá. Un atrevido diagnóstico con clarísimas intenciones políticas.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Gonzalo Garcia
0 # Sr,Gonzalo Garcia 24-06-2017 10:00
Y las fotos de las dos mujeres COLOMBIANAS muertas en el atentado terrorista?
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Gustavo Giraldo Garc
-1 # Un artículo vacuoGustavo Giraldo Garc 25-06-2017 18:19
Como puede concluirse, un artículo que se dedica a realizar afirmaciones diversas que no por ciertas están quedan sin desarrollo y ausentes de argumentos.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador

Esta semana en Razonpublica

Please publish modules in offcanvas position.