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La paz está herida pero la guerra está muerta

Hernando Llano AngelLa responsabilidad de hacer la paz recaerá sobre todos los colombianos. Comencemos  por reconocer que las banderas morales que esgrimieron tanto la guerrilla como el Estado deberán olvidarse para que la política le ponga punto final a esta guerra degradada. 

Hernando Llano Ángel*

Procesión de víctimas de la Masacre de Bojayá en el departamento de Chocó.

No hay paz perfecta

Como bien dijo el senador Álvaro Uribe en su mensaje a la opinión de esta semana, “la paz está herida: por eso mismo depende de todos los colombianos que la paz sane y que recobre plenamente la vida.

Sin embargo el anuncio del presidente Santos y de las FARC desde La Habana es todavía más importante: la guerra está moribunda.

Depende fundamentalmente de nosotros y de nuestro compromiso (no tanto de Santos, ni de Uribe, ni de las FARC, ni de la comunidad internacional) que la paz recobre su salud y fecunde generosamente sus frutos en nuestra tierra para beneficio de todos. Esto dependerá de si somos capaces de sepultar rápidamente la guerra y permitirle que descanse en paz, eternamente, sin prolongar artificialmente su vida.

El mayor peligro que en este momento nos acecha es la búsqueda de una paz perfecta, pues esta no existe en este mundo, que siempre estará lleno de conflictos y rencillas por resolver. Esto sería como hacer depender la paz de una justicia perfecta o de una discutible e incierta igualdad social. Si nos empecinamos en estos elementos, estaremos condenados a prolongar eternamente la guerra, con su secuela inacabable de dolor, degradación y víctimas.

Ya es hora de abandonar esos espejismos fatales, pues todos conocemos sus resultados: más de 220.000 víctimas mortales, de las cuales el 81,5 por ciento fueron civiles, y el mayor número de desplazados internos del mundo, cerca de 7 millones de compatriotas que han perdido sus parcelas y sus derechos vitales.

Además, ¿quién tiene el derecho a definir lo que significa una “paz perfecta” o una “justicia perfecta”? ¿Un Estado? ¿Un líder político? ¿Un partido o una guerrilla? La respuesta es simple: nadie. Por eso es responsabilidad de todos y todas que esta tragedia no se siga repitiendo en suelo colombiano.

Hoy tenemos una valiosa oportunidad política y una inmensa responsabilidad ética. Ningún ciudadano o ciudadana puede eximirse. Nos llegó la hora de la verdad. Para tomar una decisión tan trascendental vale la pena reflexionar sobre nuestra responsabilidad frente al pasado, el presente y el futuro.

Un pasado ignominioso

El Presidente Santos y Rodrigo Londoño luego de la firma del acuerdo de Cese al Fuego.
El Presidente Santos y Rodrigo Londoño luego de la firma del acuerdo de Cese al Fuego.
Foto: Oficina del Alto Comisionado para la Paz

Sobre el pasado, lo primero que tendríamos que reconocer es que este nos deja un vergonzoso saldo en rojo y una deuda de humanidad con cientos de miles de víctimas que tenemos que honrar. Y la primera y mejor manera de hacerlo es impedir que la guerra cobre más víctimas.

La segunda consiste en que los protagonistas de la guerra reconozcan sin ambages que en su obsesión por vencer al enemigo incurrieron en numerosas acciones degradantes e inhumanas, moralmente injustificables y políticamente ilegítimas. Ellos son los primeros que deben contar toda la verdad, para empezar a reparar a las víctimas.

¿quién tiene el derecho a definir lo que significa una “paz perfecta” o una “justicia perfecta”?

La primera verdad que deberían reconocer es su desvarío y soberbia, que todavía hoy ocultan bajo valores, principios, políticas y consignas que mancillaron y arruinaron con la sangre de sus víctimas.

En nombre de supuestos valores como “democracia”, principios como “Estado de derecho”, políticas como “seguridad democrática” y consignas como “revolución” o “justicia social” cometieron masacres, asesinatos, desapariciones, secuestros, “falsos positivos” y desplazamientos masivos.

Ni uno solo de los anteriores crímenes puede ser justificado ni legitimado ante las víctimas y sus sobrevivientes. Tampoco ante la conciencia ciudadana. Si esta los acepta estaría perpetuando eternamente la revancha y la venganza de nuevas generaciones, que más adelante, en nombre de la “justicia”, la “verdad” o las “instituciones democráticas”, tratarán de ajustar cuentas con los victimarios victoriosos.

La justicia transicional

En este contexto, la justicia transicional es imprescindible pues la degradación en que incurrieron todos los responsables directos de la guerra impide objetiva y legalmente declararlos inocentes plenos o culpables absolutos. Todos son responsables, según su mando y papel, de los actos cometidos o de las omisiones consentidas.

Estos actores deberían asumir explícitamente su responsabilidad para empezar a reparar a sus víctimas y honrar a sus familiares sobrevivientes, contando toda la verdad, sin refugiarse en ideologías o en dignidades gubernamentales. Ya pasó la hora de los comandantes y los héroes impunes; también la de los gobernantes inmunes. A todos les llegó la hora de las verdades y las responsabilidades históricas. Deben hacerlo para dejar de reclamar una dignidad y una identidad que ya perdieron, bien como revolucionarios o como estadistas, al ordenar, consentir o tolerar crímenes tan crueles y degradantes.

El dolor de las víctimas es igual, sin importar la legalidad o ilegalidad de su victimario. Ni el estadista ni el comandante revolucionario pueden reclamar  superioridad moral después de medio siglo de atrocidades. Por eso todos deben someterse a una justicia excepcional, que es la transicional, donde la culpabilidad es desplazada por la responsabilidad de la verdad, el castigo por la reparación a las víctimas, y la condena por la reconciliación con el enemigo de ayer, para permitir que la paz sea un ejercicio de la política y no siga siendo un botín disputado y arruinado por la guerra.

Se trata de construir la paz en serio, justamente entre los que ayer hicieron la guerra y cometieron los crímenes más repudiables creyendo obrar en defensa de valores y convicciones superiores. Quien aspire a ver a su enemigo de ayer tras las rejas implícitamente dice que él es moralmente superior a su adversario, cuando en realidad ambos comparten una responsabilidad similar por lo acontecido, ya sea por su acción o por  omisión como comandante guerrillero, como jefe de Estado o como líder político.

En estos casos la justicia no cede ante la paz, sino que la política se impone sobre la guerra, pues solo quienes aspiran a vencer en un campo de batalla pueden recluir a los vencidos en cárceles y negarles todo derecho a seguir existiendo políticamente.

¿Será esa la paz sin impunidad que pregona el Centro Democrático? De ser así nos esperan muchos años más de guerra e ignominia en la búsqueda irresponsable y moralmente criminal de una “justicia sin impunidad”, con el costo inadmisible e insufrible de la paz perfecta de las tumbas y las fosas comunes.

El presente y el futuro

El Ex-presidente y Senador por el Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez.
El Ex-presidente y Senador por el Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez.
Foto: Congreso de la República de Colombia

En lugar de ese futuro de vengadores implacables y gobernantes irresponsables e impunes, los ciudadanos tenemos frente a nosotros un presente de responsabilidad y un futuro de reconciliación.

Ni el estadista ni el comandante revolucionario pueden reclamar  superioridad moral después de medio siglo de atrocidades.

Tenemos la responsabilidad de valorar lúcida y sensiblemente el dolor de las miles de víctimas de esta guerra, más allá de las pasiones y los maniqueísmos viscerales que pretenden eximir a unos de toda responsabilidad y darle a otros toda la culpa.

Los ciudadanos deberíamos reconocer que no estamos dispuestos a vivir más en una sociedad dividida eternamente entre víctimas y victimarios, vencidos y vencedores, y comprometernos ética y políticamente a construir una sociedad reconciliada, por fin democrática, donde todos tengamos iguales derechos y oportunidades. Sin concederle a nadie, por ninguna razón, la potestad para disponer de la vida de sus semejantes en aras de absolutos inalcanzables como la “paz perfecta” o la “justicia perfecta”.

Esa es la inmensa responsabilidad que debemos asumir si se convoca el plebiscito: sustituir para siempre las tumbas por las urnas, la guerra por la política, las víctimas y los victimarios por la ciudadanía y por fin construir y vivir en un Estado democrático, que haga imposible para siempre la simbiosis mortal de la política con las armas.

 

* Politólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá, profesor Asociado en la Javeriana de Cali, socio de la Fundación Foro por Colombia, Capítulo Valle del Cauca. Publica en el blog: calicantopinion.blogspot.com. 

@HernandoLlano

Lo que se acordó (y lo que no se acordó) en La Habana

Juan Carlos PalouEl anuncio de tres acuerdos importantes entre el gobierno y las FAR produjo mucha  alegría y despertó grandes expectativas. Pero este no es el final del proceso: ¿cuál es el alcance real de los acuerdos?

Juan Carlos Palou*

El Presidente Santos y el comandante de las FARC Rodrigo Londoño suscriben el acuerdo para el Cese al Fuego.

Sin cantar victoria

Muchos colombianos vimos con emoción la ceremonia de firma de los tres acuerdos entre el gobierno y las FARC sobre cese al fuego, garantías de seguridad y refrendación respectivamente.

Sin embargo la alegría no debe hacernos olvidar que todavía hay una evidente indiferencia de algunos sectores del país sobre el tema, y que la necia oposición del Centro Democrático a los avances de la paz se ha mantenido incólume. Necesitamos una dosis de sano realismo para ver que aún queda mucho trecho antes de festejar el Acuerdo Final, debidamente refrendado.

La del jueves 23 de junio fue la segunda ceremonia de firma de acuerdos parciales entre el gobierno y la guerrilla en La Habana ante la opinión pública nacional e internacional. La primera se realizó al suscribirse el acuerdo sobre el Sistema Especial de Justicia. Pero en aquella oportunidad quedaron varias preguntas sobre los verdaderos alcances del acuerdo.

Es comprensible que un proceso de negociación que ha durado tanto como este apele a  celebraciones públicas cuando se superan los escollos más difíciles. Estos actos tratan de insuflar optimismo a la opinión, o por lo menos de contrarrestar el escepticismo que se apodera de la gente cuando no percibe avances en el diálogo.

Pero este modelo de estimulación parece agotado y la opinión pública quiere ver el resultado definitivo, es decir, el Acuerdo Final. El presidente Santos dijo que la firma de este se hará en Bogotá, aunque al mismo tiempo nos recordó que tal decisión no puede ser unilateral sino acordada por las partes en La Habana.

Esperemos que se pueda lograr prontamente esta concertación, después de que se evacúen los temas pendientes. En ese momento sí se podrá iniciar completamente un proceso de construcción de paz, estable y duradera.

Las zonas de transición

Proceso de Paz del Caguán en 1988.
Proceso de Paz del Caguán en 1988.
Foto: Centro de Memoria Paz y Reconciliación

El acuerdo de cese al fuego tiene gran importancia política y una alta calidad técnica. Lo primero queda comprobado por la trascendental decisión de  poner punto final a la violencia entre el Estado y las FARC, después de 50 años de guerra.

La calidad técnica del acuerdo resulta de haber recogido los aprendizajes de la comunidad internacional en procesos de desmovilización de fuerzas armadas irregulares, así como las lecciones derivadas de otros procesos de paz en Colombia. Para constatar esta calidad tecina bastaría con notar la diferencia entre la llamada Zona de Despeje del Caguán en 1998 y las Zonas Veredales Transitorias de Normalización del presente acuerdo. La primera fue una concesión incondicional otorgada al inicio de las conversaciones, sin límites de tiempo ni reglas distintas de la de excluir a las autoridades estatales del territorio despejado. Las segundas son zonas delimitadas en el espacio y el tiempo, con tres propósitos específicos:

  1. Verificar el cese al fuego,
  2. Hacer posible la dejación de armas,
  3. Iniciar los procesos de reincorporación a la vida civil de la tropa guerrillera.

Durante su vigencia, las autoridades civiles desarmadas del Estado seguirán ejerciendo sus funciones y la Policía Nacional podrá ingresar en ellas cuando sea necesario (aunque cumpliendo los protocolos de la misión política internacional). Además, estas zonas no podrán durar más de seis meses, contados desde el día de la firma del Acuerdo Final.

Aún queda mucho trecho antes de festejar el Acuerdo Final.

En la definición de las reglas de juego de estas Zonas participaron tanto el conservatismo como el Centro Democrático, partido que propuso limitaciones dentro del debate parlamentario sobre la Ley de Orden Público. Por eso no tiene sentido que dos expresidentes digan ahora que la firma de estos tres acuerdos “pasó sobre el cadáver de los principios más elementales de la Constitución”(Pastrana) o que la “paz está herida” (Uribe), cuando, en su momento, ellos crearon caprichosa y unilateralmente las zonas de despeje del Caguán y de Santa Fe de Ralito.

Pastrana regaló la institucionalidad y Uribe la distorsionó. Y ambos, despóticamente, evitaron discutir cualquier norma para regular esos espacios supuestamente creados para la paz.

La dejación de armas

En un artículo reciente, el exguerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos dijo que si “para firmar la paz se hubiesen tomado en serio los informes de inteligencia, tanto la guerrilla como el gobierno salvadoreño jamás habrían firmado el acuerdo que acabó con la guerra civil de El Salvador en 1992”.

También en Colombia, frente al tema de la dejación de las armas, muchos sectores parecen tener una mentalidad de sabuesos de inteligencia para advertir sobre todas las posibilidades de la trampa: que las FARC no van a entregar todas las armas, que seguirán haciendo proselitismo armado, que las venderán en el mercado negro al mejor postor, etc. Todo esto es posible, pero no dejan de ser hipótesis o riesgos que necesitan las debidas precauciones. Hay que confiar en la pericia y la experiencia de Naciones Unidas en este tipo de procesos.

El proceso que acaba de anunciarse implica el “registro, identificación, monitoreo y verificación de la tenencia, recolección, almacenamiento, extracción y disposición final”. Por eso, los métodos que se adopten deben minimizar el riesgo de que las armas en poder de las FARC sigan circulando en Colombia o en cualquier otro país, o queden disponibles para reiniciar la rebelión. 

Las garantías de seguridad

El Presidente Santos junto al Secretario General de la ONU Ban Ki-moon.
El Presidente Santos junto al Secretario General de la ONU Ban Ki-moon.
Foto: Presidencia de la República

Este segundo acuerdo tiene también varias virtudes destacables:

  • Primeramente propone una concepción amplia de seguridad que no se reduce a los miembros de las FARC sino que cubre a todos los habitantes, con atención particular a los integrantes de colectividades, movimientos sociales y defensores de derechos humanos.
  • Igualmente reconoce que la mayor amenaza para la paz son los grupos armados ilegales- las bacrim, los neoparamilitares o las guerrillas-.
  • Desde luego, para evitar un genocidio similar al de la UP, parte de las medidas de protección se refieren específicamente a los miembros del movimiento político que conformarán las FARC y a los excombatientes de esta guerrilla que opten por la reintegración.

Este acuerdo incluye un componente de construcción de Estado que puede verse en tres de los principios sobre las garantías de seguridad: 

  1. Asegurar el monopolio legítimo de la fuerza y del uso de las armas por parte del Estado en todo el territorio,
  2. Fortalecer la administración de justicia, y
  3. Asegurar el monopolio de los tributos para la hacienda pública.

Estos son rasgos esenciales de un aparato estatal que no han podido ser cumplidos por Colombia en la mayor parte de los territorios donde hacen presencia las FARC u otros grupos armados ilegales. Es pertinente y necesario aprovechar la futura implementación de los acuerdos para crear el Estado donde haga falta y fortalecerlo y democratizarlo donde ya tiene algún grado de efectividad.

Por otra parte, hasta el momento poco se ha comentado sobre el compromiso que enuncia el acuerdo para promover un “pacto político nacional y desde las regiones (…) para que nunca más se utilicen las armas en la política ni se promuevan organizaciones violentas como el paramilitarismo. Este pacto buscará la reconciliación nacional y la convivencia pacífica”. Este compromiso se conecta directamente con el propósito de “contribuir al surgimiento de una nueva cultura que proscriba la utilización de las armas en el ejercicio de la política” y “trabajar conjuntamente por lograr un consenso nacional (…) en torno a los valores democráticos”.

La refrendación

En este punto no se diluyó del todo la incertidumbre, pues se acordó atender la decisión que adopte la Corte Constitucional sobre la ley de plebiscito presentada por el gobierno. Pero la Corte podría rechazar el sistema de refrendación que intenta el gobierno y no proponer uno nuevo.sae la ley de rabateria, aunqie.

El acuerdo de cese al fuego tiene gran importancia política y una alta calidad técnica.

No obstante y como han dicho varios analistas, este compromiso es importante porque demuestra el reconocimiento por parte de las FARC de un órgano del Estado cuya legitimidad han rechazado durante 50 años. Esta nueva posición contrasta claramente con las posturas que el grupo guerrillero sostuvo hasta hace muy poco.  

La comunidad internacional

La participación de la comunidad internacional en los procesos de paz de Colombia tiene el importante antecedente de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA, cuyo mandato comenzó con la desmovilización de las AUC y se ha venido ampliando con intervenciones en otras políticas estatales de construcción de paz.

Esta vez Naciones Unidas tiene un papel protagónico en el proceso de desmovilización y dejación de armas de las FARC. No sobra señalar que tal intervención no hace imposible el incumplimiento de alguna de las dos partes. Pero esta veeduría, junto con las otras medidas, sin duda contribuirá a crear las condiciones para el éxito del proceso.

 

​* Consultor independiente

“Nueva economía”, pero con los errores de antes

Jorge Iván GonzálezEn vez de la locomotora energética, el gobierno quiere apostarle a la agricultura, la industria y el turismo, pero su insistencia en la austeridad y en las tasas de interés altas perjudica a estos sectores. La solución son las medidas contra-cíclicas.

Jorge Iván González*

El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría.

Nueva economía y viejas prácticas

Esta semana el gobierno dio a conocer sus nuevas proyecciones sobre el futuro de la economía, así como los instrumentos que se propone utilizar para consolidar el crecimiento, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo. La “nueva economía” se basará en el impulso de la industria, la agricultura y el turismo.

Este proyecto significa un cambio de perspectiva radical con respecto a las opciones anteriores. Atrás quedaron las locomotoras del petróleo y de la minería. El nuevo énfasis de la política económica es por supuesto adecuado, y sin duda necesitamos instrumentos que permitan consolidar la industria, la agricultura y el turismo. Pero las medidas tienen que inscribirse en el marco de una muy decidida política contra-cíclica.

En medio de una coyuntura recesiva como la actual, no debería dudarse de las bondades de los instrumentos contra-cíclicos. Si quiere avanzar en esta dirección, el gobierno tiene dos factores a su favor: la devaluación del peso y los excedentes que quedaron de las bonanzas petrolera y minera.

Sin embargo en lugar de aprovecharlos, el propio gobierno le ha metido dos palos a la rueda: la austeridad, reflejada en una disminución del gasto público, y el aumento de la tasa de interés. Estas dos medidas impiden que la política económica opera en contra de la recesión des decir, que sea contra-cíclica.

El camino adecuado sería remover los dos obstáculos (austeridad y aumento de las tasas de interés), y potenciar las dos ventajas (devaluación y excedentes de la bonanza anterior).

No a la austeridad

Sede principal del Banco de la República en Bogotá.
Sede principal del Banco de la República en Bogotá.
Foto: momentcaptured1

Este no es el momento para la austeridad. Ni siquiera para la “austeridad inteligente” que predica el ministro de Hacienda. La reducción del déficit fiscal no tiene que ser inmediata y, además, no debería realizarse exclusivamente a través del recorte del gasto.

Es posible buscar otros caminos. Por ejemplo una reforma tributaria progresiva, que pondría el mayor peso de los impuestos sobre el 1 por ciento más rico de la población, no golpearía la demanda y contribuiría al cierre de la brecha fiscal.

Atrás quedaron las locomotoras del petróleo y de la minería.

El gasto público (funcionamiento e inversión) tiene un efecto multiplicador importante. En 2015 el PIB que más creció fue el de obras civiles, que aumentó un 5,4 por ciento, a un ritmo muy superior al del PIB global, que fue de 3,1 por ciento. El dinamismo de las obras civiles está directamente relacionado con la inversión pública en infraestructura, y por tanto no conviene disminuir un gasto que tiene una clara incidencia positiva sobre el PIB.

Los recortes al gasto público anunciados por el gobierno van en contra de la recuperación de la economía.

No al aumento de las tasas de interés

Esta semana el Banco de la República aumentó la tasa de interés de referencia al 7,5 por ciento. Esta tasa jalona hacia arriba los intereses sobre todos los créditos. La decisión, dice el Banco, obedece a la necesidad de frenar las tendencias inflacionarias. Pero este argumento tiene dos debilidades.

  1. Desconoce las causas estructurales de la inflación.
  2. Obstaculiza la recuperación de la industria, la agricultura y el turismo, que se han propuesto como los sectores líderes de la “nueva economía”.

Índice de precios al consumidor (IPC) por componentes (%) - Dic. 2014, dic. 2015, mar. 2016

Fuente: Ministerio de Hacienda, Marco Fiscal de Mediano Plazo, p. 36.

La inflación actual tiene causas estructurales profundas. La más notoria es la destrucción del aparato productivo que se dio en la agricultura. Colombia está importando 10,5 millones de toneladas de alimentos y, con la devaluación, los precios de estos han aumentado bastante.

Como se observa en el cuadro anterior, hasta marzo de 2016 la inflación promedio fue de 7,98 por ciento, mientras que la de alimentos fue de 12,35 por ciento, y la de perecederos llegó al 32,64 por ciento. Es evidente, entonces, que el mejor remedio contra la inflación es el estímulo a la producción agropecuaria nacional. Y el aumento de las tasas de interés no toca las causas estructurales del aumento de los precios.

En cambio, las elevadas tasas de interés, que no son el remedio para la inflación, sí suben los costos de los créditos y esto tiene efectos negativos sobre la productividad y la competitividad.

En Estados Unidos los bonos del Tesoro pagan 0,5 por ciento al año. Con esta tasa de referencia tan baja, los bancos comerciales prestan al 3 o 4 por ciento. Los inversionistas colombianos, en cambio, se tienen que endeudar al 12 o 13 por ciento al año. Esta diferencia tan alta pone a los empresarios nacionales en una clara desventaja frente a sus competidores internacionales.

Sí a la devaluación

Consejo del Gabinete Ministerial presidida por el Presidente Santos.
Consejo del Gabinete Ministerial presidida por el Presidente Santos.
Foto: Presidencia de la República

En las actuales condiciones de la economía colombiana la devaluación del peso es conveniente porque es un estímulo a la producción nacional. El 20 de mayo el Banco de la República tuvo una intervención fallida que buscaba reducir la devaluación. Quiso vender 500 millones de dólares de las reservas, pero finalmente solo se subastaron 411 millones.

El mejor remedio contra la inflación es el estímulo a la producción agropecuaria nacional. 

Estos recursos, que equivalen a 1.300 millones de pesos, se perdieron porque el impacto que tuvo esta intervención sobre la tasa de cambio fue mínimo. La subasta de estos dólares, que no consiguió el objetivo buscado, más bien favoreció a unos pocos especuladores privados, y se desperdiciaron recursos que hubieran podido aprovecharse para contruir o mejorar la infraestructura (colegios, hospitales, vías).

El Banco no debe pretender luchar contra la devaluación porque no puede modificar la tasa de cambio. El valor del dólar depende de las decisiones de la política monetaria de Estados Unidos y no de las intervenciones del Banco de la República de Colombia. En lugar de querer modificar el nivel actual de la tasa de cambio, el Banco debería buscar los mecanismos que permitan que la devaluación favorezca la competitividad de la producción nacional.

Sí al uso de excedentes

El Fondo de Ahorro y Estabilización (FAE) se creó con el propósito de ahorrar en la época de bonanza y gastar en las coyunturas recesivas, es decir, se concibió como un mecanismo contra-cíclico.

Ahorro acumulado. Fondo de Ahorro y Estabilización, FAE. Millones de dólares (2012-2015)

Fuente: Ministerio de Hacienda., Marco Fiscal de Mediano Plazo, p. 119.

Actualmente, el FAE tiene 3.090 millones de dólares. Es decir, más de 9 billones de pesos. Estos recursos son cuantiosos y deberían contribuir a la consolidación de la “nueva economía”. El reto consiste en aprovechar de manera adecuada estos dineros.

Hasta ahora los excedentes de las regalías se han administrado mal. Entre otras razones, porque se han dispersado en numerosos proyectos (más de 10.000), muy pequeños y sin impactos regionales y estratégicos. La propia Contraloría General de la República  ha realizado una evaluación muy crítica, mostrando que la dispersión de la regalías no ha sido conveniente.

Si los más de 9 billones de pesos disponibles se distribuyen de a poquitos no se podrán utilizar los recursos de manera contra-cíclica. Para que se haga un buen uso de las reservas se requiere un claro liderazgo del Departamento Nacional de Planeación (DNP).

Los excedentes disponibles en el FAE deberían contribuir a consolidar la “nueva economía”. Pero para poder fortalecer la industria, la agricultura y el turismo, es indispensable que los proyectos sean estratégicos y de amplia cobertura.

La lógica de la piñata (de a poquito para muchos) que ha guiado la distribución de las regalías ha sido perversa y debería modificarse. Todavía no se han dado cuenta de que el placer de la mermelada es débil y transitorio.

 

* Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace. eijorgeivangonzalez29@gmail.com

Análisis

(Tiempo estimado: 9 - 18 minutos)

gustavo wilchesLa seguridad energética es un derecho poco evocado, hasta cuando eventos catastróficos nos recuerdan que todas las formas de generar energía comportan algún nivel de riesgo para los humanos y para los ecosistemas, pero que la sociedad humana dispone de alternativas para vivir de una manera menos peligrosa.

Gustavo Wilches-Chaux*

Toda energía es "solar" 

01_flujos_de_energia

Casi toda la energía que utilizamos los seres humanos procede del Sol: 

02_o_el_ciclista_pedalea

-La bicicleta se mueve con energía solar: el ciclista pedalea con la energía que ha obtenido del banano que se comió. El banano es energía solar vuelta materia vegetal, gracias a la fotosíntesis que la planta del banano es capaz de realizar. O el ciclista pedalea con la energía que le aporta el bistec con que almorzó... que es energía que la vaca extrajo de la hierba... que es energía solar acumulada en el pasto a través de la fotosíntesis... 

-La energía que se obtiene al quemar leña (entre el 4 por ciento y el 10 por ciento de la que se consume en el mundo), es energía solar convertida en madera, gracias también a la fotosíntesis. La combustión de la leña es un proceso similar al que se lleva a cabo en el cuerpo del ciclista en virtud de la respiración. No en vano la combustión y la respiración generan energía, y como subproductos vapor de agua y dióxido de carbono (CO2). 

03_con_los_combustibles

-Con los agrocombustibles se obtienen hidrocarburos directamente de las plantas, saltándose el proceso de fosilización. 

-La energía derivada de los "combustibles fósiles" (que representa algo así como el 87 por ciento del total consumido por los seres humanos y equivale a unos 218 millones de barriles de petróleo diarios), es energía solar acumulada en plantas que, durante los varios millones de años que han permanecido encerradas bajo la superficie de la Tierra, se han convertido en petróleo y en carbón. En gran medida el cambio climático se debe a la liberación a la atmósfera, en corto tiempo, del gas carbónico que el planeta se tomó tantos millones de años para enterrar. 

04_la_energa_hidroelectrica

-La energía hidroeléctrica, que escasamente representa el 3 por ciento de toda la energía que se genera y consume en el mundo, se produce gracias a que el Sol evapora el agua y la sube a cotas altas de la superficie de la Tierra, desde donde luego cae a cotas más bajas. Las turbinas convierten la energía de la caída en electricidad. 

05_el_viento_que_mueve

-El viento que mueve los molinos que generan energía eólica o que simplemente impulsa una bomba de agua, es aire que se mueve debido a las diferencias de temperatura en la superficie de la Tierra y entre distintos segmentos de la troposfera (la porción de la atmósfera en donde el clima tiene lugar). 

06_la_energa_que_se_genera

-La energía que se genera de manera pasiva en los calentadores solares o de manera activa en las células fotovoltaicas, es energía que procede directamente y casi sin intermediarios, del Sol. Mientras más intermediarios existan entre el Sol y nosotros, sus usuarios, más costosa resulta la energía en términos ecológicos. 

-¿Y la energía nuclear, que hoy representa aproximadamente el 6 por ciento del total que se consume en el mundo? En otro texto conté una vez, que como resultado de un largo desvelo, descubrí (lo que ya antes otros sabían, por supuesto) que la energía derivada de la fisión (ruptura atómica) de elementos radioactivos, también es energía solar, pero de soles anteriores a ese Sol nuestro de todos los días. Nuestro Sol y los planetas que giran alrededor de él, se formaron hace unos cinco mil millones de años, a partir de desechos reciclados de explosiones de soles anteriores. Entre esos desechos están los elementos radiactivos con que se obtiene la energía nuclear. 

07_nuestro_sol_y_los_planetas

-¿Y la energía geotérmica, la que se genera a partir del calor del interior de la Tierra que suele aflorar a través de las fuentes termales? Tampoco es energía derivada de manera directa de nuestro Sol, sino que proviene del calor del núcleo terrestre que, en últimas, es el que alimenta la tectónica de placas y con ella la dinámica de los volcanes. Ese calor del núcleo de la Tierra se genera por la desintegración de isótopos radiactivos de uranio (U), torio (Th) y potasio (K) y por otros procesos físicos que existen allí desde la formación misma del planeta. 

08_tampoco_es_energa

No hay energía sin riesgos 

La obtención de energía de cualquiera de estas fuentes tiene impactos y riesgos ambientales: 

-La producción de los alimentos necesarios para nutrir (todavía de manera desigual) a una población de siete mil millones de seres humanos implica, entre otras consecuencias, la ampliación de la "frontera agrícola" sobre suelos con otra vocación. 

-El consumo de leña acelera los procesos de deforestación. 

09_El_uso_y_el_abuso_de_los_combustibles_fsiles

-El uso y el abuso de los combustibles fósiles, como es bien sabido, es la causa principal del cambio climático. La extracción de petróleo y de carbón acarrea múltiples traumatismos (y de pronto algunos beneficios, no proporcionales) para los ecosistemas y las comunidades de los territorios en donde esa extracción tiene lugar. 

-El mayor riesgo de los agrocombustibles se deriva de su condición de monocultivos, con todo lo que ello suele implicar. 

-La generación hidroeléctrica, aparentemente tan "limpia" en algunos aspectos, también produce grandes impactos sobre los cuerpos de agua intervenidos, sobre los ríos "atajados", sobre los peces y otras especies que viven en esos cuerpos de agua y, por supuesto, sobre las comunidades que existen en la vecindad del los embalses o que son desplazadas para su construcción. 

-La energía eólica generada por grandes legiones de molinos de viento, tampoco está exenta de impacto ambiental. Las aves resultan especialmente damnificadas por esta forma "limpia" de generar energía que nos hemos inventado los seres humanos. 

-No tengo a mano datos sobre impactos ambientales negativos de la generación directa de energía mediante celdas solares, pero supongo que los debe tener. Nada carece de impacto ambiental... salvo posiblemente el magnífico vuelo de los gallinazos. Siga el link 

Defender lo indefendible 

A pesar de la apología vehemente (y a veces demente) que hace de la energía nuclear nuestro admirado maestro James Lovelock en el libro La Venganza de la Tierra, donde formaliza su conversión a la religión pro-nuclear, ni la ciencia ni la tecnología más avanzadas cuentan aún con las herramientas necesarias para evitar un desastre nuclear. 

Muchos defensores a ultranza de la energía atómica nos han dicho en estos días que después del accidente de Chernóbil en 1986, se mejoraron las tecnologías y los reactores para garantizar que no volviera a ocurrir un desastre de esa magnitud. Pero trece años después, en 1999, se presentó otro accidente nuclear en Tokaimura, Links: http://www.paralibros.com/jonas/j90927n.htm http://www.time.com/time/world/article/0,8599,2053740,00.html http://www.world-nuclear.org/info/inf37.html Japón que, aunque mucho menos grave que el de Chernóbil, sí se debió a una sucesión de descuidos inexplicables en una sociedad tan avanzada tecnológicamente y tan disciplinada como la japonesa. 

Con sorpresa nos enteramos entonces de que en ese país funcionaban plantas nucleares con tecnologías obsoletas y sin los necesarios sistemas de control; de que los bomberos de una ciudad con varias plantas atómicas carecían de equipos de protección adecuados para enfrentar la radiación; de que las comunidades de la zona de influencia de las plantas tampoco contaban con la información ni con la preparación necesarias para actuar de manera adecuada en caso de un accidente nuclear. ¡Y esto no sucedió en un país del peyorativamente llamado "Tercer Mundo"! 

10_MANIFIESTO_CONTRA_LA_GUERRA_la_crisis_nuclear

La crisis nuclear que actualmente vive Japón y cuyas consecuencias todavía estamos lejos de conocer, parece haberse regido por la Ley de Murphy: en la central de Fukushima todo lo que podía fallar, falló. Lo mismo que sucedió con la explosión del pozo Macondo en el Golfo de México a mediados del año pasado: una desafortunada sucesión de fallas, fue anulando uno tras otro todos los mecanismos previstos para evitar un desastre. Pero, pese a la magnitud de los daños que produjo la explosión del pozo petrolero, allí no existió el peligro adicional de la radiación. 

Nadie por tanto debe poner en duda el hecho de que la energía nuclear todavía resulta demasiado peligrosa para la humanidad, aun cuando existieran (que no existen) garantías de que solamente se va a utilizar para fines de paz. Las demás formas de generación también implican impactos y riesgos, pero son más susceptibles de controlarse con la tecnología actual. 

Dos argumentos falaces En estos días, a raíz de la preocupación mundial y de la polarización de opiniones que ha sido reavivada por la crisis de Japón, alguien defendía la energía nuclear alegando que las otras fuentes de generación también tienen sus peligros. 

Concretamente argüía que la ruptura de la presa de un embalse para generación hidroeléctrica también representa una grave amenaza para las comunidades que se encuentran aguas abajo. Y en efecto, los muchos desastres ocurridos por esa causa no dejan lugar a dudas sobre los peligros de las fuentes hídricas. Pero aunque las personas pueden ser damnificadas en muchos aspectos, quien logra ponerse a salvo del impacto directo del agua no ha sido expuesto al peligro de la radiación. Quienes sobreviven a un desastre de origen distinto del nuclear no están expuestos a daños genéticos capaces de afectar a sus descendientes. 

Por otra parte el experto nuclear colombiano Jorge Vallejo, en entrevista reciente en El Radar (Link) de Caracol relativizaba la amenaza actual y potencial del colapso de los reactores de Fukushima, anotando que, sin que exista un accidente nuclear de por medio, uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres en Estados Unidos van a tener cáncer en algún momento de sus vidas. 

Ese dato (que presumo cierto aunque no lo he podido confirmar), no solamente no me tranquiliza, sino que me alarma aun más. Ya no solamente por los reactores nucleares en sí, sino por el significado de un modelo de desarrollo que conduce a que tantas personas estén condenadas a padecer de esa grave y muchas veces mortal enfermedad. El cáncer, como se sabe, surge de la interacción entre factores genéticos y determinados disparadores ambientales: tipo de alimentación, sustancias y radiaciones con las que se tiene contacto, incluso factores generadores de stress. Aunque si una persona se ve expuesta a un excesivo nivel de radiación Link, dudo que la predisposición genética juegue un papel importante en la aparición de ese mal. 

Tenemos alternativas 

No cabe duda de que los seres humanos necesitamos energía. Esto implica que tenemos que correr los riesgos inherentes a su generación. ¿Qué hacer entonces? Pienso al menos en cinco líneas de acción complementarias: 

-En primer lugar, me parece necesario apostarle a aquellas formas de generación cuyos riesgos se pueden controlar mejor: desde la obtención de las materias primas hasta el manejo de los desechos, pasando, claro, por los riesgos de la generación y la distribución. 

-En segundo lugar debemos mejorar la gestión del riesgo en todos los procesos de generación de energía no nuclear, empezando por supuesto con los combustibles fósiles y la hidroeléctrica. En este caso, la responsabilidad ética y social de las empresas generadoras, transmisoras y comercializadoras, así como de las empresas extractoras y transformadoras de materias primas, resulta de interés público, es obligatoria y es irrenunciable. 

-En tercer lugar, deberíamos preferir aquellas formas de generación que permitan más control social y contribuyan más al desarrollo regional. Sabemos que hoy la energía eléctrica se administra como una mercancía más, según las fuerzas del mercado, mientras que las regiones donde se genera (las que corren los riesgos consiguientes), son meras espectadoras que en general ni se enteran de quién, dónde y cómo se toman las decisiones que afectan su presente y su futuro. 

11_En_cuarto_lugar_y_aqu_s_sera_vlido_pensar

El derecho a la seguridad energética 

En cuarto lugar se debe impulsar el avance de tecnologías que promuevan, masifiquen y democraticen el acceso a la energía solar de de manera más directa. Los países más desarrollados, como Japón, tienen todo lo necesario para liderar esta iniciativa, que a partir de ahora debería entenderse como un derecho humano: el derecho a una energía segura -a una seguridad energética-. 

12_La_seguridad_energtica_en_la_telaraa_de_la_seguridad_territorial_PAra_lograr_eso

La seguridad energética es un aspecto de la seguridad territorial (ver recuadro al final de este artículo) y puede definirse como la capacidad de un territorio para ofrecerles a sus habitantes -y de éstos para aprovechar- las condiciones de acceso a la energía necesaria para el funcionamiento de la sociedad, sin que la obtención ni el uso de la misma afecten negativamente ni a las comunidades ni a los ecosistemas. 



Para lograr este derecho se necesita una verdadera voluntad política basada en la presión social. Recordemos que el carro eléctrico Siga el Link 1{youtube}39K36Rw7LYc{/youtube} no solo ya estaba totalmente inventado en las primeras décadas del siglo pasado, sino que se comercializaba en igualdad de condiciones con los carros con motor de combustión interna. Sin embargo desde entonces se sabía que los intereses de la industria petrolera impedirían el avance de ese tipo de vehículo, tal y como finalmente ocurrió. Las declaraciones de los fanáticos de la energía nuclear, hoy más abundantes y contundentes que nunca (a pesar de las noticias agobiadoras que vienen del Japón), indican que el papel que cumplió la industria del petróleo contra el carro eléctrico en el primer tercio del Siglo XX, lo cumple hoy la energía atómica frente a otras formas de generación eléctrica que, de desarrollarse, le puedan competir.

13_Y_en_quinto_que_podra_se_tambin_primer_lugar_resulta 

En un artículo del año pasado mencioné el hecho paradójico de que medimos nuestro "éxito" en la vida, en función de nuestra capacidad para consumir materiales y energía, y por ende de nuestra mayor capacidad para producir desechos y para contribuir, mediante las emisiones de gases de efecto invernadero, a agravar cambio climático. Anotaba allí también, que "el mundo necesita embarcarse en una recesión planificada, con el reto de lograr lo que parece imposible en la teoría y en la práctica: reducir el tamaño y, por ende, el impacto de las economías depredadoras (sean capitalistas, comunistas, socialistas o como se quieran rotular), y al mismo tiempo incrementar la calidad de vida de los seres humanos, no medida en términos de nuestra capacidad de depredar sino de nuestro goce de existir." 

Vivir de otra manera 

Y en quinto lugar (que podría ser también el primero), resulta indispensable que aprendamos a reducir el consumo de energía, a depender menos del petróleo y de otras formas convencionales de generación. 

Es común, por ejemplo, en cualquiera de las ciudades de clima caliente de nuestros países, que los grandes auditorios estén totalmente aislados del mundo exterior y que dependan de grandes cantidades de electricidad para el aire acondicionado y la iluminación. Se dice que en muchos lugares el estatus de una persona o de una institución se mide por su capacidad para poner más fuerte el aire acondicionado en la oficina o en el carro. 

Por otra parte, he tenido la oportunidad de estar toda una semana en una maloca en la selva amazónica, donde la temperatura permanecía agradable y constante, a pesar de que afuera lloviera, hiciera viento, bajara la temperatura o aumentara el calor. El conocimiento de los sistemas pasivos de control de temperatura como estos, y otros propios por ejemplo de las construcciones tradicionales de los árabes, debería volverse obligatorio para los arquitectos, ingenieros y constructores, en un mundo cada vez más agobiado por el cambio climático. 

14_Anotaba_all_tambin_que_el_mundo_necesita



En solo catorce meses hemos sido testigos de un gran desastre en uno de los países más pobres del planeta, como es Haití, y en uno de los más ricos, como es Japón. Las consecuencias del segundo, por supuesto, van a tener sobre el planeta un impacto mucho mayor, en muchos sentidos, que las consecuencias del primero. 

El desastre que está afectando en este momento al muchas veces heroico pueblo del Japón, no es por supuesto el fin del mundo, pero sí puede marcar el comienzo del fin de un mundo basado en el consumo excesivo y altamente dependiente de formas de energía muy peligrosas para el planeta y en consecuencia para la humanidad.

Recuadro: La seguridad territorial

La seguridad territorial es un concepto "de doble vía", que busca que la sostenibilidad de las comunidades humanas avance de manera interrelacionada y en lo posible simultánea junto con la sostenibilidad de los ecosistemas, y viceversa. Esto se logra en la medida en que se evite que las dinámicas de los ecosistemas se conviertan en amenazas contra las comunidades humanas, y que las dinámicas de éstas se conviertan en amenazas contra los primeros. 

Seguridad territorial es la que evita que fenómenos o procesos, como por ejemplo, un terremoto, un huracán, una erupción volcánica, un cambio de gobierno a nivel nacional o internacional, la suscripción de un tratado de libre comercio, la agudización de tensiones políticas con países vecinos, o los efectos presentes y futuros del cambio climático, se conviertan en desastres para los habitantes presentes y futuros de ese mismo territorio y para los ecosistemas que forman parte de él. O sea, la que evita que fenómenos y procesos como los mencionados obstaculicen la capacidad de los ecosistemas y de los seres humanos para desarrollar al máximo sus respectivas capacidades.


* Gustavo Wilches: Blog AGUACEROS Y GOTERAS 
http://enosaquiwilches.blogspot.com/

 

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Comentarios  

Gustavo Wilches-Chau
0 # Gustavo Wilches-Chau 21-03-2011 21:26
Posdata: Recomiendo la lectura del artículo "El mayor fallo de Fukushima es Fukushima" de Rafaél Méndez de El Pais de España, reproducido en El Espectador.com
elespectador.com/.../...
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Alvaro
0 # Alvaro 22-03-2011 19:45
En el cuadro de seguridad territorial faltó una muy importante: la seguridad alimentaria.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
Gustavo Wilches-Chau
0 # Gustavo Wilches-Chau 23-03-2011 01:11
Hola Álvaro: gracias por tu comentario. El primer óvalo de la esquina superior izquierda dice: SEGURIDAD, SOBERANÍA Y AUTONOMÍA ALIMENTARIA.
Responder | Responder con una citación | Citar | Reportar al moderador
bunkerglo
0 # bunkerglo 27-03-2011 15:23
Gustavo,
Eres un faro de luz en la horrible noche (ignorancia, desdén e importaculismo) nacional.
Gracias,
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