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Masa crítica y posibilidades de paz en Colombia

(Tiempo estimado: 6 - 11 minutos)

Luis_Fernando_Medina_Guerrilla_ColombianaLuis Fernando Medina*
Una explicación original y lúcida de por qué el conflicto colombiano ha durado tanto y es tan persistente. La cohesión de las élites evitó el triunfo de las guerrillas y las enquistó en las zonas periféricas –donde hoy está la riqueza- pero esa misma cohesión impide las reformas estructurales que se necesitan para lograr la paz.

Una explicación original y lúcida de por qué el conflicto colombiano ha durado tanto y es tan persistente. La cohesión de las élites evitó el triunfo de las guerrillas y las enquistó en las zonas periféricas –donde hoy está la riqueza- pero esa misma cohesión impide las reformas estructurales que se necesitan para lograr la paz.


Qué es la masa crítica

El concepto de masa crítica —originalmente acuñado por los físicos que investigaban la energía nuclear— ha terminado siendo una de las metáforas más empleadas en ciencias sociales. Se utiliza para describir fenómenos de acción colectiva caracterizados por el hecho de que mientras más difundidos estén, más se reducen sus costos: ciertos patrones de comportamiento que pueden tener dificultades iniciales para establecerse, se extienden rápidamente a partir del momento en que alcanzan cierta masa crítica.

Se trata de una metáfora útil a la hora de pensar en procesos revolucionarios. Una cosa es desafiar en solitario a la temida policía política egipcia (o tunecina, o búlgara, en su momento) y otra muy distinta hacerlo cuando ya millones de personas han hecho lo mismo tomándose las calles.

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Masa crítica: fue necesaria para las revoluciones de Europa Oriental de 1989 y los recientes procesos de la llamada Primavera Árabe.

Fotos: Jordan Inc. y Futurity.

Las revoluciones de Europa Oriental de 1989 dejaron un nutrido legado de artículos que emplean la metáfora, y seguramente en los próximos años veremos una nueva cosecha en revistas especializadas, pero refiriéndose esta vez a los recientes procesos de Medio Oriente.

Pero la literatura académica en estas materias ha pecado de facilista, ignorando que el mismo análisis teórico (que aquí eludo para no aburrir a los lectores) nos alerta sobre otras posibilidades: a diferencia de lo que ocurre en las explosiones nucleares, los procesos de acción colectiva pueden quedarse encunetados, por así decirlo, alcanzando una masa suficiente para mantenerlos activos, pero no para llevarlos a su culminación.

Un conflicto encunetado

Esto no debería resultar para nada misterioso en Colombia. Manuel Marulanda entró a militar en grupos de autodefensa campesina por la misma época cuando Fidel Castro lanzó las primeras ofensivas del M-26 en Cuba. Mao Tse Tung — el “inventor” de la guerra popular prolongada — tomó el poder en China tras veinte años de lucha: menos de la mitad de la vida de las guerrillas colombianas.

Hay muchas razones para explicar esta desmesurada longevidad del fenómeno guerrillero en Colombia. Pero tampoco es este el lugar ni el momento para discutirlas en detalle. Le asiste algo de razón a la explicación más difundida, que señala el papel de los recursos económicos (en especial coca y petróleo), a los cuales tiene acceso la guerrilla.

En efecto, la experiencia internacional indica que la presencia de recursos de este estilo juega un papel significativo en la duración de conflictos armados internos. Pero para transformar este hallazgo estadístico en un atisbo relevante es necesario hacer un ejercicio analítico más detenido, que nos ayude a explorar la estructura profunda de la cuneta donde se encuentra varado el conflicto colombiano.

Cohesión en las élites

Intuitivamente es fácil ver qué condiciones hacen más probable que un proceso de acción colectiva quede atascado a mitad de camino: así como para que se produzcan las explosiones nucleares es necesario que el material radioactivo se encuentre altamente concentrado, para que un estallido de acción colectiva se extienda es necesaria cierta cohesión entre sus posibles participantes.

Los ejemplos ya citados nos sirven de ilustración: la guerrilla castrista pudo avanzar con la rapidez con que lo hizo gracias al trabajo político de las organizaciones obreras y estudiantiles que le preparaban el camino a medida que se acercaba a las ciudades.

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Manuel Marulanda entró a militar en grupos de autodefensa campesina por la misma época cuando Fidel Castro lanzó las primeras ofensivas del M-26 en Cuba.
Fotos: Cuba Debate y Tlaxcala.es.

Los “barbudos de Sierra Maestra” no eran los generadores de un foco revolucionario — a pesar de lo que creyera el Che — sino más bien la punta de lanza de un movimiento que contaba con apoyo urbano e incluso de clase media.

Probablemente la Revolución China no hubiera triunfado de no ser porque logró asumir el papel de movimiento de liberación nacional ante la invasión japonesa.

Nada de eso ocurrió en Colombia: el Frente Nacional armonizó los intereses agroexportadores e industriales en torno a un modelo de sustitución de importaciones moderado, que cerró para siempre la ruta de la revolución nacional en la que fincaban sus esperanzas tantos movimientos insurgentes de Suramérica (en especial de Argentina).

De contera, tan alta cohesión entre las élites — para quienes la Violencia y la dictadura de Rojas fueron una “experiencia cercana a la muerte” que las llevó a abandonar sus anteriores enfrentamientos — les permitió actuar ágilmente ante el crecimiento del movimiento social, con una mezcla eficaz de concesiones, clientelismo y represión.

De ese modo, los posibles lazos de la guerrilla con los otros núcleos de acción política se fueron volviendo cada vez más tensos, hasta llegar al punto de hoy: ni hubo ni habrá revolución armada en Colombia.

Conflicto estancado

Pero así como la reacción en cadena no estalla, tampoco se extingue. A juzgar por observadores informados, las FARC mantienen su capacidad de reclutamiento y sus bases políticas en zonas de influencia histórica como el Cauca, a pesar de los múltiples reveses militares de los últimos años.

En un trabajo inédito de entrevistas con algunos desertores, Elisabeth Wood encuentra que la deserción es más común en zonas con más presencia de cultivos de coca, donde a juicio de los desertores, las FARC no se mantienen fieles a la disciplina y al compromiso ideológico de los frentes tradicionales. Es decir, el núcleo de las FARC se mantiene robusto, mientras sus ramales acusan más fragilidad.

Para salir de una cuneta es necesario remontar cierto punto crítico a partir del cual la energía del empujón entra a trabajar junto con la gravedad, no en contra de ella. Los últimos años de conflicto en Colombia ilustran el costo de los empujones fallidos.

Las FARC crecieron durante varios años sin lograr encender la mecha de la revolución y ahora decrecen como resultado de la arremetida paramilitar y la mayor capacidad operativa del ejército regular. Pero a pesar de las enormes pérdidas en vidas y en recursos, este decrecimiento tampoco nos saca de la cuneta: las FARC siguen.

La configuración político–económica que dio origen a las FARC ya desapareció, pero en cierto modo las nuevas realidades pueden perpetuar el estancamiento del conflicto colombiano.

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El Frente Nacional armonizó los intereses agroexportadores e industriales en torno a un modelo de sustitución de importaciones moderado.  Foto. Banco de la República.

El Frente Nacional y la sustitución de importaciones ya eran reliquias cuando murió Marulanda. Colombia es ahora un exportador de minerales y recursos naturales, con explotaciones intensivas en capital en sus zonas periféricas. Es irónico: la economía colombiana del siglo XXI está dirigiéndose justamente hacia las zonas de frontera donde se quedó enquistada la guerrilla del siglo XX.

Dinero a raudales, relaciones laborales primitivas, despojos de tierras y recursos, desgreño de las agencias del Estado, canalización ilegal y violenta de los conflictos: no es difícil ver cómo esta mezcla explosiva le puede estar abriendo a la guerrilla un nuevo espacio político, financiero y militar. Al parecer, uno de los bordes de la cuneta se ha hecho más empinado y alto: aquel que impide la total desaparición y disolución de las FARC.

Guerra y paz, cada vez más costosas

Estos cambios estructurales tienen efectos ambiguos, porque aumentan simultáneamente los costos de la guerra y los de la paz:

  • Aumentan los costos de la guerra, porque las hostilidades ya no ocurren en una zona remota de poca relevancia para el resto del país, sino en el propio centro generador de divisas. Es como si durante los 70s y 80s el teatro central de la guerra hubiera sido la zona cafetera, con el agravante de que ahora la economía colombiana depende aún más que antes del flujo de capital extranjero. Esto aumenta no solo los recursos en juego, sino también la capacidad de perturbación de la guerrilla. Todo lo cual intensifica el conflicto.
  • Pero también aumentan los costos de la paz. La actual coalición de gobierno parece estar convencida de la necesidad de que el Estado penetre en las nuevas zonas de exportación — llevando instituciones legales y reglas claras — para dejar atrás la pesadilla de los ejércitos privados.
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Los recursos de la coca juegan un papel significativo en la duración del conflicto armado colombiano. Foto: Policía Nacional.

Si esto se lograra a cabalidad, lo cual no es nada fácil, sería un logro significativo, pero insuficiente. Varios países han logrado crear democracias estables e igualitarias a partir de los recursos naturales. Pero para ello han construido Estados de bienestar muy sólidos, capaces de distribuir ampliamente las rentas exportadoras.

De otro modo, se mantendrán los espacios de marginalidad y exclusión que perpetúan la violencia. No es claro que exista hoy en día en Colombia tal nivel de consenso entre las élites ni la voluntad política para emprender de veras algo semejante.

Paz creativa y profunda

Es difícil saber si va a haber o no un nuevo proceso de paz con las FARC. Las señales alentadoras no son concluyentes. Pero aún si ocurriera, dicho proceso se enfrenta a una paradoja posiblemente letal:

  • Por un lado, la paz requiere reformas profundas que le permitan al país adecuarse a las nuevas realidades de su estructura económica y de sus relaciones centro-periferia.
  • Pero por otro lado, el carácter periférico de la guerra, tanto en lo geográfico como en lo político, hacen que dicho proceso de paz sea visto por muchos como un escenario ilegítimo para discutir reformas: son muchos y poderosos los sectores que insisten en hablar únicamente de desarme, desmovilización y reinserción.
Tal vez con un gasto ingente de su innegable capital político, la administración Santos pueda superar esa paradoja, lanzando un proceso de paz creativo y profundo, aún a riesgo de perder aliados importantes cuando ya se acerca la campaña por la reelección. El presidente Santos tiene fama de asumir apuestas duras en los juegos de cartas. ¿Se arriesgará esta vez?

* Investigador senior del Instituto Juan March de Madrid, con estudios de doctorado en economía en la Universidad de Stanford, ha sido profesor de Ciencia Política en las Universidades de Chicago y Virginia y ha escrito sobre aplicaciones de teoría de juegos a modelos de acción colectiva y economía política. 

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Luis Fernando Medina*



















































 


 Los procesos de acción colectiva pueden quedarse encunetados, por así decirlo, alcanzando una masa suficiente para mantenerlos activos, pero no para llevarlos a su culminación.







































































































 Probablemente la Revolución China no hubiera triunfado de no ser porque logró asumir el papel de movimiento de liberación nacional ante la invasión japonesa.





































































 Es irónico: la economía colombiana del siglo XXI está dirigiéndose justamente hacia las zonas de frontera donde se quedó enquistada la guerrilla del siglo XX.





















Dígalo en RP l Marzo

Comentarios   

 
claudio
-1 #7 claudio 07-03-2013 16:21
hola luis f: tengo que decir que encunetadas son parte de tus ideas, otras tienen un buen fondo y otras simplemente estàn fuera de juego sino se incluye un minimo analisis de geoestrategia continental en donde Santos no juega duro sino que el, y todo un pueblo es simplemente una carta que no esta en manos de nadie aun. y esta puede definir el futuro del pueblo latinoamericano , al poder integrar a centro y sur, esto lo sabe bien la guerrilla y como no,el gobierno, pero estamos en un juego o teorica en donde todos somos Colombianos y el resto de las cartas las tinen los otros paises latinoamericanos,
todos unidos podremos entender y vivir bien y espero que pronto El concepto total de masa crítica —originalmente acuñado por los físicos que investigaban la energía nuclear.
por otro lado, es una total falta de respeto hablar o usar la palabra "juego" en espacios de duelo Como lo es Colombia, y no importa si eres Colombiano o no, es evidente que careces, (al menos por el momento) de un pensamiento claro hacia Colombia, los Colombian@s y mucho menos de la historia de los procesos sociales de nuestro continente.
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Alejandro Gomez Vega
0 #6 Alejandro Gomez Vega 28-03-2012 22:47
Luis Fernando mi comentario, a tan profundo, claro y válido escrito, no pretende ser el de otro académico, nó, solo es el de un colombiano "de a pie" :
No habia leido ningun análisis tan objetivo sobre nuestra realidad nacional, desde sus orígenes hasta nuestros dias y, desafortunadame nte, tan poco esperanzador....

Ójala, el gobierno Santos se juegue "sus restos" y pase a la historia, como él quiere, como "el Presidente de la paz".

Y.ójala, contara con la ayuda de itelectuales de tu calibre.

Recibe mis felicitaciones y un gran saludo.
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jquiquelqp
0 #5 jquiquelqp 28-03-2012 14:13
Pareciera que la noción de 'masa crítica', no implica una perspectiva 'más' histórica, puesto que esa idea tendría más sentido si se aplicara desde finales del XIX o comienzos del XX, para comprender por qué "el Frente Nacional armonizó los intereses agroexportadore s e industriales en torno a un modelo de sustitución de importaciones moderado..."
Y por otra parte, no me parece "irónico" que "la economía colombiana del siglo XXI está dirigiéndose justamente hacia las zonas de frontera donde se quedó enquistada la guerrilla del siglo XX.", pues al agotarse (en recursos y comercio) la Colombia andino-atlántic a, Uribe puso en función de la economía el aparato militar del Plan Colombia concebido por Pastrana para llegar a los 'nuevos' recursos minero-energéti cos del país pacífico-orient al-amazónico.
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JOSE ORTIZ
0 #4 JOSE ORTIZ 27-03-2012 23:55
Interesante el analisis de estancamiento de la guerra y la paz.
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Gerson Guardia Palme
-1 #3 Gerson Guardia Palme 27-03-2012 15:46
Desde que el Estado permitió o dejó crecer esa máquina de guerra llamada guerrilla, no ha vislumbrado la forma más efectiva de acabar con el monstruo, que por acción u omisión sigue vivo todavía. Acabarlo por medio de la guerra sale bastante costoso. Eso está a la vista. Hacerlo por medio de la paz es igualmente costoso, o quizá un poco más, toda vez que nadie va estar peleando durante cincuenta años para que al fin lo entretengan con un caramelo o un mendrugo de pan. Las élites ni siquiera se aproximan a abordar el problema de la paz porque ya calcularon su verdadero costo. No están dispuestas a ceder un retazo de su cobija.
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Jorge López
+1 #2 Jorge López 26-03-2012 19:00
Lo que pudo frenar a las guerrillas pudo en parte ser el frente nacional pero mas eficiente fue el terrorismo de estado, la guerra de baja intensidad
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rodolfolopez21
-1 #1 rodolfolopez21 26-03-2012 18:46
Las guerrillas forman parte de la gran estructura delictiva del Colombia, en compañía de paramilitares y sus derivaciones, que al final del camino, se encuentran en el narcotráfico, máquina asesina bien aceitada por la ilegalidad de las drogas y los altos réditos mineroenergétic os. Donde hay plata está la mafia
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